09 ago 2020

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LA VISIÓN DE LA 'GENERACIÓN Z'

La cara joven de los rebrotes

Botellones y aglomeraciones nocturnas a pesar de las restricciones han puesto a las nuevas generaciones en el ojo del huracán de la salud en Catalunya

Seis jóvenes de 16 a 23 años y de distintos perfiles opinan sobre el juicio al que están siendo sometidos: "Es injusto que se nos meta a todos en el mismo saco"

Manuel Arenas

Àngela, Marina, Àlex (arriba) y Mª del Mar, Dídac y Helana (abajo) opinan sobre el juicio al que se está sometiendo a los jóvenes por los rebrotes / ZML

Los jóvenes están en el punto de mira de la salud pública en Catalunya. No solo porque el perfil de nuevos contagios de covid-19 es cada vez de más corta edad, sino también porque las restricciones al ocio nocturno decretadas por la Generalitat para sofocar los rebrotes, las últimas de las cuales pasan por la prohibición generalizada del botellón con multas de hasta 15.000 euros y el cierre de discotecas, les interpela directamente.

Por un lado, los botellones y las aglomeraciones nocturnas que se siguen produciendo a pesar del incremento de ingresos hospitalarios por el virus han puesto a la ‘Generación Z’, la de los nacidos a partir de la mitad de la década de los 90, en el ojo del huracán. Por otro, existe en este grupo social el sentir mayoritario de necesidad veraniega de liberación después de meses confinados y maniatados. Y todo ello aderezado con el ingrediente explosivo del paro juvenil, tasa en la que España va a la cabeza de Europa.

En la conversación pública parece instalarse por momentos la presunción de culpabilidad de las nuevas generaciones, a las que se responsabiliza de los rebrotes de covid-19 por violar las restricciones en las calles catalanas. Pero ¿quién hay detrás del sujeto indeterminado "los jóvenes"? Y, lo más importante, ¿cómo se sienten y qué piensan tanto de las restricciones como del juicio al que están siendo sometidos?

Aunque como es habitual no hay unanimidades absolutas, sí las hay sobre determinadas conclusiones. Por ejemplo, sobre que los jóvenes no son los culpables de los rebrotes, o al menos no exclusivamente, y en que es injusto meterlos a todo en el mismo saco ya que, entienden ellos, la generalización desnaturaliza los distintos matices y realidades que conviven en el mismo sector social.

La falta de empatía adulta

Lo tienen muy claro Helena Montero (16 años), Dídac Espí (20 años), Marina Avilés (22 años) y Àngela Juárez (23 años). Todos ellos critican la criminalización exclusiva de los jóvenes, algo que por ejemplo a Àngela le "ofende muchísimo", y remarcan la falta de empatía "de los adultos que toman decisiones", sobre todo Dídac, especialmente por incluirles sin distinción en los botellones masivos y desbocados, un plan que ninguno de ellos defiende.

Sin embargo, estos cuatro jóvenes tienen visiones distintas en cuanto a las restricciones del ocio nocturno. Marina y Helena las defienden como forma de combatir la crecida de contagios; la segunda incluso iría más allá cerrando los bares en general porque antepone la salud a la economía. Dídac y Àngela, en cambio, son críticos con las medidas, que son "ridículas y represivas" a ojos del primero y "hacen mucho daño al sector" a juicio de la segunda.

Por su parte, Mª del Mar Riera (19 años) y Àlex Rovira (18 años) ni siquiera se dan por aludidos cuando se culpa a "los jóvenes" ya que, dicen, pese a su edad no se identifican con las actividades que se le atribuyen a ese grupo, ya que ninguno de los dos frecuenta ambientes nocturnos ni actos multitudinarios. Mª del Mar, de hecho, perdió a su abuela por el virus, lo ha superado en primera persona y ha tenido a su madre gravemente ingresada, situaciones que le han instalado el miedo en el cuerpo y la han concienciado intensamente.

