Entrevista

Joan Coscubiela: "Nuestra sociedad ha endiosado la propiedad privada"

Alejado de la política institucional y de la actualidad, el sindicalista y exdiputado ha invertido el año del coronavirus en escribir 'La pandemia del capitalismo' (Península), donde se atreve a plantear una salida a la crisis actual. Su propuesta de un "nuevo pacto civilizatorio" deja atrás las clásicas etiquetas de la izquierda y toma el nombre de "capitalismo de los bienes comunes".

Joan Coscubiela, autor de ’La pandemia del capitalismo’. 

Joan Coscubiela, autor de ’La pandemia del capitalismo’.  / ELISENDA PONS

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No queda claro si apuesta por regenerar el capitalismo o por construir algo nuevo.

La paradoja que vivimos es que el capitalismo es el único sistema socioeconómico que existe pero tiene una capacidad destructiva brutal. Tenemos que construir un nuevo pacto global civilizatorio.

¿Para cambiar el sistema o para reformarlo?

Esta dicotomía no existe. La historia de la humanidad son grandes convulsiones que se acaban trasladando en procesos de reforma. Yo no veo en estos momentos una explosión del sistema, lo cual no quiere decir que no se produzca.

"Volver a hablar de comunismo o de socialismo me parecía forzado"

Habla del "capitalismo de los bienes comunes".

Me disculpo por usar este nombre, pero no sabía cómo llamarlo. Volver a hablar de comunismo o de socialismo me parecía forzado.

¿Por qué?

¿Qué quiere decir socialismo en un sistema de mercado? El capitalismo de los bienes comunes pone de manifiesto la necesidad de reequilibrar el mercado y la sociedad, la economía y la política, el papel del Estado y el sector privado y abordar el tema de la deuda, que es el gran conflicto social del siglo XXI. En el mundo hay 300 billones de dólares en activos líquidos, aparte del patrimonio inmobiliario, buscando rentabilidad.

¿Es partidario de limitar la renta máxima?

Creer que la realidad se modifica a golpe de ley es una cierta ingenuidad. Nuestra sociedad ha endiosado la propiedad privada. Hay que parar el proceso brutal de desigualdad de la riqueza y una de las maneras es a través de una fiscalidad muy fuerte, tanto sobre el patrimonio como sobre las sucesiones y donaciones.

A veces se protege más la propiedad privada que la vida, escribe.

La ideología propietarista convierte la propiedad privada en un derecho ilimitado y el bien fundamental a proteger. Por ejemplo, el pluralismo es una exigencia de todos los medios de comunicación, no solo los públicos. Que sean privados no quiere decir que no tengan obligaciones constitucionales.  

"La imagen de un tipo lanzando una botella rodeado de 30 periodistas es peligrosísima. Los medios pueden hacer mucho daño"

En el libro apenas menciona la crisis de la vivienda y los desahucios como fuente de desigualdad.

Hace 20 años que tengo escrito que el derecho a al vivienda es un derecho fundamental a proteger. 

Se lo pregunto porque hay una ley catalana que regula los alquileres que está recurrida y una ley de vivienda que enfrenta a los socios de Gobierno.

No he escrito un libro sobre la coyuntura actual, sino algo que, modestamente, pueda leerse dentro de un tiempo. Muchas cosas que ahora se debaten corren el riesgo de que nadie se acuerde de ellas. Y no hablo del derecho a la vivienda, sino de esta ley en concreto. La actualidad me interesa cada vez menos.

Frente a este Leviatán hay quien quema contenedores.

Primero, no hay que hacer interpretaciones simples; segundo, esto no es una novedad; tercero, hay que intentar explicarnos las razones; cuarto, no hay que justificarlo; quinto, no hay que vincularlo a la juventud. Y algo importante: los medios de comunicación deberían plantearse si quieren ser un pilar de la democracia o su carcoma. 

¿Por qué lo dice?

La imagen de un tipo lanzando una botella rodeado de 30 periodistas es peligrosísima. Los medios pueden hacer mucho daño.

"Estamos en un momento de epidemia nihilista. Se ha instalado una cultura casi psicopática"

Dice haber visto falta de empatía por parte de los jóvenes en la pandemia.

Estamos en un momento de epidemia nihilista. Vivimos un individualismo exacerbado y se han perdido los vínculos comunitarios. Se ha instalado una cultura casi psicopática y una parte de los jóvenes, pero no solo ellos, entra en esta lógica.

Habla del espíritu federal pero ya no en un sentido territorial sino en el de gobernanza, de cooperación entre distintos niveles de gobierno.

De la crisis deberíamos salir con un reforzamiento de los espacios comunes, entre ellos los del gobierno de la política. Pero para que sean útiles tienen que funcionar a un nivel superior al del estado-nación, que al fin y al cabo solo tiene 200 años de historia. Antes existía la tribu, la familia, la religión…

También defiende la centralidad del trabajo.

Es falso que vayamos hacia una sociedad donde el trabajo desaparece. Todas las sociedades se han organizado sobre la forma de trabajo dominante en cada momento: la esclavista, la servitud, la mercantil, la industrial. La sociedad del futuro se articulará, incluso los derechos políticos, alrededor de la centralidad del trabajo, lo que pasa es que no sabemos cómo será.  

¿Qué es hoy la clase obrera?

Los trabajadores de la Seat, las mujeres de la limpieza, los riders… Es un concepto con una complejidad mucho mayor que al principio de la era industrial.

¿Los grandes sindicatos están a la altura de estos cambios?

Estamos frente a una crisis de todas las estructuras de mediación social: partidos políticos, medios de comunicación y también sindicatos. Lo viejo no acaba de jugar su función y lo nuevo a veces tiene más vicios que lo viejo. Las redes sociales tenían que ser sistemas de empoderamiento y mire en qué ha terminado el tecnooptimismo.

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Su libro tiene 83 notas a pie de página y solo 3 son de mujeres.

Es posible. Me temo que debe ser un sesgo mío. Es algo que me preocupa, así que repasaré las citas una por una para ver si en alguna podría haber citado a otras personas.