Ir a contenido

COMICIOS PRESIDENCIALES

Putin vuelve a arrasar en las elecciones y presidirá Rusia otros seis años

El líder del Kremlin logra la demoledora victoria que se preveía, con más del 76% de los votos

El mandatario se convertirá en el segundo líder más longevo que ha tenido el país desde los zares, solo por detrás de Stalin

Marc Marginedas

Ni la corrupción ni los problemas económicos pasan factura al presidente ruso. / ATLAS VÍDEO

Ha sido la victoria demoledora que se esperaba. Vladímir Putin, al frente de Rusia desde el arranque del presente siglo, seguirá en el poder hasta el 2024, tras alcanzar el 76,6% de los votos con la casi totalidad de los sufragios escrutados, en las elecciones presidenciales celebradas este domingo. Un triunfo incontestable, acompañado de una participación elevada, del 67,4% de los electores, superior a la del 2012, pese al llamamiento al boicot del líder opositor liberal Alexei Navalni.   

"Rusia está condenada al éxito. Debemos mantener la unidad", dijo Putin, de 65 años, al proclamar su victoria y agradecer el apoyo recibido ante varios miles de personas congregadas al aire libre en en la plaza del Manezh, cerca del Kremlin, a pesar de los 12 grados bajo cero que marcaban los termómetros. Las reformas económicas y el reforzamiento del papel geoestratégico de Rusia en el mundo serán las prioridades de su mandato, según anunció en su reciente discurso sobre el estado de la nación. La cuestión de la sucesión, habida cuenta de que, de acuerdo con los términos de la actual Constitución, debería abandonar el poder en el 2024, cuando tenga 71 años, pesará cada vez más a medida que se acerce la fecha de su teórica retirada.  

Diputados y miembros del establishment han dado rienda suelta este lunes a la euforia tras la difusión de los resultados y los datos de participación, que colman las expectativas del Kremlin. "Creo que en EEUU y Gran Bretaña han entendido que no pueden manipular nyestras elecciones", ha asegurado Ígor Morozov, miembro del  Consejo de la Federación, en el primer canal de televisión. Valentina Matviyenko, presidenta de la cámara, se ha manifestado en términos similares. "Nuestras elecciones han probado, una vez más, que no es posible manipular a nuestra gente".      

Cuando acabe su mandato recién renovado, Putin habrá llevado las riendas del país, ya sea como presidente o como primer ministro, un total de 24 años. Será el segundo líder más longevo tras la abolición de la dinastía zarista. Solo Stalin, en el Kremlin durante tres décadas, le habrá superado en permanencia en el poder. Y habrá visto pasar a un mínimo de cuatro presidentes de EEUU.   

Profunda transformación

En las casi dos décadas en que el líder del Kremlin ha llevado la la batuta de Rusia, el país se ha transformado profundamente: hay más riqueza, pero también mucha menos libertad; los valores conservadores se han ido imponiendo en la sociedad y, en política exterior, Moscú se ha alejado progresivamente de Occidente, emprendiendo un pulso con Bruselas y Washington de incierto desenlace y que ha devuelto al mundo a los críticos años de la guerra fría.

En el frente interior, los espacios para disentir públicamente se han ido reduciendo, a medida que el presidente reforzaba su autoridad. Durante sus primeros años como jefe del Estado, magnates que habían prosperado con su antecesor, Boris Yeltsin, cayeron en desgracia después de que le cuestionaran pública o privadamente. Tal fue el caso de Mijaíl Jodorskovski, al que se le expropiaron la petrolera Yukos y fue condenado por fraude fiscal, o de Borís Berezovski, que acabó exiliándose en Londres. Algunas cadenas de televisión privadas, como la NTV de Vladímir Gusinski, que gozaban de una significativa libertad para criticar, fueron poco a poco siendo asimiladas a la órbita estatal. Periodistas críticos y militantes de oenegés que denunciaban violaciones de los derechos básicos, como Anna Politkóvskaya o Natalia Estemírova, caían abatidos a manos de pistoleros en asesinatos cuya responsabilidad no ha sido depurada en las investigaciones.  

Pese a todo, el progresivo cercenamiento de la libertad de expresión pasó casi desapercibido a los ojos de la ciudadanía, que disfrutaba por vez primera en años de un incremento de ingresos, generados por la bonanza petrolera. Eran los años en que la economía crecía a tasas de entre el 5% y el 10% anuales, lo que permitió el surgimiento de una clase media, principalmente en Moscú y San Petersburgo y por ende, la inclusión del país en el selecto grupo de economías emergentes denominados BRICS.   

En el 2008, la Constitución se convirtió en un obstáculo para los deseos de Putin de continuar al frente de Rusia. Y para sortearlo, pidió a Dmitri Medvédev, hasta entonces primer viceprimer ministro, que asumiera la jefatura del Estado hasta las siguientes elecciones celebradas en el 2012, en las que volvió a presentarse. Una vez materializado su regreso al Kremlin, Putin imprimió un profundo giro conservador a su política social, fomentando la aprobacion de leyes que limitaban los derechos homosexuales y que incluso legalizaban parcialmente el matrato familiar. Se trataba de enviar el mensaje de que Rusia no era un país más de Europa, y que la sociedad rusa no necesariamente compartía los valores de libertad y de tolerancia en EEUU y la UE.

Crece la tensión

De hecho, la relaciones con Occidente se tensaban a gran velocidad. Las manifestaciones de protesta del 2011 y 2012 contra la pirueta legal de Putin previas al arranque de su tercera presidencia y en las que éste veía la mano extranjera, le convencieron de que había poner tierra de por medio con respecto con los "aliados" europeos y norteamericanos. La caída de algunos regímenes árabes a principios de esta décadas en revoluciones que Moscú acusaba a Occidente de fomentar, no hizo más que sembrar más desconfianza haca Europa y EEUU. Todo ello degeneró en crisis abierta cuando otra revolución proccidental derribó en esta ocasión al prorruso Víktor Yanukóvich, presidente de Ucrania, un país clave para el Kremlin.

El periodo de seis años que se inicia ahora se presenta como decisivo para Putin, y vendrá marcado por dos elementos: por un lado, el tenso contexto interacional, con constantes escaladas verbales con Londres y Washington y reiteradas denuncias de injerencias en los procesos electorales de varios países. Por otro, la necesidad de cambiar el modelo productivo, impulsando actividades y empresas que generen productos de Valor Añadido para disminuir la dependencia del petróleo. De cómo se resuelvan ambas cuestiones la Historía juzgará al líder del Kremlin.