LA CELEBRACIÓN DE LA SEMANA SANTA

La Iglesia se redime con la cofradía 15+1

El párroco que se negó a acoger a la hermandad laica de L'Hospitalet se disculpa con sus miembros 40 años después

Procesión de Viernes Santo de la cofradía 15+1 por las calles de L’Hospitalet. 

Procesión de Viernes Santo de la cofradía 15+1 por las calles de L’Hospitalet.  / JOAN CORTADELLAS

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Víctor Vargas Llamas
Víctor Vargas Llamas

Periodista

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Han tenido que pasar casi cuatro décadas para que llegue la redención y la indulgencia. Casi 40 años para que la Iglesia trate de reparar el agravio que supuso para un pequeño grupo de inmigrantes procedentes mayoritariamente de Andalucía que la parroquia Nuestra Señora de la Luz se negara a reconocer la procesión que trataban de montar para mantener viva la llama de las tradiciones de sus tierras de origen. Un rechazo doloroso, como recuerda el presidente de la cofradía 15+1 de L’Hospitalet, Manuel Romera, que es quien ha recibido las disculpas del padre Murillo, el titular de la parroquia por entonces y en la actualidad. Disculpas aceptadas.

“Ni eso nos detuvo. Éramos cuatro locos en 1977, con una mesa y una estampita de la Virgen de la Macarena el primer año, apenas una quincena poco después cuando decidimos llamarnos 15, por nosotros, y +1 por el pueblo, que nos apoyó para cumplir nuestro sueño”, recuerda. Hoy tienen la gratitud incluso del arzobispo saliente de Barcelona, Lluís Maria Martínez Sistach, que justo antes de dejar el cargo quiso departir con Romera para mostrarle su reconocimiento “por el trabajo de acercamiento” que hacían hacia la iglesia que un día les dio la espalda. Y para trasladarle que entendía que hubiera malestar entre la hermandad.

PECADOS

Guiños del destino, lo que era un obstáculo que nadie antes había salvado para impulsar una cofradía es hoy  el rasgo distintivo que afianza su identidad y el reconocimiento en toda España. Hoy suman más de 700 socios y más de la mitad tienen menos de 30 años, proclama el presidente. Gente que ha crecido viendo salir la imagen de Jesús el Nazareno de la plaza de la Bòbila en lugar de la parroquia del barrio y que asumen la condición laica de la entidad solo porque sus estatutos no son eclesiásticos. Por nada más. “En la cofradía todos creemos, pero cada uno elige la forma en que quiere relacionarse con Dios. No hace falta la ceremoniosidad de una parroquia. Yo mismo no voy a misa cada domingo ni mucho menos, pero muchas veces, en nuestra capilla, me acerco a mi Cristo y le digo ‘Maestro, échame un cable, quillo’. Y como yo, mucha gente”, explica.

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Hoy decenas de miles de personas asisten a las diversas procesiones de la 15+1, que ya miran el cielo y cruza los dedos para que el tiempo les respete. También tienen la esperanza de que la Iglesia entienda “que los tiempos cambian”. “No queremos que nos imponga algo un cura que lee un sermón, queremos que se lo crea de verdad. Nos gustaría una Iglesia que no se alarme por dos novios dándose un beso en misa o por una chica en minifalda”, explica. Si el catolicismo es capaz de adaptarse, Romera también ve factible un “cambo paulatino de mentalidad” que permita que la procesión 15+1 cuente con la presencia de un párroco en la comitiva. “Todo puede cambiar con buena predisposición. Lo único que no me imagino es a mi Cristo saliendo de un lugar que no sea la Bòbila”, confiesa.

El peso de la tradición

Y eso que su hermandad cuenta con cerca de 280 costaleros, una cifra nada desdeñable. Pero la tradición no se vive igual. “Un crío de 7 años de Sevilla se sabe de memoria todas las marchas procesionales de Semana Santa. Aquí te llegan con 20 años y porque el chaval se ha hecho novio de una madrina de la cofradía”, explica.