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El nuevo paradigma del automóvil

Automobile Barcelona abrirá sus puertas la próxima semana. El salón servirá para que las marcas, un total del 23, expongan sus modelos y presenten sus novedades, pero también para debatir sobre los retos de la nueva movilidad. Un nuevo paradigma al que se enfrenta la industria del automóvil que, aún sin haberse recuperado de los efectos de la pandemia, lida con otros desafíos. José López-Tafall, director general de Anfac, y David Ortega, profesor de EADA Business School, hablan de ellos.

El nuevo paradigma del automóvil
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José López-Tafall y David Ortega

Segundo sector industrial de España, el sector del automóvil representa el 8% del PIB y supone el 9% del empleo sobre la población activa. La pandemia también pasó factura al sector, con una caída de las matriculaciones de turismos del 32,4% el año pasado. Ya en este 2021, el acumulado del año registra, comparado con el mismo periodo de 2020, una subida del 12%, pero si se compara con 2019, las ventas caen un 33%. Esta reducción responde en parte a la caída de la producción por la escasez de microchips, que está parando las fábricas de coches de todo el mundo, pero también a la situación derivada de la pandemia, que aún no se ha terminado. Además, el sector vuelve a percibir incertidumbre en los consumidores al respecto de qué coche comprar, ahora por la posibilidad de mayores restricciones a las tecnologías. Son los retos de la nueva movilidad.

Electrificación y renovación

José López-Tafall. Director general de Anfac

La transformación de la industria de la automoción, patente en las fábricas, carreteras y en el mercado, nos dirige hacia un nuevo modelo de movilidad más sostenible, eficiente, accesible y segura. Es una oportunidad, pero también un gran reto. No solo hemos de afrontar la cuestión de desarrollar y poner en el mercado vehículos cada vez más sostenibles, sino que nos enfrentamos al reto mayúsculo de un cambio de mentalidad. El ciudadano es el centro de este cambio, es el que, con sus acciones y decisiones, está definiendo la movilidad del futuro. Y este ciudadano entiende la intermodalidad, el uso compartido de los vehículos y la protección del medio ambiente como claves de este horizonte.

No solo el ciudadano define, el regulador también es prescriptor y está marcando el paso. El contexto de la transformación está marcado por la descarbonización y la digitalización como ejes de la economía a 2050 y sobre todo, como claves para la recuperación pospandemia. Pero el entorno de baja demanda de vehículos y de incertidumbre está condicionando la renovación del parque.

El sector ha demostrado su compromiso con los objetivos climáticos. No en vano, es de lejos el primer inversor de la UE en I+D. Gran parte de inversiones se concentran en la búsqueda de la reducción del impacto medioambiental, mejorando las tecnologías existentes y apostando por tecnologías alternativas donde la electrificación se ha posicionado a la cabeza, habiendo pasado a lo largo de la última década de una oferta comercial muy limitada, en número y prestaciones, a disponer en la actualidad de más de 140 modelos en constante crecimiento y mejora. El sector está liderando e impulsando este cambio. Sin embargo, la demanda de estos vehículos no se corresponde con la oferta y suponen, en los ocho primeros meses de 2021, tan solo el 6,5% de la cuota de nuevos turismos matriculados. Estas cifras nos sitúan a gran distancia de los objetivos climáticos y de la tendencia seguida por los principales países productores. 

El parque automovilístico español ha seguido envejeciendo en 2020 hasta llegar a los 13,1 años de antigüedad

Como avanzaba, la descarbonización del parque para 2050 no solo necesita que se vendan más vehículos cero y bajísimas emisiones sino, además, eliminar de las carreteras los vehículos más viejos y contaminantes. No vamos en esa línea. Durante 2020 el parque automovilístico español ha seguido envejeciendo hasta los 13,1 años de antigüedad, cuando la media europea es de 10,8 años. Tenemos uno de los parques más viejos del continente. 

La pandemia ha sido un fuerte condicionante que ha retenido el mercado de vehículos nuevos, con una caída del 32% en 2020, pero es que estamos hablando de una tendencia de envejecimiento que empeora desde hace más de 10 años. La situación actual de incertidumbre ha hecho que aumente la compra de vehículos de ocasión o de segunda mano. Solo en el último año, se han vendido en España más de 1,1 millones de vehículos de más de 10 años. Es decir, que por cada vehículo nuevo matriculado en 2020, se vendió 1,3 vehículos de alta antigüedad, que emiten un 30% más de CO2 y más de un 85% de emisiones contaminantes que sus homólogos actuales.