Estos seis chicas y chicos, cada uno de ellos con una palabra en la mascarilla que define su actual estado anímico en relación a las restricciones y los contagios, son la cara joven de los rebrotes.

"Se nos interpela echándonos la bronca en vez de hacer pedagogía"

Marina Avilés

22 años

Marina Avilés (Mollet del Vallès, 1998) se acaba de graduar en Publicidad y Relaciones Públicas de manera muy diferente a como había imaginado: acabando la carrera en casa y con una ceremonia de graduación virtual, sin orlas, ni birretes, ni vestidos largos. “Ha sido un final más frío de lo esperado, pero algo positivo es que durante la pandemia la universidad ha sacado recursos gratuitos como cursos y charlas, y eso ha sido interesante”.

En el actual contexto de restricciones por los rebrotes, Marina se siente identificada con el adjetivo vulnerable: “Vas a remolque constantemente; me siento bastante confundida porque tengo planes cerrados con amigos este verano y moralmente me planteo si debo hacerlos o no”. De ahí su sensación de vulnerabilidad: nunca sabe dónde está la línea.

A pesar de esa inseguridad incesante, Marina se posiciona a favor de las actuales restricciones al ocio nocturno “porque están evitando aglomeraciones y botellones en parques y discotecas”, cosa que no le impide criticar que se esté interpelando a los jóvenes -“como echándonos una bronca permanente”- en vez de “hacer pedagogía y concienciar sin necesidad de utilizar el punto de vista punitivo, pues eso solo consigue que la gente se rebele”.

En ese sentido, la joven publicista alude a la “injusticia” de que en el discurso público que se ha instalado en la sociedad sobre la responsabilidad de los jóvenes se les meta a todos en el mismo saco. "Algo que mediáticamente ocurre especialmente en la tele: constantemente se dice que los jóvenes somos los culpables”, una condena que no cree que se corresponda con la realidad, al menos no exclusivamente, aunque sí asume que algunos jóvenes se han abonado al “bah, da igual”.

“Pero hay todo tipo de perfiles”, remarca esgrimiendo que en su grupo de amigos se dan debates sobre qué se debe hacer y qué no estos días; “hay jóvenes que están concienciados porque tienen familiares o seres queridos de riesgo”. Al hilo de esa reflexión, cita el caso de ella y su novio, quien tuvo que hacerse la prueba del covid-19 hace unas semanas porque un compañero de trabajo había dado positivo.

“Cuando lo supe, me confiné 15 días en mi cuarto”, señala apelando a la responsabilidad Marina, que este verano no tiene en mente salir de noche, ni siquiera a discotecas si se volviera a permitir, porque prefiere las reuniones de menos de 10 personas en casas de amigos.

La publicista Marina Avilés, de 22 años, ve "injusto" que se meta a todos los jóvenes en el mismo saco. / JOAN CORTADELLAS

"Cuando todo va mal, nos criminalizan; cuando va bien, nadie nos tiene en cuenta"

Dídac Espí

20 años

Dídac Espí (Santa Coloma de Gramenet, 2000) no es mucho de discotecas, pero sí frecuenta por las noches fiestas alternativas y raves. Es por ello que este joven activista, quien enfatiza su origen en los movimientos sociales de Santa Coloma desde los 12 años, opina que las actuales restricciones al ocio nocturno debido a los rebrotes “son ridículas”.

¿Por qué? “Porque me llevan a pensar en los jóvenes como el colectivo más criminalizado; siempre acabamos pagando el pato, y eso que no lo podemos pagar”, bromea. E ilustra su chanza con su propio ejemplo: está trabajando de camarero en un bar para costearse el grado de Educación Social, al cual prevé acceder cuando en septiembre realice las pruebas de acceso a la universidad tras haber finalizado segundo de Bachillerato.

“No solo la liamos los jóvenes: yo veo en la playa y en las terrazas incumpliendo a gente de todas las edades, aunque sí es cierto que seguramente los jóvenes seamos el sector mayoritario, ¿pero si no la lío ahora, cuándo la liaré?”, se pregunta Dídac, que asegura que él y sus colegas se buscan “las mil y una” para hacer lo de antes: “Estamos en el parque y, cuando viene la policía, les decimos que nos vamos y acabamos en casa de algún amigo echando un par de cervezas”.

