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CRISIS MIGRATORIA EN EUROPA

Grecia mantiene confinados más de 12.000 refugiados en cinco islas del Egeo

Las oenegés denuncian la sobresaturación de los centros de recepción y las "deplorables condiciones" de vida de los solicitantes de asilo

Oxfam y Human Rights Watch exigen el fin de la "política de contención" de la UE y el traslado de los inmigrantes al continente antes de que llegue el invierno

Martí Benach

Un refugiado, cubierto con una manta, junto a la cola de distribución de comida en el campo de Moria, en Lesbos, en una imagen de archivo.

Un refugiado, cubierto con una manta, junto a la cola de distribución de comida en el campo de Moria, en Lesbos, en una imagen de archivo. / REUTERS / ALKIS KONSTANTINIDIS

La inminente llegada del invierno ha puesto en alerta a las oenegés que trabajan con los refugiados retenidos en los 'hotspots' (centros de recepción e identificación) de las islas del Egeo. La sobresaturación y la precariedad de estos centros, que en algunos casos casi llegan a triplicar su capacidad, y las durísimas condiciones de vida que sufren allí miles de solicitantes de asilo han movilizado a estas organizaciones, que exigen al Gobierno griego su traslado al continente antes de que la situación sea irreversible.

Una docena de oenegés, entre ellas Oxfam IntermónHuman Rights Watch (HRW) y Amnistía Internacional, han iniciado una “cuenta atrás” reclamando al primer ministro griego, Alexis Tsipras, que transfiera a estos refugiados “inmediatamente” a centros más acondicionados en el continente, y que tome medidas concretas para que el 21 de diciembre ningún solicitante de asilo tenga que pasar frío en la intemperie.

“Nadie debería estar forzado a dormir a la intemperie este invierno. Acabe con la inhumana retención de peticionarios de asilo en las islas griegas @Tsipras_EU”, señala el tuit de la campaña, que recoge adhesiones en la web de HRW y pide a los socios de la UE que ayuden a Grecia a posibilitar este traslado.

Las inclemencias meteorológicas agravarán por desgracia la ya difícil situación de los ‘hotspots’ de Lesbos, Chíos, Samos, Kos y Leros, transformados en “lugares de confinamiento indefinido para los solicitantes de asilo”, decía hace unos días Nicola Bay, director de Oxfam en Grecia. Miles de mujeres, hombres y niños muy pequeños siguen viviendo allí en precarias tiendas de campaña, durmiendo literalmente en el suelo, esperando una respuesta a su solicitud de asilo en Europa. Algunos llevan así casi 19 meses.

Deterioro general

Desde que entró en vigor el acuerdo UE-Turquía sobre refugiados, en marzo del 2016, la situación en estos ‘hotspots’ se ha ido deteriorando hasta límites insospechados. Actualmente, según el Gobierno griego, más de 15.000 refugiados están atrapados en estas islas, el doble de su capacidad de acogida. Entre ellos, más de 12.000 viven recluidos en los ‘hotspots’, con acceso limitado al agua potable y a los servicios básicos.

La situación es particularmente crítica en Samos y Lesbos, donde más de 8.500 personas viven en instalaciones destinadas a 3.000. La mayoría han solicitado asilo y esperan aún una respuesta oficial, que solo en algunos casos ha sido negativa. El caso del campo de Moria, en Lesbos, es quizás el más elocuente: "Hay más de 3.000 personas durmiendo en tiendas de verano, y también en contenedores o bajo plásticos. Hace frío en todas partes. Cuando llueve, todo se inunda y ropa y mantas quedan completamente empapadas”, explica Renata Rendon, portavoz de Oxfam en Grecia.

Según Rendon, que estuvo en Moria hace algunas semanas, los refugiados solo tienen acceso al agua corriente y potable tres o cuatro horas al día, con lo que la limpieza y la higiene personal resultan harto complicadas. El uso intensivo de lavabos y duchas, además, provoca situaciones de insalubridad cuando se estropean y las inundaciones se mezclan con los excrementos. “Los lavabos huelen muy mal, la gente se marea solo con el olor”, denuncia Rendon.

Falta de medicinas y seguridad

La portavoz de Oxfam Grecia critica también la falta de seguridad, que hace que mujeres y niños no se atrevan a ir solos de noche al lavabo, por miedo a ser asaltados. Y la falta de medicinas en el servicio médico, “solo les dan paracetamol”, relata. La desinformación sobre su futuro, asimismo, genera “ansiedad y frustración” entre los solicitantes de asilo. Médicos sin Fronteras ya documentó hace meses el impacto de estas condiciones de vida sobre la salud mental de los refugiados, detectando un aumento de las depresiones, agresiones físicas e intentos de suicidos entre los afectados.

“Es escandaloso que hoy en día aún tengamos personas viviendo de esta manera en la UE”, afirma Rendon, que responsabiliza a Grecia y al resto de gobiernos de la UE por su “política de contención” y por no cumplir los compromisos de reubicación. “Exigimos que se ponga fin a esta situación y se apoye al Gobierno griego para trasladar a estas personas antes de que puedan producirse sucesos trágicos”, exclama.

Si nadie no lo remedia, sin embargo, este será el segundo invierno que los refugiados retenidos en el Egeo deberán vivir en instalaciones precarias e inadecuadas. El pasado enero, tres hombres murieron en Lesbos por supuesta intoxicación de monóxido de carbono procedente de un calefactor artesanal usado para calentarse en sus tiendas. Y a finales del 2016, una explosión en una cocina de gas causó la muerte de una mujer kurda y su nieta mientras dormían también en su tienda.

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