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Desde Anfac planteamos el achatarramiento de 19 millones de vehículos antiguos a lo largo de la próxima década

La renovación del parque y la electrificación son dos pilares fundamentales para lograr la descarbonización de nuestro transporte por carretera y el objetivo de 3 millones de turismos electrificados en 2030 como plantea el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima. Desde Anfac, creemos que es posible alcanzar este objetivo y apostamos por estos dos pilares y un escenario objetivo y constructivo que permita mantener nuestra competitividad industrial, capacidad de innovación y empleo. Para ello, planteamos el achatarramiento de 19 millones de vehículos antiguos, a lo largo de la próxima década, y su sustitución por 14 millones de vehículos nuevos de cero y bajas emisiones, para reducir a 9 años la edad media del parque.

Para ello, debemos trabajar en tres grandes puntos: mejoras puntuales de la eficiencia de los planes de incentivo, medidas fiscales que impulsen al vehículo electrificado y potenciación del desarrollo de la infraestructura de recarga eléctrica en cantidad, calidad, capilaridad suficiente.

La movilidad del futuro y la reducción de la huella medioambiental están en juego. Es un momento clave para afrontar un gran cambio, conocemos el marco, las herramientas y los agentes involucrados, ahora debemos alinearnos y cumplir, realmente, los objetivos planteados. El futuro no solo está en las manos de la automoción, el compromiso y trabajo ha de ser de todos. Es tiempo de actuar y mostrar que, aunque el objetivo es exigente, lo podemos alcanzar.  

¡No quiero ser propietario!

David Ortega. Profesor de EADA Business School y consultor en movilidad

El impacto de la pandemia nos ha permitido ver los efectos a corto y a largo que puede tener la movilidad en nuestras vidas. La crisis ha actuado como un acelerador en el cambio de hábitos de los usuarios de las diferentes modalidades de transporte, tanto privado como público, individual o colectivo.

Hemos podido comprobar cómo el transporte público se ha visto seriamente afectado con caídas importantes cercanas al 50% y una lenta recuperación en detrimento de un mayor uso del vehículo privado y de las nuevas fórmulas de vehículo compartido ('sharing') como alternativas a los medios de transporte convencionales.

El ciudadano demanda mayor flexibilidad, tanto en el uso como en la contratación, más allá de la compra de un vehículo

En este nuevo entorno, el ciudadano se ha visto en la tesitura de demandar mayor flexibilidad a la movilidad privada, tanto en el uso como en la contratación, más allá de las fórmulas ligadas a la propiedad de un vehículo y los costes asociados (financiación a largo plazo, reparación y mantenimiento, seguros, etc…). La introducción de estos nuevos modelos de suscripción similares al Netflix de los coches, modalidad a caballo entre el alquiler tradicional y el 'rentin' o 'leasing' a largo plazo, abre nuevas posibilidades de futuro como la posible contratación de otro tipo de servicios relacionados con la movilidad (acceso a sistemas de recarga, combinación de vehículos, etc.)

El sector está sufriendo una transición acelerada hacia el vehículo conectado, compartido, sostenible y autónomo, incrementando las dudas en los posibles compradores a la hora de elegir la tecnología más adecuada en cada caso, además de añadir el riesgo de obsolescencia asociado (cambio en normativas de emisiones, nuevas tecnologías asociadas a las baterías y métodos de propulsión, etc)

Por otro lado, la caída drástica en el número de nuevas licencias de conducción limita seriamente el acceso a nuevos vehículos en propiedad entre los 'millennials'. Este cambio de hábitos, ligado a la dificultad de acceder a la compra de un nuevo vehículo y el retraso en la incorporación al mundo laboral con un trabajo estable, ha llevado a los potenciales usuarios a usar fórmulas alternativas para desplazarse.


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La mayor incertidumbre asociada al cambio frecuente de carreras profesionales, con etapas más cortas, variaciones en la posición dentro de la empresa y cambios de ubicación geográfica, pueden reducir el deseo de acceder a un vehículo de propiedad. Además, la pandemia ha impulsado el teletrabajo y/o los posibles cambios de residencia, reduciendo la necesidad del desplazamiento diario al trabajo.

La nueva movilidad va a evolucionar rápidamente del vehículo o coche como servicio ('car as service') a la movilidad bajo demanda ('mobility on demand') o como servicio ('mobility as a service'). La clave pasa por el impulso de las plataformas de transporte multimodal que sean capaces de conectar el trasporte público o colectivo con el trasporte privado o individual en las ciudades. Gracias a la tecnología el usuario puede priorizar su desplazamiento urbano en términos de tiempo, coste y número de medios de transporte involucrados, como ya ocurre en la planificación de los viajes o el transporte de largo recorrido.

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