30 sep 2020

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PERIODISMO CON EL CIUDADANO

Tere Gómez: "Una doctora me dijo: 'Has estado muriéndote pero has tirado hacia adelante'"

Esta modista y vecina de Mataró ha superado el coronavirus tras siete días batallando contra él durante su ingreso hospitalario

"En el hospital me imaginaba de fiesta con mis amigos; me hice mi mundo para no bajar la guardia", asegura Gómez, optimista empedernida

Manuel Arenas

Tere Gómez, en la ventana de su domicilio tras superar el coronavirus.

Tere Gómez, en la ventana de su domicilio tras superar el coronavirus.

Tere Gómez (Mataró, 1966) ya no le sabe la boca a metal. Está bien. Un poco afónica de haber vomitado mucho, pero bien en general pese a que desde que le dieron el alta el pasado 26 de marzo sólo ve a su marido y sus hijos por Skype. Su marido y sus hijos viven en la planta baja de su casa unifamiliar.

En el testimonio de Tere Gómez habita una historia dentro de la historia, que va sobre cómo cree ella que pudo contagiarse de coronavirus. Una hipótesis. A finales de febrero, Gómez se enteró de que a Antonia, amiga de la infancia y ahora cocainómana, la daban por muerta. En colaboración con las autoridades la acabó encontrando: estaba en una ‘casa okupa’ de Mataró con el fémur roto y se la llevaron al hospital. “Yo estuve unos días cuidándola… hasta que empecé a encontrarme mal. ¿Pude contagiarme allí? Quizá, no lo sé”.

Tere Gómez empezó a encontrarse mal, malestar y fiebre, el 12 de marzo, dos días después de haber cogido frío caminando a primera hora del día con su marido. Tanto en la farmacia como en su mutua le diagnosticaron una bronquitis, “pero el día 16 tenía ya mucha fiebre, y el 19 directamente me moría: me daban fiebres altas todas las noches y la boca me sabía a metal, a lata, y eso ya me escamó”.

Al volver a insistir a su mutua, esta vez le dijeron que podía ser neumonía y la enviaron al Hospital de Mataró, donde directamente la aislaron. El protocolo del coronavirus se había activado.

"El tratamiento fue duro porque tenía los pulmones muy tocados"

El mismo día 19 de marzo, tras cuatro horas aislada en un box de Urgencias, le hicieron el test del coronavirus e ingresó. Dos días después, el 21, le dieron el resultado: positivo. “Me preguntaron si quería someterme a un tratamiento experimental que podía sentarme bien y yo les dije que lo que hiciera falta. Fue duro porque tenía los pulmones muy tocados y la medicación me provocaba vómitos y diarreas incluso con sangre”, cuenta Gómez, que tilda la atención recibida de “maravillosa”. “Rara era la hora que no entraban para preguntar cómo estaba, siempre cumpliendo a rajatabla el protocolo sanitario”, agrega.

Una doctora, de hecho, le dijo que había tenido suerte porque, al ser “de las primeras”, no le faltaría de nada. Ni siquiera hacer una amiga: compartió habitación con una compañera de la que habla maravillas.

El 26 de marzo le dieron el alta. “Me propusieron la posibilidad de llevarme al Hotel Atenea de Mataró, pero dije que, al tener posibilidades en mi casa, prefería dejar esa plaza para quien la necesitara de verdad”, puntualiza Gómez, que estos días, ya sin fiebre ni malestar, aprovecha para llamar a todas las personas con las que compartió tiempo antes de su ingreso para preguntarles cómo están.

El testimonio de Tere, una mujer recuperada del coronavirus que estuvo en el Hospital de Mataró. / EL PERIÓDICO

Dos escenarios encontrados: excepcionalidad y optimismo

En casa de Tere Gómez conviven ahora dos escenarios encontrados. Uno es el de la excepcionalidad agravada hasta como mínimo el jueves 9 de abril: ella vive aislada, todo se desinfecta y la vajilla habitual la han cambiado por una de plástico que tiran a diario. El otro escenario es el del optimismo desmedido de Gómez, voluntaria implicada en su barrio de Mataró, Cirera, que ha recibido el calor de sus vecinos estos días.

“Cuando estaba ingresada en el hospital, yo me imaginaba de fiesta con mis amigos con una cervecita delante, con la Lola y su paella recién hecha… yo me hice mi mundo para no bajar la guardia. Cuando la gente me preguntaba cómo estaba, les pedía que me contaran chistes y cosas positivas; si en la tele salían noticias sobre víctimas del virus, yo giraba la cabeza y me ponía a ver Doraemon”, recuerda Gómez, quien reconoce haber bloqueado en ‘Whatsapp’ a varios contactos que le preguntaban si les podía haber contagiado.

Cuando a Tere Gómez le dieron el alta, el personal del Hospital de Mataró, “nuestra salvación”, dice, le hizo un pasillo de aplausos. “Ahí tuve la sensación de decir: ‘Yo me voy, ¿pero y lo que dejo aquí, dios mío?’”. Antes de marcharse, una doctora le dijo: “Lo que me ha gustado de ti es que has estado muriéndote, pero te has lavado la cara y has tirado hacia adelante”.