27 may 2020

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"Pocas veces he sentido tanta emoción como cuando nos abrazábamos en plaza Catalunya el 17-A"

Josep V. Madolell

Javier Martínez, el padre del niño fallecido en el atentado del 17-A, abraza al imán de Rubí, junto a su esposa, el pasado 24 de agosto, en Rubí.

Javier Martínez, el padre del niño fallecido en el atentado del 17-A, abraza al imán de Rubí, junto a su esposa, el pasado 24 de agosto, en Rubí.

Recuerdo cuando la tarde de aquel maldito 17 de agosto recibía noticias de un acontecimiento dramático en La Rambla. ¿Confusión, accidente? Al tiempo se confirmó que era un atentado terrorista, pero lo peor, lo irreversible fue el asesinato de 16 personas y más de 100 heridos. Se me partió el corazón y las lágrimas salían a borbotones, no acertaba a comprender nada.

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Escribí una carta que se publicó aquel mismo día en EL PERIÓDICO. La titulé 'Barcelona llora', aunque después supe que la barbarie se extendía a Cambrils. La ciudadanía reaccionó con dolor y rabia, pero por encima de todo, con un elevado sentimiento de solidaridad acudiendo a La Rambla y alrededores, recuerdo que se efectuó un cordón restringido de acceso/salida a la ciudad y muchos coches quedaron inmovilizados en las calles con niños dentro. En la Meridiana la gente bajaba comida y bebidas para que la situación fuera más asumible y ofrecía sus hogares: sin duda una muestra de inmenso cariño tan propio de Barcelona.

Fui a La Rambla y a plaza Catalunya: pocas veces en mi vida he sentido tanta emoción como viendo cómo nos abrazábamos y nos consolábamos sin acertar a darnos respuesta a lo que había pasado. Pudimos ir viendo posteriormente las imágenes del momento del terror, familias destrozadas en un lugar donde minutos antes disfrutaban de unos momentos de plena  felicidad.

Los cuerpos de seguridad, personal del mundo sanitario, taxistas, comerciantes, voluntarios...toda la ciudadanía sin distinción intentó ayudar en el contexto de la tragedia. También pedí en la carta que no se hiciera uso político del atentado, lamentablemente no ocurrió así y hubo gente que no entendió el abrazo en Rubí del padre de Xavi, el menor fallecido -lo acompañaba un vecino también fallecido-, con el imán de la localidad, mostrando al mundo unidad y convivencia. Hay quienes ni siquiera en esas circunstancias evitaron el partidismo político y el barrer para casa.

Justo un año después se celebra un acto que debe ser de recuerdo emotivo de las víctimas y de apoyo a sus familiares, que también son víctimas. Barcelona seguirá mostrando que es abierta, acogedora y diversa y justamente eso es uno de nuestros orgullos.

Vinieran de donde vinieran, eran nuestros vecinos y así los recordaremos siempre. Que sea un acto sencillo, sin parlamentos políticos, bonito y de reivindicación de derechos humanos. Que la víctimas no se sientan solas ni en las emociones ni en el reconocimiento y atención de sus derechos. No les fallemos.

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