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Gente corriente

Maria Baro: "La madre de Elle soy yo y Liuda es la gestante"

Tras no poder parir un segundo bebé, decidió que lo gestara otra mujer. Ya lo tiene en casa y hasta le da el pecho.

Óscar Hernández

Maria Baro, con su hijos Joan y Elle, en el comedor de su piso.

Maria Baro, con su hijos Joan y Elle, en el comedor de su piso. / ALVARO MONGE

Maria Baro Gordó (Barcelona, 1973) quería volver a ser madre. Dos embarazos ectópicos, un aborto espontáneo y una gestación interrumpida a las 34 semanas no la hicieron tirar la toalla. Intentó la adopción internacional, pero no era idónea por haber tenido ya un hijo natural. Internet la acercó a las gestaciones subrogadas y con su marido se puso manos a la obra. Una mujer ucraniana gestó y alumbró a su hija Elle. La pequeña, a la que Baro da de mamar, tiene 3 meses.

¿Un vientre de alquiler?

No hay que llamarlo así. Eso es despectivo. Se denomina gestación subrogada. Mi ginecólogo me dijo que mi útero ya lo había dado todo. Intentamos la adopción internacional pero nos lo pusieron muy difícil entre otras cosas porque tener un hijo natural resta puntos . Y yo ya tenía a Joan, de 12 años. Así fui a parar a la asociación Son Nuestros Hijos que en su web explica casos reales de gestaciones subrogadas, a las que se acogen parejas de gais, personas que han pasado un cáncer o que tienen problemas de fertilidad y no quieren renunciar a tener u n hijo.

¿Por qué Ucrania?

Cuando lo miramos, en septiembre del 2016, solo había tres países con garantías –EEUU, Canadá y Ucrania– que permitiesen a los extranjeros acceder a la gestación subrogada. Ucrania solo deja  a parejas heterosexuales casadas y que certifiquen  que la mujer no puede gestar. La carga genética [óvulo y esperma] debe ser ajena a la gestante.

¿Cómo conocieron a la madre?

La madre soy yo. Ella, Liuda, es la gestante. Fue muy bonito. En marzo del 2017, nos conocimos mutuamente por internet. Me preguntó por qué quería yo otro hijo si ya tenía uno. La emocioné. Y ella a mí cuando me dijo que no me preocupara porque cuidaría bien de mi bebé. Fuimos a un notario. Un hospital y un ginecólogo se encargaron allí de todo. La agencia me informaba de cada visita médica y la gestante también. Hablábamos tras cada revisión. Yo me sentía embarazadísima. He visto más ecografías que con mi primer hijo.

Hasta que llegó el momento del parto.

Elle nació a término. El 31 de enero. Estuve en la sala de partos. Fue de una emoción brutal, Me pegué un hartón de llorar, Impresionante. Después me hicieron desnudar en una habitación para quedarme con el bebé. Piel con piel. Y ya me la puse en el pecho.

¡El bebé se cogió a su pecho!

En ese momento no, pero sí a los pocos días. Yo llevaba cinco meses estimulándome. Ya me había preparado. Ahora que tiene casi cuatro meses, nuestro pediatra, Luis Ruiz, tiene previsto quitarle el biberón de ayuda. El cuerpo de la mujer tiene memoria de la lactancia. Y yo había dado el pecho a mi hijo. Es una parte importante del vínculo con mi hija además de tener muchos beneficios.

¿Qué sabe de Liuda?

Seguimos en contacto. Con Elle tuvimos que estar unos  días en Kiev y Liuda nos vino a ver con su familia. Su hija de 13 años incluso cogió a la niña en brazos. Fue muy bonito.

¿Se lo contará a su hija?

Claro. Se lo explicaré todo. Es importante que sepa la verdad..

Hay quien piensa que encargar un hijo a otra madre es inmoral. Sobre todo si hay una compensación económica

En Ucrania está todo muy regulado. La gestante tiene que tener recursos económicos y haber tenido al menos otro hijo, es decir, tener su propia familia. Y el dinero que recibe no puede servir para sus necesidades básicas que deben estar cubiertas. Son mujeres que lo hacen para ayudar a otras familias que no pueden tener un hijo. No hay dinero en el mundo que pague eso.

Pero en España es ilegal

No es verdad. Aquí es alegal. Lo que hay que hacer es debatirlo y regularlo. Se evitaría que la gente acuda a otros países. Con la fecundación in vitro hubo mucho debate moral, que ya está superado. Hay que garantizar las condiciones de  la gestante, del bebé y de los padres. Sólo regulándolo se evitan posibles abusos.