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CRISIS DESACTIVADA

Corea del Norte pospone el ataque a Guam

Pionyang dice ahora que esperará a ver el comportamiento de EEUU

Adrián Foncillas

 Vista aeérea de la base naval estadounidense en el puerto de Apra, en la isla de Guam

 Vista aeérea de la base naval estadounidense en el puerto de Apra, en la isla de Guam / US NAVAL BASE GUAM JEFFREY LANDI

Baja el suflé norcoreano. El ataque a la base de Guam anunciado como inminente la semana anterior depende ahora de cómo se porten los estadounidenses. El acostumbrado aliño de vituperios en el anuncio matutino de Kim Jong-un no altera la sustancia: quizá ha llegado el momento de dejar de sembrar tensión y recoger ya los frutos. Corea del Norte acumula décadas sublimando esa estrategia. El mundo se habría salvado otra vez de una guerra termonuclear en el último minuto.

Corea del Norte había anunciado a bombo y platillo la semana pasada que el domingo tendría listos los cuatro misiles Hwasong-12 para sobrevolar Japón y caer a escasos 30 kilómetros de la costa de la base militar estadounidense de Guam. Faltaba sólo la orden del comandante en jefe, Kim Jong-un, que parecía ansioso. Pero esta mañana, después de comprobar que los misiles estaban en orden, ha pausado el plan. Dice que esperará algo más para observar “las idiotas y estúpidas conductas de los yanquis”, según la agencia oficial KCNA.

Kim Jong-un pidió sensatez a Washington a la manera norcoreana. “Estados Unidos, que ha sido la primera en llevar armamento nuclear cerca de nuestro país, debe de ser la primera en tomar la decisión correcta y mostrar acciones que revelen su voluntad de rebajar la tensión”, dijo. Tampoco descuidó a la audiencia interna que podría interpretar la suspensión como un acobardamiento. El plan, explicó, proporcionaría “el más delicioso momento histórico cuando los misiles Hwasong estrujen las tráqueas de los yanquis y claven las dagas en sus cuellos”. No se gestionan cíclicamente crisis nucleares sin la ciencia para apretar en un mismo discurso las amenazas más inflamadas y sutiles invitaciones a la distensión.

Washington puso cara de póquer. El secretario de Estado, Rex Tillerson, se limitó a comentar que su Gobierno sigue "interesado" en un eventual diálogo con Corea del Norte, pero que eso depende del líder norcoreano.

Riesgos del ataque a Guam

El momento aconseja una pausa. Ningún país desea la guerra menos que Corea del Norte. Enfrentarse a Estados Unidos sería suicida en su estrategia de salvar el pellejo a toda costa. El riesgo reside en un error de cálculo que desencadenara el conflicto. Y cuatro proyectiles sobrevolando Japón y cayendo a decenas de kilómetros de suelo estadounidense se antojan un riesgo desmesurado si atendemos a la escasa fiabilidad de los misiles norcoreanos. 

El peligro es aún mayor después de que James Mattis, secretario de Defensa de Estados Unidos, hubiera aclarado poco antes que esos misiles “podrían provocar una guerra rápidamente”. Añadió que sabría en cuestión de minutos si los proyectiles se dirigen hacia Guam, donde residen 7.000 soldados estadounidenses con sus familias. Mattis trazó la línea roja tras la que espera la guerra: “Defenderemos nuestro país de cualquier ataque, en cualquier momento y desde cualquier lugar”.

Es previsible que la península disfrute de cierto sosiego hasta final de mes. Corea del Sur y Estados Unidos tienen planeadas entonces sus masivas maniobras militares conjuntas que cada año descomponen a Pionyang. Tienen un espíritu defensivo, sostienen Washington y Seúl, pero Corea del Norte las ve como un ensayo de invasión. Los aliados ignoraron en años anteriores la propuesta norcoreana de suspenderlas a cambio del cese de lanzamientos de misiles. A esas maniobras probablemente se ha referido Kim Jong-un cuando hablaba de examinar el comportamiento estadounidense.

El papel de Corea del Sur

La favorable jornada fue apuntalada en el sur del paralelo 38. El presidente Moon Jae-in se esforzó en embridar el ardor guerrero de Estados Unidos. “Las acciones militares en la península sólo pueden ser decididas por Corea del Sur y nadie más puede decidirlas sin el consentimiento de Corea del Sur”, dijo. Seúl, añadió, utilizará todas las vías para evitar la guerra. Entre las mejores noticias que le han pasado a la península en los últimos años figura la reciente elección de Moon, defensor de la política de contención y paciencia que a principios de siglo posibilitó el periodo más pacífico. El diario chino Global Times le pedía hoy a Moon que ejerza de “amortiguador” frente a Estados Unidos porque su influencia es mayor que la de Pekín sobre Corea del Norte.

Entre los aliados de Estados Unidos anida el temor de que Donald Trump les sacrifique para salvaguardar su territorio. El senador republicano Lindsay Graham desveló recientemente que el presidente le había dicho que “si tienen que morir miles, que mueran allí”.