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TENSIÓN TERRITORIAL EN FRANCIA

Macron envía un mensaje de firmeza a los nacionalistas corsos

En su primera visita a la isla, el presidente francés rechaza la amnistía para los llamados presos políticos y advierte de que el futuro de Córcega está dentro de la República

Eva Cantón

Emmanuel Macron, durante su discurso en el homenaje al prefecto de Córcega Claude Erignac, asesinado en 1998, en Ajaccio.

Emmanuel Macron, durante su discurso en el homenaje al prefecto de Córcega Claude Erignac, asesinado en 1998, en Ajaccio. / EFE / CHRISTOPHE PETIT TESSON

Emmanuel Macron ha iniciado este martes en Ajaccio la primera de las dos jornadas que durará su primera visita a Córcega desde que llegó al Elíseo. No ha desvelado íntegramente su postura sobre las reivindicaciones de los nacionalistas que gobiernan la isla, pero el presidente francés ha dado algunas pistas durante el acto de homenaje a Claude Érignac, cuyo nombre quedó indisociablemente ligado a la turbulenta historia de Córcega el 6 de febrero de 1998 al convertirse en el primer prefecto asesinado en Francia desde la segunda guerra mundial.

Su muerte a manos de un comando nacionalista provocó una enorme conmoción. Miles de personas llenaron las calles de Ajaccio y de Bastia para manifestarse en contra de la violencia y el recuerdo del atentado sigue presente en la isla veinte años después.

El contexto político ha cambiado desde que el Frente de Liberación Nacional Corso (FLNC) decidió abandonar las armas en el 2014 permitiendo, de paso, el avance de las fuerzas políticas nacionalistas en cada cita con las urnas hasta lograr una incontestable mayoría en las elecciones regionales del pasado diciembre. Pero el Estado francés no olvida.

"Sin complacencia, sin olvido, sin amnistía"

“El 6 de febrero de 1998 no se perdona, no se defiende, no se explica. Se mató a un hombre porque era un servidor de la República”, ha dicho Emmanuel Macron durante el discurso pronunciado en la calle Colonna-D’Ornanno, donde Érignac recibió las tres balas que acabaron con su vida. Al elegir la fecha del vigésimo aniversario de la muerte del prefecto para su primera toma de contacto con las autoridades corsas, Macron envía una inequívoca señal de firmeza que se ha encargado de subrayar con sus palabras.

“Se hizo justicia y se seguirá haciendo sin complacencia, sin olvido, sin amnistía”, ha continuado el presidente, dejando claro su rechazo a una de las principales reivindicaciones de los dirigentes nacionalistas, la de amnistiar a los llamados ‘presos políticos’. Tampoco cederá Macron en asuntos que abran la puerta a eventuales aventuras secesionistas.

Dentro de la República

Aunque la independencia no figura en el programa de Gilles Simeoni, presidente del Ejecutivo local, y de Jean-Guy Talamoni, presidente de la Asamblea corsa, el tándem gobernante lucha por un mayor grado de autonomía y una referencia a la especificidad de la nación corsa en la Constitución francesa.

Sin embargo, Macron no parece dispuesto a ir tan lejos. “El Estado tiene que darle a Córcega un futuro a la altura de sus esperanzas sin transigir sobre las peticiones que la harían salir del seno de la República”, ha destacado.

A la ceremonia presidida por Macron han acudido unas 200 personas, entre ellas Dominique Érignac, viuda del prefecto, y sus dos hijos, así como numerosos responsables políticos locales. También el presidente del Ejecutivo corso, el autonomista Gilles Simeoni, que fue uno de los abogados de Yvan Colonna, condenado a cadena perpetua por el asesinato de Érignac.
 

Esperado discurso

En cambio, el presidente de la Asamblea corsa, el independentista Jean Guy Talamoni, cuya trayectoria política está vinculada al FLNC, no participó en el homenaje. Macron se reúne con ambos esta tarde antes de desplazarse a Bastia, donde este miércoles pronunciará su esperado discurso sobre Córcega.

“Estoy aquí para romper con los falsos pretextos y retomar el camino de la construcción del futuro. Es algo que la República le debe a Claude Érignac, a Córcega y a la juventud corsa”, ha avanzado Macron.

Un lugar maldito

Claude Érignac se sabía un objetivo potencial, pero era un hombre confiado y no tenía miedo. Por eso, aquella noche trágica del 6 de febrero de 1998, condujo sin escolta su Renault Safrane para ir a un concierto de música clásica en compañía de su esposa, Dominique. La dejó en el teatro Kallisté de Ajaccio a las 20.55 horas y se fue a aparcar. Le separaban 150 metros del teatro cuando recibió tres balas en la nuca disparadas con una Beretta de 9 milímetros que había sido robada cinco meses antes en la Gendarmería de Pietrosella por un comando nacionalista disidente del FLNC. La noticia cayó en el Elíseo como una bomba. El presidente Jacques Chirac garantizó que se respetaría la autoridad del Estado y el primer ministro, el socialista Lionel Jospin, que no se harían concesiones a los nacionalistas. “En ese momento, sentimos que Córcega podría abandonar Francia”, rememora el periodista de France 2 Jacques Cadoze. “No pensé jamás en volver a este lugar maldito donde hace veinte años mi marido fue asesinado de la manera más cobarde”, ha dicho este martes la viuda del prefecto en el homenaje presidido por Emmanuel Macron. En ese lugar se ha plantado un olivo y una placa recordará el nombre del representante del Estado francés.

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