TENSIÓN EN ORIENTE PRÓXIMO

«Aquí hay una intifada a diario»

Los ataques en Jerusalén y Cisjordania hacen temer otro levantamiento palestino

La muerte de un niño de 12 años a cargo de un soldado israelí eleva la crispación

Jóvenes palestinos queman neumáticos en unos choques con soldados.

Jóvenes palestinos queman neumáticos en unos choques con soldados.

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ANA ALBA / JERUSALÉN

«Me pregunta si esta situación es comparable a la del inicio de la primera y la segunda intifada? Aquí hay una intifada diaria, no la tercera», afirma Jaled Hedmi, palestino, dueño de una floristería muy cercana a la Puerta de Damasco, uno de los accesos más emblemáticos a la Ciudad Vieja de Jerusalén.

La familia Hedmi regenta este establecimiento desde hace más de cien años. Jaled tiene 67, tantos como el Estado de Israel. Por delante de su tienda ha visto pasar mucha historia. «La situación aquí siempre es mala, todos los días, desde que existe la ocupación israelí de Palestina», asegura.

«Mire lo que hacen los colonos (israelís que viven en los territorios palestinos ocupados) a los palestinos cada día. Quemaron a una familia en Duma (el 31 de julio) y los israelís aún no han arrestado a nadie. La gente se tiene que defender, tiene que resistir la ocupación», recalca Hedmi.

Muchos medios de comunicación hablan de tercera intifada por los últimos ataques de palestinos que han matado a cuatro israelís. Dos de ellos, colonos de Cisjordania acribillados a balazos el jueves pasado cuando viajaban en coche con sus cuatro hijos, que resultaron ilesos. Los asesinos de sus padres fueron arrestados este lunes.

También se alerta de una intifada por las operaciones militares y los disturbios a gran escala que se han producido en Cisjordania y Jerusalén, en los que las fuerzas israelís han matado a dos palestinos. La última víctima es Abed al Rahman Shadi Odeidalah, un niño de 12 años del campo de refugiados de Aida (Belén), a quien un soldado segó este lunes la vida al dispararle cerca del corazón.

FIESTAS JUDÍAS

El otro muerto es un chico de 18 años de Tulkarem a quien los soldados dispararon este lunes. Además, hay 170 palestinos heridos por munición real o balas de goma, según la Media Luna Roja. La tensión y la crispación en Jerusalén y Cisjordania son permanentes, pero se disparan periódicamente por hechos puntuales. Esta vez, como el año pasado, la violencia se ha desbordado tras graves disturbios en la Explanada de las Mezquitas, a la que los musulmanes llaman el Noble Santuario y donde se halla la mezquita de Al Aqsa, el tercer lugar más sagrado para el islam.

Los incidentes llegaron con el inicio de las fiestas judías, a mediados de septiembre. Primero, el Año Nuevo judío, luego Yom Kippur (Día de la Expiación) y Sukkot (Tabernáculos). En estas fechas se multiplican las visitas de judíos a la Explanada, a la que llaman Monte del Templo porque allí se encontraban sus dos templos destruidos.

«ES NUESTRA TIERRA»

Judíos y cristianos pueden visitar la Explanada pero no rezar en ella. La oración está reservada a los musulmanes por un acuerdo entre Israel, Jordania y las autoridades religiosas. Los palestinos denuncian el aumento de extremistas judíos en la Explanada, que intentan rezar. La policía israelí irrumpe en el recinto alegando que «protege» a los judíos de posibles agresiones y acusa a los palestinos de iniciar los enfrentamientos. Estos aseguran que son las fuerzas de seguridad las que provocan.

La Ciudad Vieja ha estado dos días sitiada por la policía, desde que el sábado, un palestino matara allí a dos israelís a cuchillazos. Los palestinos tenían el acceso prohibido si no residían, trabajaban o estudiaban en la zona antigua. Los israelís y los turistas podían entrar libremente.

Un puñado de mujeres judías religiosas conversaba frente al Hospicio Austríaco, en la Ciudad Vieja, donde se produjo el ataque el sábado. Junto a ellas había al menos 20 policías. «Siempre seguiremos aquí, esta es nuestra tierra, nuestra ciudad y somos fuertes. Aunque nuestro vecino sea un asesino, permaneceremos aquí», afirma Yudit, una colona israelí de 37 años que reside en el barrio musulmán de la Ciudad Vieja.

«No tengo miedo de vivir junto a los palestinos porque todo esto pertenece desde hace miles de años al pueblo judío. Estábamos aquí antes de que Mahoma naciera», asevera.

FALTA DE TRANSEÚNTES

En las calles siempre repletas y bulliciosas de la Ciudad Vieja, este lunes faltaban transeúntes. La mayoría eran turistas. La animación también había desaparecido del centro de la parte oeste de Jerusalén, la israelí, apagada por el cierre de los comercios al ser festivo y por la tensión.

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En la calle Jaffa, dos judíos extremistas gritaron a una mujer musulmana: «¡Mahoma es un hijo de puta!». Apareció un joven palestino que increpó a los israelís. Estos lo agarraron y lo zarandearon hasta que dos religiosos judíos se acercaron y lo soltaron.

El primer ministro israelí, Binyamin Netanyahu, piensa poner fin a la última y enésima espiral de violencia con «un combate a muerte contra el terrorismo palestino».