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Brigitte, compañera de vida de Macron

El presidente electo de Francia reserva para su esposa un estatus oficial como primera dama

La pareja, que se lleva 24 años, ha protagonizado una excepcional historia de amor

Marta López

Emmanuel Macron y Brigitte Trogneux se besan tras la toma de posesión.

Emmanuel Macron y Brigitte Trogneux se besan tras la toma de posesión. / PHILIPPE WOJAZER/REUTERS

Cuando el domingo por la noche, Emmanuel Macron hizo su aparición solo en la plaza del Louvre, muchos fueron los que se echaron en falta que no lo hiciera de la mano de Brigitte Trogneuxsu mujer, quien ha sido omnipresente durante la campaña electoral. Fue al final cuando apareció, visiblemente emocionada la que va a ser la nueva primera dama de los franceses y a quien el nuevo presidente le dará un estatus oficial. Sin sueldo, según ha explicado.

“Su lugar no estará detrás ni escondido, ni en Twitter sino a mi lado, donde siempre ha estado”, ha declarado Macron, que la noche de la primera vuelta reconoció de la mujer que ama: “Sin ella, yo no estaría hoy aquí”. Y no hay nada más cierto, según explica, el círculo más cercano a la pareja. Es su gran amor y su más cercana consejera. Una compañera de vida.

Brigitte forma parte de su equipo de colaboradores, le lleva la agenda, le revisa los discursos, toma notas mientras él habla. “Él no hace nada sin pedirle a ella consejo, ya sea sobre el fichaje de alguien, sobre la elección de un traje o un corte de pelo”, ha explicado estos días un amigo del matrimonio.

ÉL, 39; ELLA, 64

Juntos forman una pareja que rompe convencionalismos, por la diferencia de edad y porque en este caso es ella quien le lleva 24 años a él. Ella tiene 64 y él 39. ”Nuestra historia se explica, por lo que es, no por la edad. Somos una pareja normal. No veo la excepcionalidad. Nos necesitamos el uno al otro. Por eso llevamos tanto tiempo juntos”, ha declarado Brigitte.

Pero la historia de amor que protagonizan sí es bastante excepcional como para tener cautivados a buena parte de los franceses y haber llenado en los últimos meses las páginas de papel ‘couché’, a lo que ambos se han prestado con gusto. Sus vacaciones, sus paseos  y sus sonrisas se han instalado en revistas y periódicos, como parte de la campaña que ha llevado a la pareja al Elíseo.  

Tenía solo 16 años cuando Macron se enamoró perdidamente de la que entonces era su profesora de francés en el liceo jesuita de La Providencia, en Amiens. Ella tenía entonces 40, estaba casada con un banquero, André Auzière, y era madre de tres hijos, que rondaban la edad de su alumno, un estudiante brillante. El teatro les unió, cuando Emmanuel se apuntó al que taller que ella impartía y descubrió a una mujer apasionada por la literatura, cultivada, de la que quedó prendado. A ella le subyugó la inteligencia de su alumno.

El suyo era un amor prohibido en una capital de provincias. Ambos pertenecían a  la burguesía local -él, hijo de médicos, ella de una familia chocolatera- pero les separaba una generación y ella estaba casada. Fue Macron quien plantó cara a la adversidad contando a sus padres la historia. El padre visitó la profesora, y junto con su esposa trató de poner tierra de por medio, enviando a su hijo al prestigioso líceo Henri-IV, en el corazón del barrio latino parisino, donde podría desarrollar todo su talento.

"VOLVERÉ Y NOS CASAREMOS"

“No te desharás de mi fácilmente. Volveré y nos casaremos”, le escribió en una carta a Brigitte, según el mismo confesó en el documental ‘Emmanuel, la estrategia del meteoro’ de France 3.  Su perseverancia acabó por conquistar a ella del todo. Se separó de su marido banquero y se casaron en el 2007 en Touquet, cuando él y había cumplido los 30. Años más tarde, en su libro ‘Revolución’, rendía homenaje a su esposa: “El verdadero coraje, fue el suyo”.

Los Macron forman hoy una familia recompuesta perfecta: el matrimonio, los tres hijos de ella, y los siete nietos a los que el nuevo presidente que hace de abuelo, aunque le llaman ‘daddy’. Todos le arroparon en el escenario en la gran noche del Louvre.

'Bibi' o 'Bam' es como conocen sus amigos a esta mujer elegante, siempre rubia y bronceada y normalmente subida en unos tacones de aguja. Pero tras esa imagen ‘chic’ se esconde una mujer que eligió vivir una vida fuera de la común y que más de una vez ha hecho gala de un gran sentido del humor. “Hace falta que Emmanuel sea elegido este año, si no imaginad mi cabeza dentro de cinco”, ha bromeado.

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