21 sep 2020

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LA CRISIS GRIEGA

Besos y pitos a Tsipras

El primer ministro griego enciende la Eurocámara en un debate muy político en el que defiende que no quiere sacar a su país del euro

SILVIA MARTÍNEZ / BRUSELAS

Alexis Tsipras se estrenó este miércoles en el hemiciclo del Parlamento Europeo rodeado de su gente, de aplausos, de besos y de muchos abrazos. Una acogida calurosa hasta que el debate sobre Grecia entró en materia y la derecha empezó a disparar dardos envenenados. Empezando por el jefe de filas del Partido Popular Europeo, el alemán Manfred Weber, que lo acusó de mentir, de romper la confianza y de insolidaridad por pedir ayudas cuando en otros países lo están pasando igual o peor que en Grecia. Y siguiendo por quienes simplemente criticaron su falta de concreción tras cinco meses de negociaciones o quisieron aprovechar el debate heleno, como euroescépticos o la ultraderecha, para tratar de hundir el proyecto económico del euro.

Fueron muchos, sin embargo, quienes elogiaron y aplaudieron su osadía por convocar un referéndum para consultar al pueblo sobre las negociaciones, como el líder de Podemos Pablo Iglesias. O como Ernest Urtasun (ICV), por resistir «al chantaje de la troika». O por aguantar contra viento y marea las exigencias de que haga en 48 horas «lo que no se les exigió en 20 años a gobiernos anteriores», como lamentó Ernest Maragall.

CON EL CORAZÓN EN LA MANO

El líder de Syriza agradeció todas las intervenciones, «incluidas las de retórica polémica», y se defendió de quienes lo acusan de tener motivaciones secretas. «Si mi objetivo hubiera sido sacar a Grecia del euro no hubiera hecho las declaraciones que hice tras el referéndum. No tengo ningún plan secreto. Les hablo con el corazón en la mano», aseguró tras tres horas de tenso debate sobre un rumor que no ha dejado de propagarse al calor de los intentos de negociación fallidos de los últimos meses.

Y con el corazón en la mano admitió que las reformas son fundamentales para Grecia, que ha habido distorsiones en el pasado que deben superarse, como las pensiones o las jubilaciones anticipadas. «Quizás deberían abolirse en un país que se encuentra en una situación desastrosa», admitió. Pero defendió su soberanía para poder decidir «aumentar la fiscalidad de las empresas para no recortar las pensiones mínimas».

ESTADO CLIENTELISTA

A quienes critican a su país por derrochador también les recordó que el dinero de los rescates que se ha concedido a Grecia «nunca llegó los ciudadanos» y avisó que si Grecia ha llegado al borde de la quiebra se debe a que durante muchos años los gobiernos pasados han creado «un estado clientelista» que ha permitido la corrupción y el conflicto de interés entre poder político y económico.

El líder de Syriza se presentó ante la Eurocámara sin cadáveres en el armario y con el currículum limpio. Su diagnóstico fue más allá de su país porque la crisis griega representa simplemente «la imposibilidad colectiva de Europa de encontrar una solución» que debe ser europea porque «este problema no es solo griego», zanjó. «Pedimos su apoyo para poder cambiar Grecia, es una responsabilidad común».

«Yo asumo totalmente la responsabilidad, pero el callejón sin salida en que nos encontramos ahora no se debe a las decisiones tomadas en estos cinco meses y medio que nosotros llevamos en el poder, sino a los cinco años y medio en los que se han aplicado programas de rescate que no han contribuido a salir de la crisis».