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Los memes de Julio Iglesias: humor boomer, sonrojo millennial

Analizamos los memes de Julio Iglesias con los directores del Meme Fest.

  • El festival de memes que cada julio se replican por el flanco sénior de internet hace poner los ojos en blanco a las generaciones más jóvenes

  • Sin embargo, el repertorio, actualizado este año con la inflación y las olas de calor, no da signos de agotamiento. ¿Por qué? 

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Abel Cobos
Abel Cobos

Periodista

Especialista en tendencias, planes, cultura pop, televisión, 'celebrities', memes, internet y temática LGTBI.

Escribe desde Barcelona

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Decía un tuit anónimo que los memes son como un buen vino, que se pasa años fermentando en barricas para luego ser fulminado en una botella en apenas una tarde con los amigos. Los memes tienen un periodo de vida igual de largo. Nacen, empiezan la fermentación encontrando el formato que los hará virales y, una vez hallado el punto perfecto, explotan en un aluvión de reproducciones y variaciones, sumando cifras hasta que, rápidamente, mueren en su propio exceso.

Así lo aseguraba también el periodista Andrew Ferguson en 'The Atlantic': "El ciclo de vida de un meme contemporáneo tiene fases. Nace en algún rincón difícilmente trazable; […] ronda por las redes sociales, presumiendo de creatividad y ocurrencia en sus primeras apariciones. […] Al final, todos quieren formar parte de él. Ahí aparecen los primeros síntomas de cansancio". 

Tras el ‘mainstream’, la muerte

Para el periodista, el indicio de que un meme estrella está pasando a una supernova moribunda es cuando el 'mainstream' participa de él: "El mundo rodea el meme, lo engulle, lo sofoca, lo seca, lo ingiere". Al final, lo acaban usando medios de comunicación para hacerse los graciosos, marcas para vender productos, hasta políticos y organizaciones para recaudar dinero. Ahí, "el meme ha muerto", concluye Ferguson. 

Cada mes de julio reactualiza la colección de memes de Julio Iglesias.

/ Archivo

Tras la muerte social, el meme entra en un nuevo estado, totalmente diferente. No verás a la generación Z o a millennials usarlos. O, si lo hacen, será a riesgo de dar grima digital y vergüenza ajena entre sus coetáneos. Sin embargo, seguirán en el imaginario colectivo 'boomer', que, en muchos casos, lo revivirán con la puntualidad de un reloj en fechas muy señaladas. 

El autor pone varios ejemplos de memes resucitados periódicamente por la comunidad senior de internet. Pero no hace falta irse tan lejos: a escala local, por ejemplo, tenemos el mítico "abril, cerral", protagonizado por Elena Furiase, hija de Lolita Flores, cuya participación en 2008 en el programa Password revive cada 1 de abril, recompartiendo en todas las redes sociales el vídeo. De hecho, el meme está tan muerto que hasta la propia actriz pidió que dejasen de compartirlo, harta. "Conozco el chiste, dejadme en paz", imploró en su Instagram hace unos meses.

Otros 'grandes clásicos' del mes de julio.

/ El Periódico

El meme infinito 

Otros sempiternos memes estacionales que no requieren presentación son los de Julio Iglesias. Llega el mes de julio y una avalancha de fotografías del cantante editadas hasta la saciedad inundan los móviles. Los hay en decenas de formatos, imágenes, textos y mensajes, la mayoría de las veces alejadisísimos de su origen que, según las bibliotecas digitales de memes, está en los dosmiles, con el formato de "y lo sabes": es decir, una imagen de Julio, siempre la misma, en la que, vestido con traje, apunta con el índice a cámara, con una frase cualquiera que acababa en "y lo sabes". A partir de ahí, como buen meme, ha ido deformándose y autoparodiándose hasta convertirse en la mezcolanza humorística que es hoy. 

Cada año se reinventan: este verano, según apuntan los archivos fotográficos, se centran en la ola de calor, la inflación y, repescado de otros años, el covid. E, incluso, se adaptan a los países (por ejemplo, en Argentina, en el hemisferio sur, los de la ola de calor hablan, precisamente, de lo contrario, el frío) porque, por supuesto, los memes de un artista internacional de su talla no se podían circunscribir solamente a un país y han traspasado fronteras, al igual que su carrera artística. 

Según la psicóloga Alba Cobos, que estos memes hayan unido a poblaciones tan dispares se debe al éxito aplastante del cantante, cuya fama internacional permite unir a una "comunidad heterogénea", que puede entender "chistes sencillos" y "asociaciones fáciles" entre su nombre y decenas de juegos de palabras sin necesitar ni contexto ni explicaciones. Además, está ese factor al que apuntaba el productor y bajista Hans Laguna en 'Hey', el libro que intenta decodificar el fenómeno Iglesias, y que mantiene que el cantante ha apelado siempre a un público "ajeno" a las tendencias, imprimiendo "una sensación de contemporaneidad recién pasada de moda". Un fabuloso filón, pues, para el humor y la ironía. 

Entre la broma y los paraísos fiscales

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En el programa argentino 'Podemos' hablar se abordó el tema, comentando que era una forma de mantener vivo su legado, manteniéndolo siempre en el 'spotlight', aunque no fuera por su carrera artística sino su figura como engranaje esencial de la cultura pop. Y siempre, por supuesto, desde una perspectiva positiva ya que, para el diario 'La Nación', mejoraba la imagen de un famoso que, si no fuera por los memes, solo estaría llenando titulares por sus sociedades en paraísos fiscales. De hecho, a diferencia de Furiase, el propio Julio Iglesias aseguró que los memes le parecían "muy divertidos".

A pesar de su impacto pop, parece que estos memes no han logrado impermeabilizar en las generaciones más jóvenes. Y no solo porque estas sean más estrictas con el proceso de vida de los memes y, una vez muertos, consideren que "su uso da vergüenza ajena", como sentenciaba Ferguson, sino porque, a medida que las grandes aplicaciones han dado el giro hacia el vídeo, el formato de este meme ya no tiene sentido. Por ejemplo, en TikTok es prácticamente imposible encontrarlos, y los pocos que hay son una copia de los WhatsApp con un mínimo impacto. Queda claro que el cambio de plataforma acentúa la brecha digital, incluso en el humor más básico.