El chico critica “el poder adulto”: para los políticos, para los adultos que toman decisiones, “no tenemos voz ni voto”, incide. “Siempre me ha parecido incoherente que los adultos decidan por nosotros sin tener en cuenta nuestras inquietudes”. "Nos criminalizan cuando todo va mal; cuando va bien, nadie nos tiene en cuenta”, clama Dídac, quien siente que le están metiendo en el mismo saco de quienes hacen botellones. Por ese motivo se siente identificado con la fórmula “(Ir)responsable”: “Yo creo que estoy siendo responsable, pero al parecer el resto de la sociedad no”.

“¿Irresponsables? En todo caso Torra cuando defiende a Catalunya como destino turístico con la que tenemos encima”, clama el veinteañero, quien además carga contra el ánimo “consumista” de las restricciones: “Tengo la sensación de que solo nos dejan salir a la calle si es para consumir: terrazas, compras… ¿Y qué pasa con los que nos gusta comer pipas y beber una cerveza en un banco sin tener que gastar en una terraza?”. “Más que como ‘nueva normalidad’”, concluye Dídac, “yo defino esto como la ‘nueva (sub)normalidad’, que es la misma normalidad pero con más represión y control”.

El estudiante y camarero Dídac Espí, de 20 años, critica la criminalización de los jóvenes por los rebrotes. / JOAN CORTADELLAS

"Me ofende muchísimo que se nos incrimine como culpables de la pandemia"

Àngela Juárez

23 años

Si en Catalunya se pudiera salir con seguridad a discotecas o pubs nocturnos, Àngela Juárez (Santa Coloma de Gramenet, 1997) tiene claro que lo haría. Especialmente a los de su ciudad, Santa Coloma, por tal de apoyarlos después de que la actual coyuntura económica los haya llevado al límite. “Estoy muy en desacuerdo con que todo el ocio nocturno esté cerrado porque se está haciendo mucho daño al sector; si las medidas fueran claras y universales, muchos locales podrían abrir”.

El padre de esta recién graduada en Biología es artista y, al actuar en distintos locales, también se está viendo afectado por la restricción. “Me cuenta casos de amigos que tienen pubs y no saben qué va a ser de su futuro y me da mucha pena”, lamenta Àngela.

A pesar de su apoyo al ocio nocturno, la bióloga no obvia que “hay jóvenes que han salido desbocados de casa y han hecho lo que han querido porque los botellones hacen mucho ruido”, lo cual no le impide criticar que se culpabilice injustamente a toda la juventud por igual de los actuales rebrotes.

Me ofende muchísimo que se nos incrimine como los culpables de esta pandemia, como si nosotros pusiéramos el virus en la calle, cuando yo he visto a mucha gente mayor sin mascarilla, escupiendo por la calle, incumpliendo las medidas: la irresponsabilidad está en todas las edades”, afirma Àngela.

De hecho, destaca la responsabilidad de las nuevas generaciones durante el confinamiento y la desescalada y entiende que haya quienes tienen más ganas que nunca de salir en verano -“porque hemos estado mucho tiempo metidos en casa”-, algo que a su juicio no justifica ni los botellones desenfrenados ni la criminalización generalizadora.

Como concepto que mejor define su estado anímico actual, Àngela cita nerviosismo, y ejemplifica el porqué: “Mi cumpleaños fue el pasado 25 de julio, invité a unos cuantos amigos a casa y hasta el último momento no supe si iba a poder celebrarlo o el señor Quim Torra me lo iba a prohibir”.

Con esa anécdota, la joven critica el hecho de que “debido a los constantes cambios normativos, las cosas nunca han estado claras”. “Ayer decían negro, hoy blanco, y mañana a saber. Eso nos ha desconcertado y ha generado una inseguridad jurídica de no saber ni qué se puede hacer ni qué va a pasar”. Y concluye: “Sin ir más lejos, ayer hablaba con una amiga ya del año que viene. ¿Podremos hacer unas vacaciones guais? No lo sabemos”.

