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Niños prodigio que han hecho historia

Estos días se ha conocido la noticia de que un chaval de 11 años ha terminado una carrera universitaria. Es un caso excepcional pero no único, porque a lo largo de la historia ha habido muchos otros niños prodigio

Laurent Simons, el niño belga que ha acabado la carrera de Física en solo nueve meses.

Laurent Simons, el niño belga que ha acabado la carrera de Física en solo nueve meses. / Afp / Robin Van Lonkhuijsen

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Xavier Carmaniu Mainadé
Xavier Carmaniu Mainadé

Historiador

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Laurent Simons ha terminado la carrera de Física en la Universidad de Amberes. Nada extraño cuando llega el verano y muchos alumnos de todo el mundo completan sus licenciaturas, si no fuera porque solo tiene 11 años. Es un niño prodigio belga que comenzó la secundaria a los seis y a los nueve se matriculó en Ingeniería Electrónica, carrera que abandonó para cursar Física.

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De vez en cuando los medios nos ofrecen noticias sobre casos extraordinarios de chicos con coeficientes intelectuales muy superiores a la media y con habilidades no solo increíbles para niños de su edad sino también para muchos adultos. En algunos casos, cuando crecen se incorporan a la vida laboral o académica y se les pierde la pista, pero algunos de ellos acaban escribiendo algunas de las páginas más brillantes de la historia.

Es habitual que muchos destaquen en la inteligencia matemática y sean unos fuera de serie en el campo de los números. Uno de los más conocidos es el caso de Blaise Pascal. Nacido en 1623, era hijo de un funcionario de hacienda del Estado francés que, al darse cuenta de las cualidades del chico, se ocupó personalmente de su formación y lo encaminó hacia el dominio del álgebra. Cuando sólo tenía 11 años ya asistía a reuniones científicas en París, y pudo tener contacto con las mentes más privilegiadas de la Francia del siglo XVII. A los 15, su padre fue nombrado jefe de recaudación de impuestos de la región de Normandía. Blaise, que tenía ganas de echarle una mano con su nuevo trabajo, inventó una máquina de calcular que ha pasado a la historia como la pascalina. Inicialmente el aparato permitía hacer sumas automáticamente, pero trabajó muchos años en él y también logró incluir la función de restar cantidades. Ahora que cualquiera de nuestros teléfonos lleva incorporada una calculadora, esto nos puede parecer algo muy simple pero, en realidad, se trata de los primeros pasos de lo que acabaría siendo la computación. Más allá de este episodio, se dedicó a resolver problemas tanto de física como de matemáticas y abrió caminos a otros genios posteriores como Leibniz, que pudo desarrollar el cálculo infinitesimal.

En el mundo de la música, los niños prodigio también han estado muy presentes. El caso más archiconocido es el de Wolfgang Amadeus Mozart. Precisamente por eso, cuando Félix Mendelssohn, nacido en 1809, empezó a hacer conciertos en Berlín cuando solo tenía nueve años, lo bautizaron como el segundo Mozart. A los 11 ya había creado una opereta cómica, una sonata y una cantata. A los 14 era tan reconocido que ya tenía su propia orquesta, y a los 24 compuso su cuarta sinfonía, conocida como la ‘Italiana’, considerada uno de los hitos de la historia de la música del siglo XIX.

Tampoco hay que ir tan lejos para encontrar compositores precoces. Isaac Albéniz, nacido en Camprodon en 1860, debutó a los cuatro años y a los ocho pudo ingresar al conservatorio. Junto con Enric Granados fue el gran referente del llamado nacionalismo musical. Basta con escuchar la ‘Suite Iberia’ para darse cuenta de la gran calidad de su producción.

En esta nómina de músicos también se puede incluir a Daniel Barenboim, que hizo los primeros recitales a los siete años; la misma edad que tenía Lorin Maazel cuando debutó como director de orquesta. Pero tampoco es patrimonio exclusivo de la clásica. Harry Connick Jr. a los seis años hacía conciertos y a los 10 ya había grabado un disco; Herbie Hancock debutó a los 11 y a los 12 Stevie Wonder inició su carrera profesional.

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Evidentemente también ha habido niñas prodigio, pero de la misma manera que en general ellas han tenido y tienen muchas menos oportunidades para conseguir el máximo reconocimiento a nivel académico y profesional, las especialmente talentosas también han quedado marginadas hasta hace relativamente poco, salvo casos contados como el de la arpista Clotilde Cerdà, que a los 14 años hacía giras por México y Japón; o la pianista Clara Schumann, que a los nueve actuaba en Leipzig. No nos olvidamos de ellas. Al contrario. Les reservamos un artículo entero para darles la visibilidad que se merecen.

¿Cuándo se considera prodigio a un niño?

El fenómeno de los niños prodigio ha sido objeto de estudio y los especialistas afirman que se puede utilizar el término cuando un niño menor de 10 años domina uno o más campos científicos de la misma manera que lo haría un adulto. Hay tanto niños como niñas prodigio. La diferencia es que a ellas no se les dan tantas oportunidades para demostrar su talento.