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Moscas contra los franceses | + Historia

Este viernes es Sant Narcís, patrón de Girona. Se le suele representar siempre rodeado de moscas, porque estos pequeños insectos fueron los protagonistas de un milagro bélico que todavía es recordado en la ciudad.

Imagen de Sant Narcís, rodeado de moscas

Imagen de Sant Narcís, rodeado de moscas / DESCONOCIDO

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Xavier Carmaniu Mainadé
Xavier Carmaniu Mainadé

Historiador

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Este viernes es fiesta grande en Girona porque se celebra Sant Narcís, su patrón, famoso por poner al servicio de la ciudad su enjambre de moscas que ha volado a rescatar a los gerundenses siempre que los franceses les han ido a tocar las narices. Todo empezó en 1285.

Ese año, el rey Felipe III el Atrevido quiso conquistar los territorios de la Corona de Aragón. Todo había empezado cinco años antes, cuando la curia escogió a un nuevo papa de nombre Martín IV y de origen francés. Como no podía ser de otra forma, desde Roma el pontífice quiso ayudar a su compatriota a expandir los dominios galos.

La excusa para hacerlo posible llegó en 1282 cuando Pedro II el Grande, conde de Barcelona y rey de Aragón, recuperó Sicilia que había sido ocupada por los franceses. El interés por la isla le venía por parte de esposa, porque estaba casado con Constanza de Sicilia, legítima heredera al trono y más después de que los de Felipe III hubieran asesinado a su padre. Por tanto, Pedro se convertiría en rey de Sicilia.

Entonces el rey de Francia recurrió al poder papal. Hay que tener en cuenta que en la Europa medieval, la institución eclesiástica tenía una influencia enorme, por eso tiene mucha trascendencia el hecho de que Martín IV excomulgara a Pedro el Grande y declarara la cruzada contra el conde de Barcelona. De hecho, en 1284, el papa coronó como nuevo rey de Aragón al hijo de Felipe III, Carlos de Anjou.

Mientras, Pedro el Grande seguía los hechos tranquilamente desde casa y les hizo saber que si lo querían expulsar del trono tendrían arrebatárselo. Y así fue como en 1285 la cruzada se puso en marcha. En junio un despliegue de miles de soldados y caballos tan grande que nunca se había visto nada igual, se plantó a las puertas de Girona. El rey Pedro ordenó la resistencia a ultranza con el objetivo de desgastar a las tropas enemigas. Lo intentaron hasta el 5 de septiembre, cuando se marcharon pitando. Durante esos dos meses y medio los franceses saquearon todo lo que encontraron fuera de las murallas. Incluso la Colegiata de Sant Feliu, donde descansaban las reliquias de San Narciso. Y aquí es donde aparece la leyenda.

Se dice que cuando los malvados soldados de Felipe el Atrevido profanaron el sarcófago del santo, de su interior empezó a salir un enjambre de moscas que, con sus picaduras, causaron gran mortandad entre hombres y bestias. Las moscas, listísimas, solo iban a por los franceses, que huyeron pies en polvorosa.

Quizá la realidad de los hechos no sea tan entretenida como la leyenda, pero vale la pena saberla. Los alrededores de Girona, regados por cuatro ríos, eran (y son) una zona húmeda donde fácilmente aparecían aguas encharcadas. El hábitat idóneo para insectos transmisores de epidemias, que efectivamente es lo que causó numerosas bajas entre los acosadores. Además, dos días antes, el 3 de septiembre, la flota de Roger de Llúria derrotó, en el Golfo de Roses, a los barcos enviados por Francia a apoyar a las tropas terrestres. Por tanto, Felipe el Atrevido se había quedado sin efectivos y sin ayuda logística. La opción más inteligente era la retirada.

Cabe decir que en las primeras crónicas medievales la historia de las moscas no aparece. Solo se habla de castigo divino. Solo con el paso del tiempo que se fue confeccionando el relato que conocemos. La filóloga Anna Cortadellas ha estudiado el proceso de elaboración de la leyenda y ha llegado a la conclusión de que estaba inspirada en un relato de un autor del siglo VI llamado Casiodoro donde narraba el caso de una ciudad de Mesopotamia que sobrevivió al sitio gracias a la intervención de un obispo y su grupo de tábanos y moscas. Cortadellas ha confirmado que los relatos de Casiodoro eran conocidos en la Catalunya de la edad media, por tanto, debería ser fácil a través de la transmisión oral, que se produjera una adaptación a la gerundense para explicar los hechos históricos que se habían producido el verano de 1285.

La leyenda hizo tanta fortuna que desde entonces, cada vez que las tropas francesas se acercaron a las murallas, los gerundenses corrían a rezar a su patrón para que llamara a filas a todas las moscas habidas y por haber.


Las tropas de Napoleón

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Girona era una plaza muy codiciada por los franceses cada vez que realizaban incursiones en tierras catalanas porque era un punto de paso vital para llegar a Barcelona. Esto explica que fuera atacada en 1653, 1675, 1684, 1710 y durante 1808-9 por las tropas de Napoleón. En aquella ocasión, Sant Narcís incluso fue nombrado Generalísimo del Ejército.

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