La bióloga Àngela Juárez, de 23 años, se siente ofendida cuando se incrimna a los jóvenes. / JOAN CORTADELLAS

"No sé qué se le puede pasar a alguien por la cabeza para decir ahora 'me voy a la discoteca'"

Mª del Mar Riera

19 años

“Cuando ingresaron a mi madre, dejé de verla de un día para otro”. Lo dice Mª del Mar Riera (Mataró, 2001), estudiante de Medios Audiovisuales que ha sufrido un coronavirus de baja intensidad pero que, sobre todo, padeció la enfermedad cuando el su abuela falleció a causa del virus y cuando este golpeó a su madre, Tere Gómez, ingresada en marzo una semana en el Hospital de Mataró.

Mar no olvida esos duros momentos a la hora de decidir cómo actúa este verano de restricciones por los rebrotes: “La situación que he vivido en casa me ha generado miedo y eso me lleva a limitarme más; cuando salgo a la calle, me acuerdo de todo: ahora tengo más conciencia que alguien que no ha vivido la enfermedad en primera persona”.

Cuando habla de “limitarse”, lo hace en relación a las restricciones, las cuales ve lógico que se enfoquen sobre los jóvenes. "Somos el nuevo perfil de contagiado y veo mucha irresponsabilidad social de esa gente que hace botellones en las playas, aunque es cierto que no todos son jóvenes”, señala Mar.

Ella, asegura, no se identifica con muchos de los comportamientos de los jóvenes de hoy, en los cuales ve excesiva “despreocupación”. “En vez de salir de fiesta, yo soy más de mi familia, de mi casa, y de ir a bares y casas de amigos; si nunca me han ido mucho las multitudes, ahora menos”.

Uno de los hechos en los que más hincapié hace Mar es en que “el virus no se ha ido, sigue aquí a pesar de que ahora no estemos confinados”. Por ello, insiste en que “no sé qué se le puede pasar a alguien por la cabeza para decir ‘me voy a la discoteca’ en estos momentos”, y está preocupada “por esa gente que pasa de todo mientras yo estoy protegiéndome a mí y a mi entorno”.

Sobre las restricciones, Mª del Mar no duda: “Aunque sé que hay intereses económicos en juego, entre la economía y la salud lo tengo muy claro”. Es por eso que defiende el cierre del ocio nocturno en Catalunya: “¿Cómo no va a haber restricciones si no estáis respetando las normas?”, le pregunta retóricamente a los jóvenes, a quienes exige mayor comprensión, una palabra clave en este contexto a su juicio. “Si no se cumple por las buenas, tendrá que ser por las malas”, concluye.

La estudiante Mª del Mar Riera, de 20 años, está especialmente concienciada de las restricciones tras haber sufrido el virus. / JOAN CORTADELLAS

"A los jóvenes les han dado la mano y han cogido el brazo"

Àlex Rovira

18 años

Cuando se incluye a todos los jóvenes en el saco de los que incumplen las restricciones por los rebrotes del coronavirus, Àlex Rovira (Barcelona, 2002) no se da por aludido porque, pese a su corta edad, no se ve parte de ese saco. “No me siento atacado porque yo no estoy poniendo en riesgo a nadie y tengo la conciencia muy tranquila”, explica.

Recién estrenada la mayoría de edad, está convencido de que, desde la desescalada, los jóvenes han pecado de que “les han dado la mano y han cogido el brazo”. Aunque no todos, puntualiza, puesto que conoce casos de “jóvenes muy respetuosos”, Àlex sí ve en los más inexpertos el grupo social que con mayor intensidad ha infringido las normas sanitarias para detener el incremento de contagios.

“Estoy de acuerdo con que las restricciones se estén enfocando en el ocio nocturno, principal nido de rebrotes, y también con que sean los jóvenes quienes estén en el punto de mira, pues son quienes frecuentan esos ambientes”, sostiene Àlex.

