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EXPERIENCIA EDUCATIVA

El triángulo mágico de la educación

Tres colegios de Terrassa, uno de ellos de educación especial, ensayan con éxito una fórmula para la escuela inclusiva

Los alumnos del Crespinell, con distintos grados de discapacidad, comparten aulas con los del colegio Lanaspa y los del instituto Montserrat Roig

Maria Jesús Ibáñez

Clase de educación física con alumnos de tercero de primaria de los colegios Lanaspa y Crespinell de Terrassa.

Clase de educación física con alumnos de tercero de primaria de los colegios Lanaspa y Crespinell de Terrassa. / JOSEP GARCIA

Cuando hace 25 años Mariona Torredemer reunió a las familias de los alumnos de su colegio para explicarles el que iba a ser el nuevo proyecto pedagógico de la escuela -que los estudiantes con necesidades educativas especiales (NEE) del centro compartieran aulas con los del colegio público Lanaspa, situado justo frente por frente-, la idea no acabó de convencer a algunos padres. "Tenían miedo de que sus hijos pudieran sentirse excluidos, de que los niños del colegio ordinario se rieran de ellos o los rechazaran", recuerda Torredemer, directora del centro de educación especial Crespinell. Allí se escolarizan menores con distintos grados de discapacidad y Torredemer estaba convencida de que muchos de ellos podían seguir perfectamente "las clases normales".

En contra de lo que temían las familias, la experiencia fue un éxito, hasta el punto que unos años más tarde, en el 2002, la colaboración se amplió también al instituto de secundaria Montserrat Roig, a pocos metros de distancia. Hoy, el triángulo que forman estos centros educativos de Terrassa (el Crespinell, el Lanaspa y el Montserrat Roig) es un referente para quienes reclaman que la escuela catalana sea, de una vez, una escuela verdaderamente inclusiva.

Una de las particularidades que hace que el proyecto educativo a tres bandas de Terrassa sea un ejemplo a seguir es "el trabajo de coordinación que durante tantos años han desarrollado los equipos docentes de los tres centros (dos de titularidad pública y uno concertado), con alumnos, a su vez, de una gran diversidad de orígenes", destaca el jurado de los premios Ensenyament de la Fundació del Cercle d'Economia, que lo ha escogido como finalista en la edición de este año. Si el proyecto ha resultado ganador se sabrá el próximo lunes.

"Este es un modelo vivo, que cada curso se ha de ir ajustando ya que cada año los alumnos son también distintos. No hace sino reproducir lo que los chicos se van a encontrar en la vida adulta: una sociedad diversa y formada por personas diferentes entre sí", subraya Torredemer. "Es un modelo en el que todos aprendemos, los niños y también los maestros", agrega Núria Altet, directora del Lanaspa. 

CONVIVENCIA NATURAL

Hoy toca clase de educación física en tercero de primaria. La sesión se desarrolla en las instalaciones del Lanaspa, que ocupa lo que fue un antiguo vapor en el centro de Terrassa. Los chavales corretean por el amplio espacio del gimnasio, entre risas, en lo que parece un juego de improvisación gestual. Están todos mezclados, los chicos del colegio ordinario y los alumnos del Crespinell, todos de la misma edad, todos con ropa deportiva. "Vamos a caminar por la sala y cuando nos crucemos con un compañero, le saludaremos", propone el profesor. Con él trabaja, durante esta hora, una especialista en educación especial, que ha llegado desde el colegio vecino con sus alumnos. Al terminar la clase regresarán, docente y estudiantes, de nuevo a su escuela. 

"El comedor, los patios y las salidas escolares y estancias en colonias son conjuntos", relatan las directoras. "Luego, de forma individualizada, se analiza a qué asignaturas convencionales se pueden incorporar los alumnos con necesidades educativas especiales", indica Torredemer. "Nosotros no variamos la programación, son ellos quienes se adecúan a nuestros horarios. Lo que sí hacemos aquí es adaptar las explicaciones según sus necesidades", precisa Altet. En secundaria, los del Crespinell "asisten a las clases de educación física y a las de ciencias naturales", detalla George Grayling, director del Montserrat Roig. El resultado, coinciden los tres, "es que la diversidad, la diferencia acaba viviéndose como algo natural".

"La actitud de los profesores es clave para que este modelo vaya adelante", señala Grayling. "Por norma general, los docentes que vienen destinados a nuestros centros conocen de antemano cómo trabajamos, saben que tenemos esta colaboración con el Crespinell y se adaptan sin problemas... aunque es cierto que alguna vez, muy puntual, algún profesor ha renunciado", señala la directora del Lanaspa. Quienes abandonan lo hacen, a menudo, "porque creen que no valen para esto". Otros alegan que no pueden asumir la carga de trabajo adicional que implica este proyecto.

Pero esos casos son los menos. "Por norma general, como experiencia profesional, este es un trabajo muy satisfactorio", destaca Mònica Solà, jefa de estudios del colegio de primaria y profesora de música. Además, si las fuerzas flaquean o si surgen dudas pedagógicas, "el equipo de educadores del Crespinell asesora a los profesores de los otros dos centros, lo que les convierte en un centro de recursos de primer orden", aplaude Altet.

¿CÓMO SE SABE SI FUNCIONA?

Ahora los promotores del proyecto quieren dar un paso más. "Estamos estudiando el modo de dar un corpus científico a esta experiencia, ver si por ejemplo desde la universidad se pueden fijar unos indicadores de evaluación", indica Torredemer. La experiencia les dice que los alumnos que han pasado por estos colegios "conviven mejor con la diversidad, son más tolerantes y solidarios", pero es difícil determinar en qué grado. "De lo que estamos convencidos es de que el modelo es exportable, y de que buscando los beneficios mutuos, estamos contribuyendo a cambiar el sistema educativo", concluyen los tres docentes.