Rakel Sanes, catalana y con más de 20 años de vida rural: "Cuando vivía en Barcelona tenía un buen trabajo, bien pagado, estabilidad... y todo eso que se supone que es lo normal, pero había tres cosas que necesitaba de verdad"
La mujer explica cómo se ahogaba en la ciudad: "No podía con esa sensación constante de hormiguero humano, el ruido, la prisa.. Eso me mataba"
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Rakel Sanes, catalana y con más de 20 años de vida en el campo. / Youtube / De la ciudad al campo

Dejar la ciudad para irse a vivir al campo puede parecer desde fuera un salto al vacío. Cambiar el ruido, el ritmo acelerado y las posibilidades infinitas de una gran ciudad por un pequeño pueblo, menos habitantes y una forma de vida mucho más vinculada al entorno no es una decisión sencilla.
Sin embargo, para la catalana Rakel Sanes ese cambio terminó convirtiéndose en el punto de partida de una nueva vida y, con el tiempo, también en una oportunidad para emprender. Rakel nació y creció en la periferia de Barcelona, pero en 2001 decidió abandonar la ciudad para instalarse en Fulleda, un pequeño municipio de la comarca de Les Grarrigues (Lleida) de apenas un centenar de habitantes.
En aquel momento no tenía demasiado claro cómo sería vivir en el mundo rural, ni sabía exactamente a qué se dedicaría. "Me fui de la ciudad al campo, sin una idea muy clara de lo que sería vivir en el mundo rural ni de a qué me iba a dedicar", explica en su pódcast, Mundo rural en positivo. La experiencia le permitió establecer una relación más estrecha con la naturaleza y descubrir otra manera de entender el día a día.
Vida en entorno rural
Su experiencia no terminó en Fulleda. Desde hace tres años, Rakel vive en el sudoeste de Francia, también en un entorno rural, desde donde continúa desarrollando sus proyectos. Fue precisamente esa experiencia acumulada la que despertó en ella la necesidad de contar lo que había aprendido. Quería demostrar que vivir en el campo era posible y ayudar a quienes también estaban pensando abandonar la ciudad.
Aparte del pódcast que tiene junto a su amiga Isabel Sánchez Tejado, la mujer comparte sus experiencias a través de YouTube, en su canal, De la ciudad al campo. En uno de sus vídeos más virales, Rakel comparte las tres razones "reales, profundas y esenciales" por las que se fue al campo a vivir... y se quedó.
Demasiadas justificaciones
Para empezar, la mujer critica que, a veces, buscamos justificar demasiado nuestras acciones: "Cuando me preguntaron por qué había decidido irme de Barcelona, me sorprendí a mí misma, porque me costó poquísimo responder. No fue porque tuviera un discurso preparado, sino porque son razones que tengo muy claras. A veces, buscamos mil razones superficiales para justificar un cambio de vida, cuando en realidad hay pocas razones de fondo, y son las que mandan".
Para Rakel, el primer motivo está muy claro: "Cuando vivía en Barcelona tenía un buen trabajo, bien pagado, estabilidad... y todo eso que se supone que es lo normal, pero había tres cosas que necesitaba de verdad. La primera de ellas era libertad: buscaba la libertad de decidir, de moverme, libertad de tiempo y mental. No podía con esa sensación constante de hormiguero humano, el ruido, la prisa... Eso me mataba".
Relaciones más humanas
"Mi segunda razón fue la búsqueda de relaciones diferentes. Después de haber trabajado durante un tiempo, poco más de un año, en Fulleda, descubrí algo que me marcó: las relaciones eran más directas, más humanas... Podías hablar con personas de todas las edades", expone.
Finalmente, presenta la última razón, que está también muy relacionada con la primera: la búsqueda de la tranquilidad. "La tercera razón fue la búsqueda de paz. La ciudad no me la daba: ni el ruido, ni el ritmo frenético, ni la densidad, ni la intensidad constante. El campo me ofreció el espacio físico y mental que necesitaba. Ver cielo de verdad, el paisaje, los bosques y vivir rodeada de verde y de animales. Es algo que se siente en el cuerpo", explica.
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