Vidas alternativas
Sandra (27 años) lo dejó todo para vivir en un pueblo de 100 habitantes: "El dinero para mí no vale nada si para conseguirlo pierdes totalmente tu tiempo, tu libertad y si pones en riesgo tu salud"
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Sandra (27 años) dejo todo para vivir en un pueblo de 100 habitantes. / YouTube / sand in the sun

Hay personas que deciden cambiar de vida después de años siguiendo un camino que, en realidad, nunca habían elegido. Es el caso de Sandra, una joven de 27 años que ha dejado atrás las grandes ciudades y una vida centrada en el trabajo para instalarse junto a su perro Jack en un pueblo de los Pirineos aragoneses de apenas 100 habitantes.
Ella misma ha decidido explicar su historia a través de su canal de YouTube @Sandinthesun, donde cuenta con casi 12.000 seguidores en agosto. En este canal, Sandra comparte su día a día y sus experiencias viviendo en un pueblo con 100 habitantes y visita otros municipios para conocer su historia.
Dedicación total al trabajo
Para empezar, Sandra expone que estudió Periodismo y comenzó a trabajar mientras terminaba la carrera. Después, le llegó una oportunidad laboral en Madrid como editora de vídeo para unos 'youtubers' y durante dos años se volcó por completo en su profesión.
El ritmo acabó pasando factura: sufrió insomnio, descuidó su alimentación y dejó de hacer deporte. "Me centré tanto, tanto, tanto en el trabajo que prácticamente me olvidé de mí. Lo único que hacía era o estar en el trabajo o pensar en el trabajo. No había tiempo para nada más", recuerda.
Agotamiento y estrés
La situación terminó provocándole un agotamiento que le hizo replantearse la vida que estaba llevando. Dejó su empleo y regresó cerca de Barcelona, pero fue durante una etapa posterior repleta de viajes cuando comenzó a descubrir que quería vivir de otra manera. "Viajando, de alguna manera, me iba encontrando poco a poco a mí misma. Iba recuperando las ganas de hacer cosas, de disfrutar, de vivir, y me di cuenta de que realmente el camino que había seguido no era el mío. Es el que me habían dicho que tenía que seguir, es el que seguían otras personas, pero no era el que yo quería ni necesitaba seguir", explica.
Fin de semana clave
El cambio definitivo llegó a los 27 años, cuando pasó un fin de semana en los Pirineos aragoneses. Sin tener previsto mudarse, algo hizo que empezara a imaginar cómo sería su futuro allí. "No sé qué es lo que me llamó, no sé qué sucedió dentro de mí, que yo dije: 'Este es mi sitio'. Racionalmente, no sé explicaros qué pasó, pero ese mismo fin de semana empecé a preguntar a distintos establecimientos cómo estaba el tema de la vivienda y del trabajo en esta zona", relata.
Encontrar una casa no fue sencillo, pero una mujer que había visto sus vídeos en Instagram la puso en contacto con los propietarios de una vivienda en uno de los pueblos donde buscaba. Tenía jardín y aceptaban mascotas. En menos de un mes, Sandra se había mudado allí con Jack.
Paseos por la montaña y ejercicio
Su nueva vida poco tiene que ver con la anterior. Las mañanas empiezan con paseos por la montaña; tiene tiempo para cuidar un huerto, hacer ejercicio y disfrutar de su entorno. "¿Cómo os explico la sensación de estar aquí? Es como que de repente aquí la vida volvió a encajar y todo volvió a tener sentido. Mi día a día se convirtió en algo lento, sin prisas, sin tener todo el día planeado al milímetro y mágicamente mi rutina me empezó a gustar", asegura.
Vivir en un pueblo de apenas 100 habitantes también tiene inconvenientes, especialmente durante el invierno, pero Sandra considera que el cambio ha merecido la pena. Después de años midiendo su vida en función del trabajo, ahora tiene claro que no quiere volver a perder: "El dinero para mí no vale nada si para conseguirlo pierdes totalmente tu tiempo y tu libertad y, menos aún, si pones en riesgo tu salud. Nada vale la pena que pongas en riesgo tu salud, ni física ni mental".
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