Entender + con la historia

300 (y unos cuantos más)

La historia no hace vacaciones y el mes de agosto nos ofrece algunas efemérides destacables, como la de la batalla de las Termópilas. Últimamente el cómic y el cine han continuado su proceso de mitificación, que viene de lejos

Monumento en memoria de Léonidas obra de Vasos Falieras.

Monumento en memoria de Léonidas obra de Vasos Falieras.

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Xavier Carmaniu Mainadé
Xavier Carmaniu Mainadé

Historiador

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El tópico dice que en verano no pasa nada, como si el mundo se detuviera por vacaciones. Seguro que los compañeros de deportes, entre los JJOO y el adiós de Messi, no opinan lo mismo. Y es que en realidad la vida sigue y no entiende de calendarios, ni ahora ni antes, incluso mucho antes. Durante el mes de agosto de 480 a.C. se produjo uno de los episodios bélicos más famosos de la historia.

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Hace unos días contábamos cómo los atenienses habían enviado a casa a los persas tras ganar en Maratón. Pero si uno es emperador, no se deja amedrentar a la primera, y Darío I empezó a preparar un nuevo ejército para vengar la derrota. No lo consiguió porque murió antes. Su hijo, Jerjes, heredó el trono y las ganas de acabar con los griegos.

Todavía hoy los historiadores no tienen claro cuántos soldados movilizó, pero los últimos estudios hablan de unos 200.000 hombres. Sí, un barbaridad, pero es que los persas no querían volver a hacer el ridículo como en Maratón.

Mientras, las ciudades griegas formaron una alianza que reunió a unos 7.000 efectivos. Se repartieron el trabajo: los atenienses zarparon para combatir en el mar y los espartanos lideraron el contingente terrestre, y se dispusieron a parar al enemigo en las Termópilas.

Aquel era un enclave geoestratégico de vital importancia porque era el único paso que entonces había desde el norte para avanzar hacia el sur de Grecia. Ahora la zona ha cambiado, pero hace 2.500 años era un paso estrecho que podía ser bloqueado con cierta facilidad por un ejército no demasiado numeroso. Y allí se colocaron los hombres enviados desde diferentes polis, liderados por 300 espartanos, que fueron los que acabarían llevándose la fama en toda esta historia.

Los persas se pasaron cuatro días esperando a que los griegos se asustaran al ver su gigantesco ejército y se rindieran, pero como no abandonaban, en la quinta jornada iniciaron el ataque. Sin embargo, por más soldados que Jerjes enviaba al choque, la agresión era repelida. Finalmente, al cabo de dos días, un traidor griego indicó un camino a los persas por donde superar la resistencia helena. Jerjes los rodeó y una parte de los griegos inició la retirada. En el imaginario popular ha quedado la idea de que los únicos que quisieron resistir fueron los espartanos. Tanto la novela gráfica ‘300’, de Frank Miller, como la adaptación cinematográfica de Zack Snyder –ambas de fantástica factura pero llenas de imprecisiones históricas– han ayudado a perpetuar este relato.

Lo que pasó realmente sigue siendo motivo de discusión entre los estudiosos. Efectivamente los espartanos, liderados por Leónidas, se quedaron. Pero no fueron los únicos. También había soldados de otras polis. La duda es si esa actitud era solo un acto de heroísmo y honor o perseguía algún objetivo. Todo hace pensar que Leónidas quiso ofrecer resistencia para retrasar el avance persa y dar tiempo a los demás griegos a resguardarse. Si no les hubiera hecho frente, la caballería de Jerjes los habría masacrado a campo abierto.

Sabedores de que les esperaba una muerte segura, Leónidas y sus hombres se lanzaron contra un ejército de 10.000 persas con una sola misión: matar a tantos enemigos como fuera posible antes de perder la vida. Primero lucharon con lanzas y, cuando se les rompieron, continuaron combatiendo cuerpo a cuerpo con espadas cortas. Según cuenta el historiador griego Heródoto, Leónidas fue abatido por las flechas de los arqueros. Los espartanos intentaron recuperar el cadáver de su líder para rendirle honores, pero los persas se apropiaron de él. Jerjes ordenó decapitar y crucificar el cuerpo sin vida como un último acto de humillación al derrotado. Prácticamente todos los combatientes griegos terminaron muriendo.

Esta vez parecía que los persas por fin se harían dueños y señores de la península helena, pero los griegos no habían dicho la última palabra. Refugiados en Corinto y con la flota intacta, se enfrentaron y derrotaron a las tropas de Jerjes por tierra y mar en las batallas de Salamina, Platea y Sicilia.

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A partir de ese momento comenzó la hegemonía helena y también el proceso de mitificación de la batalla de las Termópilas, una derrota que para los griegos era más grandiosa que ninguna victoria.

Escenario bélico

Después de aquella primera batalla, las Termópilas han sido escenario de otros episodios bélicos a lo largo de la historia. El último fue en 1941, durante la Segunda Guerra Mundial. En ese caso los resistentes fueron los aliados, que se enfrentaron a la invasión nazi para dar tiempo a asegurar la retirada de la retaguardia y minimizar las bajas.