"Otra forma de mirar a los niños"

Varios niños juegan en el proyecto Concilia ubicado en la calle Erasme de Janer, en el barrio del Raval de Barcelona

Varios niños juegan en el proyecto Concilia ubicado en la calle Erasme de Janer, en el barrio del Raval de Barcelona / ANGEL GARCÍA

Cristina Gutiérrez Lestón

Cuando me invitaron a dar una charla de formación al equipo docente en la escuela Llor de Sant Boi, no imaginé el impacto que me causaría lo que vi durante el concurso de cocina a lo Masterchef que se realizó después, real y auténtico, pues incluso estaba Pepe Rodríguez de jurado.

Mientras paseábamos por las nueve mesas, me fijé en cómo, antes de empezar, todos los profesores miraban cada uno de los ingredientes como si fueran una maravilla, algo digno de admiración, pues la cebolla, el ajo, las fresas, la piña, el queso o las especias más extrañas eran un mundo lleno de posibilidades ante sus ojos, listos y preparados para crear el plato más exquisito posible.

No puedo olvidar sus miradas abiertas, llenas de curiosidad y sorpresa, con ganas de ponerse en acción para crear algo juntos y en equipo. Y en todos y cada uno de ellos, había una sonrisa de ilusión. En ese instante pensé, ¿qué pasaría si los ingredientes fueran niños? ¿Qué pasaría si a un niño lo mirásemos como ellos están haciendo ahora mismo, como algo maravilloso lleno de posibilidades?

Aunque no nos guste la cebolla y nos deje mal olor en las manos tras manipularla, ese día no vi rechazo sino la ilusión por un propósito mayor, conseguir hacer algo grande con ella. Sí, hay niños que son cebollas. Los hay también que son como el queso azul, fuerte e intenso. Hay las fresitas que a todos nos encantan porque son fáciles y sabrosas. Y están las especias extrañas, con las que no sabemos muy bien qué hacer hasta que llega Pepe y con un pellizco cambia el gusto del plato, de la vida, del mundo.

Cada niño y niña es un ingrediente de esa mesa cuidadosamente dispuesta. Todos diferentes, únicos y especiales, y creados para algo. Ahora solo hace falta que sepamos mirarlos como hicieron esos 70 docentes repartidos en nueve mesas llenas de magia y posibilidades, y que lo incluya alguna de esas leyes educativas que hacen nuestros políticos.

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