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Perros y gatos también sufren alergias

Perros y gatos también sufren alergias

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Vega S. Sánchez
Vega S. Sánchez

Periodista

Especialista en animales, plantas y curiosidades

Escribe desde Barcelona

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El verano acaba de empezar y hay alfombras de tipuanas y jacarandas en la mayoría de las calles de toda España. Los alérgicos al polen han sufrido (y sufren) las consecuencias de la floración de las plantas y la polinización de las mismas, aderezado todo con la contaminación y que apenas hay lluvias que limpian y purifican el ambiente.

Además, según estudios recientes, la temporada de alergias empieza 20 días antes, es 10 días más larga y tiene un 21% más de polen que en 1990.

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Con este panorama, hay que tener en cuenta que nuestras mascotas, sobre todo perros y gatos, también sufren alergia al polen. De hecho, estos animales domésticos sufren alergias que también padecemos los humanos, que mayoritariamente se pueden agrupar en tres grupos, dependiendo del grupo de alérgenos que los causan.

Alergia ambiental o atópica

Es la más conocida, puesto que es la más común en perros y gatos. Este grupo general se puede subdividir en dos: alérgenos al polen y alérgenos a los ácaros. Como sucede con los humanos, los signos de las alergias causadas por pólenes suelen aparecer esporádicamente durante el año, coincidiendo según la especie de planta productora en primavera o en otoño. Sin embargo, ácaros hay en cualquier casa, por lo que el animal que sea alérgico a estos insectos sufrirá de forma constante esta alergia. "Salvo que se le inoculen ácaros o polen, las llamadas autovacunas, para que se vaya sensibilizando" y su sistema inmunológico produzca defensas naturales que combatan esos alérgenos, asegura el doctor Xavier Roura, del servicio de Medicina Interna de Pequeños Animales del Hospital Clínic Veterinari de la UAB. Los signos más habituales en que se manifiesta la alergia al polen o a los ácaros son el picor y el enrojecimiento de la piel. Sin embargo, es probable que lo que realmente se vean sean las lesiones causadas por el rascado o infecciones secundarias de hongos o bacterias que aprovechan la inflamación y la bajada de defensas de la piel del animal para instalarse en ella y causarle daños epiteliales y aumentar el prurito (el escozor o picazón) en el animal.

Alergia a picaduras

Perros y gatos suelen ser muy alérgicos a la picadura o la saliva de algunos insectos: pulgas y garrapatas son grandes enemigos de nuestras mascotas. Además, si una garrapata o una pulga parasita a un perro o a un gato y este tiene alguna enfermedad, cuando succiona su sangre también succiona el virus o la bacteria que le causa esa enfermedad, por lo que se lo puede transmitir al próximo animal o ser humano que parasite. Es decir, pulgas y garrapatas pueden transmitir enfermedades graves, tal y como explica la doctora Ana Ríos, responsable del servicio de dermatología del Hospital Veterinario Puchol. Es por ello por lo que conviene llevar a nuestra mascota correctamente desparasitada para intentar evitar así el contagio de enfermedades sistémicas por parte de ectoparásitos. Sin embargo, y al contrario de lo que ocurre con las alergias al polen y a los ácaros, "no son alergias que se mantengan de forma crónica", asegura Roura. "La más común es la alergia a la picadura de la pulga, porque es un insecto que vive todo el año", matiza Roura.

Alergias alimentarias

Algunos animales también pueden tener alergias alimentarias, aunque se trata de "la alergia menos común y la más difícil de detectar", matiza el doctor Roura. Si tu perro o tu gato tiene una alergia alimentaria, lo más habitual es que sea a algún tipo de proteína de alimentos como la leche, la carne de ternera o pollo, el trigo, los huevos, el pescado o, incluso, la soja. En general, se puede afirmar que los alimentos más susceptibles de causar una alergia o intolerancia son aquellos con un contenido proteico mayor, y que son consumidos con mayor frecuencia. El problema es que, para detectar este tipo de alergias, "los análisis de sangre son orientativos, pero no son fiables al cien por cien", continúa el doctor Roura. La fórmula para detectar esta anomalía es la del ensayo-error: "Dar una dieta hidrolizada y en dos o tres semanas, si el animal ha mejorado, volver a la dieta inicial, para ver si es eso". O, algo más barato, "recurrir a una dieta de exclusión: si no ha comido nunca pescado, por ejemplo, se le da a comer pescado y patatas y se descarta la proteína a la que es alérgico", asegura. La forma en que se manifestará la alergia será, una vez más, como en los humanos: con vómitos o diarreas en los casos más extremos (y con una ingesta más elevada) o picores y enrojecimiento de la piel. Aproximadamente un 10% de los perros y hasta un 30% de los gatos que presentan una alergia o intolerancia manifiestan además síntomas gastrointestinales (vómitos, diarreas).

Alergias multifactoriales

Hay que tener claro, además, que la mayoría de reacciones alérgicas son multifactoriales, es decir, pueden estar causadas por diferentes alérgenos de diferentes grupos. Lo cual significa que un perro o un gato diagnosticado con alergia ambiental debe cuidar su alimentación y su desparasitación externa para evitar sumar otras alergias.

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