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POR SUBVERSIÓN CONTRA EL ESTADO

China condena al popular activista y bloguero Wu Gan a 8 años de cárcel

El delito que se le imputa es el que frecuentemente el régimen atribuye a disidentes y presos de conciencia

Adrián Foncillas

 Wu Gan, detenido en la comisaría de Nanchang, en una imagen de mayo del 2015.

 Wu Gan, detenido en la comisaría de Nanchang, en una imagen de mayo del 2015. / AP

China ha condenado a ocho años de cárcel a Wu Gan, uno de sus disidentes más audaces, heterodoxos y mediáticos. La sentencia se daba por segura porque las autoridades carecen del sentido del humor que exigen sus 'performances', porque Wu había rechazado la liturgia de arrepentimientos y porque Navidad es temporada de condenas en China.

El llamado “Carnicero Súper Vulgar” ha sido sentenciado por un tribunal de Tianjin por subversión contra el Estado. El fallo subraya la obviedad de que Wu “no está satisfecho” con el régimen político y se ha dedicado a atacarlo por todos los medios. Wu había sido detenido dos años atrás durante la campaña contra cientos de disidentes y abogados de derechos humanos. Muchos de ellos han recibido condenas livianas o salido en libertad tras confesar sus presuntos delitos.

“Seré sentenciado no porque sea culpable sino por mi rechazo a aceptar el abogado que me ha adjudicado el Gobierno, a declararme culpable en una confesión televisada propagandística y por haber denunciado la tortura, el maltrato y la violencia”, había dicho antes del juicio. Tras la sentencia ha anunciado que apelará y ha mostrado su agradecimiento al partido por garantizarle ese “noble honor”.

Eco mediático menor

Es ya costumbre que China reserve las condenas a sus disidentes más conspicuos para Navidades al entender que el eco mediático será menor con los periodistas y diplomáticos extranjeros de vacaciones. Liu Xiaobo, el Nobel de la Paz fallecido este año, fue sentenciado el día de Navidad del 2009. Amnistía Internacional hablaba este martes de “cínicos cálculos políticos”.

Wu elegía sus causas entre los más indefensos de la sociedad y porfiaba hasta conseguir la atención pública con peculiar estilo. Humillaba a las autoridades y no despreciaba los elementos obscenos. Acudió al juicio de cuatro hombres falsamente condenados por asesinato con dos pancartas donde aparecía el juez con un mostacho hitleriano y la cifra por la que se dejaría sobornar. Wu se dejó fotografiar entre las pancartas con los dedos corazones extendidos. También divulgó por internet la fotografía manipulada de tres oficiales de la provincia de Henan con cabezas de cerdos. “Los tres cerditos. Los criminales más buscados del mundo”, decía.

Un lugar más feliz

Wu defendió que sus acciones solo buscaban “hacer de China un lugar más feliz” y asumió el precio. “Bajo el brutal dominio del Grande, Glorioso y Correcto Partido Comunista de China, sería embarazoso que no fuera calificado de criminal”, dejó escrito. “La vida es corta, así que es mejor que cometamos todos nuestros crímenes mientras tengamos oportunidad. El crimen de subvertir el régimen comunista es un honor para mí”.

Este martes también se ha sabido que Xie Yang, abogado de derechos humanos, no ha sido sentenciado a cárcel. Xie también había sido detenido dos años atrás y había denunciado las torturas de sus interrogadores. El abogado acabó por admitir su culpabilidad de los cargos de subversión contra el Estado. Aquella campaña contra abogados y disidentes sentó la tolerancia cero contra la rebeldía de la sociedad civil.

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