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Félix Mayor: «Me costó dormir el día que murió Camarón»

Este enfermero cuidó en el 92 a la leyenda del flamenco durante sus últimas horas en Badalona

Manuel Arenas

Félix Mayor: «Me costó dormir el día que murió Camarón»

ALBERT BERTRAN

La mañana del 2 de julio de 1992, miles de personas lloraban una ausencia en los aledaños del Hospital de Can Ruti, en Badalona. Se acababa de ir Camarón de la Isla, leyenda del flamenco a la que Félix Mayor (Barcelona, 1965) había cuidado y atendido durante toda la madrugada. Este enfermero explica por primera vez en una entrevista cómo vivió en la habitación 519 de Can Ruti las últimas horas de José Monje Cruz antes de que un cáncer de pulmón le arrebatara la vida.

-¿Trató por primera vez a Camarón aquella noche?

-Sí, fue la noche del 1 al 2 de julio. No se me olvidará en la vida. Me pidieron si podía llevar el caso porque era el enfermero con más experiencia en oncología. Cuando leí el apellido Monje, enseguida supe quién era.

-Él ya había estado ingresado.

-Primero estuvo en la Clínica Mayo; después, por cercanía con su residencia en Santa Coloma y porque somos un servicio puntero, vino a Can Ruti: primero estuvo en la planta de quimios y después ingresó dos veces con neumonías, la segunda más grave.

-¿Qué recuerda?

-Él tenía un cáncer de pulmón muy agresivo; la noche del 1 de julio, cuando entré en su habitación, la 519, estaba en una situación avanzada de muerte, con gran dificultad respiratoria. Le acompañaba su tío y recuerdo que era evangelista: la habitación estaba llena de estampitas de vírgenes y cristos.

-¿Fue usted el único enfermero?

-Sí: yo era responsable de 14 pacientes; mis compañeras me echaron un cable con los otros y yo me centré en Camarón porque tenía una insuficiencia respiratoria muy severa.

-¿Cuál fue la actuación médica?

-Cuando hizo el paro respiratorio, hicimos maniobras de recuperación y vino el servicio de paros. Tras 10 minutos de maniobras, el paciente murió por parada cardiorrespiratoria. Con la insuficiencia que tenía, ya veíamos que las maniobras no iban a resultar pero había que intentarlo.

-¿Pudo hablar con él antes de morir?

-Muy poco. Él decía: “Me voy, me voy, me voy”. Yo lo intentaba tranquilizar, pero él era totalmente consciente de que se estaba muriendo.

-¿Y con su tío?

-Su tío me pareció una gran persona: cuidaba a Camarón con un cariño descomunal. Lo vi muy sereno, así que le comenté que no creía que pasara de aquella noche, algo que él corroboró.

-Murió a las 7 h.

-A esa hora hicimos la comunicación, pero la hora de la defunción fue sobre las 4 h de la mañana. Cuando murió, vino su mujer, 'La Chispa', y el doctor Rosell, jefe de Oncología. Recuerdo que Tomatito llamó por teléfono y hablé con él.

-Usted acaba el servicio, se va a dormir y vuelve al día siguiente.

-Exacto. Ese día llegué a mi casa sobre las 10:30 h, algo más tarde de lo habitual. Me costó dormir porque estaba en tensión: llamé a planta para ver cómo iba y me dijeron que había gente que incluso había intentado entrar a la habitación y tuvieron que doblar la seguridad.

-¿Qué vio cuando volvió? 

-Una concentración espectacular: miles de personas, muchas gitanas, llorando a lágrima viva. ¿Sabes cuando invaden un campo de fútbol por un ascenso? Pues igual. Jamás lo he vuelto a ver, ni con otros pacientes famosos. Había tiendas de campaña de gente de toda España que venía a dormir para rendirle honor y admiración a Camarón.

-¿Volvió a ver al tío?

-El día siguiente, me vio y vino a darme las gracias por cómo había tratado al maestro, como decía él, y me presentó a varios patriarcas que vinieron al entierro. Fue impactante.

-¿Cambiaría algo?

-A nivel profesional no: hoy haría todo igual, aunque con menos nervios. Sí me hubiera gustado conocer más a la persona.

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