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GUERRA DE SIRIA

Grito desesperado en Guta: "Lo bombardean todo"

Los civiles asediados en el enclave rebelde relatan como están viviendo los cinco días de fuerte ofensiva de Asad, que ha causado ya más de 400 muertos

Adrià Rocha Cutiller

Un herido en un bombardeo en Guta es atendido en un hospital de Duma.

Un herido en un bombardeo en Guta es atendido en un hospital de Duma. / EFE / MOHAMMED BADRA

Sarmada, de treinta años, está atrapada en un túnel que ella y su familia ha excavado en el sótano de su casa. Allí, ahora, convive hacinada con 60 vecinos. En un sótano de 70 metros cuadrados. «Lo hemos hecho nosotros y no es demasiado seguro», dice esta profesora a EL PERIÓDICO. Como todo el mundo en Guta, Sarmada tiene miedo a salir a la calle. Hacerlo estos últimos días, explica, es casi muerte asegurada

«Lo bombardean todo: hospitales, mercados, médicos, equipos de rescate, calles. Todo. Llevamos cinco años viendo cada día la muerte delante de nuestros ojos. Ese es el objetivo de Asad y de Rusia. Y va a peor», dice.

«Cada minuto que…». Sarmada para de hablar. Durante unos segundos no dice nada. Escucha. «Dios, justo ahora hay un helicóptero ruso encima de nuestra casa», dice al otro lado del teléfono. Y retoma: «Cada minuto que pasa hay más muertos. Cada vez más. Esto es insoportable».

Estos últimos bombardeos sobre Guta forman parte de la que parece ser que será la ofensiva definitiva de Damasco para tomar la región después de casi cinco años de cerco. Como primera fase, Asad intensifica los bombardeos sobre la población civil. Después vendrá la operación terrestre con soldados que, según el Observatorio Sirio por los Derechos Humanos (OSDH), ya están tomando posiciones y rodeando la región.

Los números, desde el domingo, son brutales: «Solo este jueves la aviación de Asad ha lanzado 300 proyectiles. Desde domingo han caído más de 1.000», explica a este diario Firas, también atrapado en Guta. «Al día solo salgo del refugio un par de minutos. Para ver si van a atacar más. Mi casa fue destruída hace tres semanas», dice este joven, que explica que, desde que se inició la revolución, ha perdido a 20 miembros de su familia.

Día de lluvia

Este jueves ha llovido en Guta. Los aviones, cuando hace mal tiempo, no pueden bombardear. Así que esta jornada, a diferencia de las cuatro anteriores, las peores que nunca ha vivido Guta, no ha habido bombardeos aéreos. Pero eso, al régimen de Bashar el Asad, le da igual: si no se puede bombardear por aire se tendrá que bombardear por tierra.

Así que, este jueves, Damasco ha estado atacando Guta con morteros y artillería: con cohetes tierra-tierra. A causa de ello, han muerto 70 civiles más. En total, desde este domingo, en solo cinco días, la cifra llega a 425: 150 de ellos son niños, según el OSDH. Los muertos superan los 1.000 si empezamos a contar desde el 1 de enero.

Números y números y números. En Guta, en la actualidad, viven unas 400.000 personas, atrapadas bajo sitio desde 2013. En esta región —la única en la provincia de Damasco bajo control rebelde— ni la comida ni las medicinas pueden entrar con normalidad. Solo entran las bombas, lanzadas por Asad y su aliado, Rusia. Ambos niegan que civiles estén muriendo. El mundo clama lo contrario.

El secretario general de la ONU, António Guterres, ha pedido una tregua inmediata. Merkel, reclama el «fin de esta masacre»; y Médicos Sin Fronteras denuncia que, en estos últimos días de bombardeos, 13 de sus hospitales han sido destruidos o dañados.

El padre, el tío y varios primos de Sarmada han resultado heridos por los bombardeos de estos días. Ella sufre: sin comida y medicinas teme no poder ayudarles. «Gracias a Dios su vida no corre peligro, pero no tienen nada de comer. Solo tenemos algo de pan. Y no todos los días», explica.

Sin final

El conflicto en Guta parece a punto de terminar. Cuando Asad la conquiste, se supone, las bombas acabarán. Pero la vida no volverá a la normalidad. «Si toman Guta nos van a matar a todos —dice Firas—. La televisión del régimen dice que todos los civiles que estamos aquí somos o terroristas o ayudamos a terroristas. Aunque dejen de bombardear y nos conquisten, esto no acabará. No acabará nunca».

«Después de matarnos de hambre —dice Sarmada—, después de bombardearnos durante tanto tiempo, nadie dejará que Asad gane. Vivimos atrapados. No podemos hacer más que pedirle a Dios que nos proteja. Solo espero que este mensaje llegue al otro lado».

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