A él, admite, no le gusta demasiado salir de noche, además de que encerrarse en casa estudiando no le deja tiempo para mucho más. Àlex estudia piano clásico, y, en vez de presentarse a las pruebas de acceso a la universidad, ha concurrido -tras dos meses “en el limbo”, telemáticamente, debido al covid- a las de una escuela de música de Viena, “donde el nivel educativo es más alto y hay más oportunidades laborales”, hacia donde partirá en septiembre. “Me han preguntado mucho si me atreveré a irme a pesar del covid… Pues sí, sí que me atreveré porque es algo que tengo claro desde hace tiempo”.

Àlex habla de la incertidumbre como la palabra que mejor le define actualmente, en esencia por “la improvisación constante y el no saber qué ocurrirá en 15 días”, una responsabilidad que le achaca a “quienes deben protegernos y han estado improvisando en su gestión y promoviendo esa incerteza”. Esa sensación le tiene permanentemente en vilo dado que va mirando en todo momento cómo pueden afectar los rebrotes a su periplo austriaco de cara a mediados de septiembre.

Ese es su horizonte: “La idea es no divertirme ahora para poder disfrutar en septiembre si los rebroten disminuyen”, subraya.

El estudiante de piano Àlex Rovira, de 18 años, cree que a los jóvenes "le han dado la mano y han cogido el brazo". / JOAN CORTADELLAS

"Hemos estado encerrados mucho tiempo y ahora necesitamos hacer vida de verano"

Helena Montero

16 años

El tema está muy presente en las conversaciones que se mantienen estos días en el numeroso grupo de amigos de Helena Montero (Les Franqueses del Vallès, 2004). Son unos veinte adolescentes que, cuando este verano se juntan en la piscina, discuten sobre las medidas derivadas de los rebrotes por covid-19 que la gente, algunos de ellos incluidos, incumple.

“En general, yo estoy de acuerdo con las restricciones al ocio nocturno. Incluso estaría a favor de cerrar otros sitios como los bares: aunque se pierda dinero, si quieren parar los rebrotes tienen que anteponer la salud”, afirma Helena.

La estudiante, que cumplió los 16 años en pleno confinamiento y acaba de terminar la ESO para empezar en septiembre Bachillerato, entiende que las restricciones por los rebrotes apunten hacia los jóvenes. “Somos los que más vida social tenemos y los que hacemos aglomeraciones”. Sin embargo no le parece justo que el peso solo recaiga sobre ellos: "Yo también veo a gente mayor que incumple”.

Ella, por ejemplo, no es mucho de salir por las noches, sino más bien de hacer planes tranquilos con sus colegas. Más ahora, cuando los botellones a los que decenas de jóvenes acuden le parecen algo “innecesario y no urgente”, de modo que comprende las multas que ha anunciado el Govern para estos actos, si bien considera que “quizás se han pasado” con la cuantía de hasta 15.000 euros.

“Entiendo que los adultos no se acaben de poner en nuestro lugar cuando nos saltamos las normas y es culpa nuestra”, reconoce Helena. Ahora bien: de la misma manera que asevera eso, reclama asimismo empatía a los políticos y a los adultos en general. “Hemos estado encerrados mucho tiempo y ahora necesitamos salir y hacer vida de verano, que es el momento en que más cosas podemos hacer”.

¿Qué palabra define mejor su estado anímico actual? "Privada”, responde. Porque, dice, pensaba que este iba a ser un año para disfrutar, pero el coronavirus le está robando su tiempo y, enfatiza, la sensación de perder el tiempo la agobia mucho. “Este verano tenía pensado ir a conciertos, visitar pueblos cercanos con amigos… pero con los rebrotes en la calle me siento privada de libertad”.

La estudiante Helena Montero, de 16 años, entiende que las restricciones se enfoquen en los jóvenes pero sin recaer el peso exclusivamente en ellos. / JOAN CORTADELLAS