Lo urgente y lo importante, por Jordi Sevilla

  • Más de la mitad del territorio de la UE ya está en riesgo alto de sequía y 20 millones de personas necesitan ayuda de agua y alimentos 

Un bocadillo de diálogo con un signo de exclamación

Un bocadillo de diálogo con un signo de exclamación

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Jordi Sevilla
Jordi Sevilla

Senior Advisor de Contexto Económico en LLYC. Ministro de Administraciones Públicas (2004-2007).

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Hace tiempo que la política democrática ha adquirido retórica belicista. Empeñarse en convertir al adversario en enemigo y buscar votos polarizando sobre lo que nos separa, aunque sea a costa de debilitar lo que nos une, ya no es cosa exclusiva de movimientos radicales o antisistema. En ese contexto, predomina el relato sobre los datos, el corto plazo sobre el medio y lo urgente sobre lo importante. Por ejemplo, el fantasma de la recesión que viene, supuestamente, en forma de crisis profundísima. Crecer y decrecer, a la vez, no parece posible.

En espera de la Contabilidad Nacional del segundo trimestre, vamos conociendo nuevas previsiones sobre la economía española y europea que corrigen las anteriores en un proceso que, en sí mismo, ya debería indicar lo volátil que es toda previsión en momentos de inflexión en las curvas, sometidas a vaivenes ajenos como es el desarrollo de una guerra o el impacto de una sequía mundial.

Aceptemos que estas últimas revisiones, Comisión Europea, Funcas, BBVA, etc. son las buenas. ¿Cómo debemos interpretarlas? Es cierto que en todas se recogen dos hechos ya incuestionables: la inflación va a ser más elevada y duradera de lo previsto hace unos meses y, por otra parte, el crecimiento económico se va a resentir tanto por el esperable impacto sobre el consumo de las familias de la pérdida de poder adquisitivo que ello conlleva, como porque se anticipa una fuerte elevación de tipos de interés por parte del Banco Central Europeo (BCE) que frenará el consumo y la inversión. Y ambas presunciones son lógicas, aunque todavía no haya datos suficientes para avalarlo: antes bien, la campaña del verano parece ir muy bien y el BCE está siendo mucho más prudente que algunos de sus críticos, tal vez porque saben que estamos ante una inflación de oferta y no de demanda, como vimos la semana pasada. Vayamos por partes.

Crecimiento del 4%

Las nuevas previsiones de crecimiento coinciden en que el PIB español crecerá este año en el entorno del 4% duplicando, casi, el de la eurozona. Funcas, que se atreve a anticipar la evolución por trimestres, sitúa un fuerte tirón en el segundo y tercero para caer, en el cuarto, a un cero por cien de crecimiento, que puede prorrogarse en el primero de 2023 si la demanda externa se resiente por la desaceleración en el resto de Europa. Por su parte, para 2023, también coinciden las previsiones en que habrá una desaceleración hasta situar el crecimiento del PIB por encima del 2%. Dato que, sin embargo, seguirá siendo superior al de la eurozona y nos aproximará al 2,6% que ha sido la media del crecimiento español entre 2014-2019, antes de la pandemia y cuando nadie hablaba de recesión.

Respecto a la inflación, que ha alcanzado en junio un 8,6% en Europa, también se puede encontrar una amplia coincidencia en dos puntos: este año será mucho mayor de lo previsto antes y, lo que me parece más importante, podemos esperar una clara desaceleración para el año próximo hasta el punto que la Comisión la sitúa para España en el 3,4% (IPC) claramente por debajo de lo que espera, como media, para la Unión Europea. Y añado: en todas las previsiones conocidas, se sigue creando empleo y la tasa de paro continúa bajando.

El panorama es, pues, muy complicado y está cargado de grandes incertidumbres. Debemos esperar que las consecuencias de la guerra de Putin en Ucrania vayan a seguir poniendo en dificultades a las economías europeas en forma de inflación por problemas en las provisiones de productos alimentarios y de gas. Y que ello va a agravar las desigualdades sociales porque la inflación golpea más a las rentas más bajas. A ello se junta un clima de conflicto laboral en algunos puertos europeos que está llevando a un frenazo en el desembarco y distribución de material fundamental.

Pero también tenemos que seguir los datos que apuntan a que los precios del petróleo ya están bajando por la entrada de nuevos suministradores como acabará pasando con el gas más a medio plazo, así como que el bloqueo ruso a la salida de cereales de los puertos ucranianos apunta a que tiene los días contados. Por tanto, desaceleración del crecimiento, si, inflación más persistente de lo previsto, también. Pero datos que avalen un escenario de recesión o crisis profundísima, no. Al menos, en España y, al menos, con los datos conocidos y anticipados hasta ahora por los que saben.

En Europa es inflación lo que en África es hambre. Tanto los organismos internacional es como todas las ONG especializadas están anticipando una grave crisis alimentaria, asociada a los mismos efectos de escasez de cereales y fertilizantes derivada de la guerra, a lo que se añade una de las peores sequías de los últimos años.

Más de la mitad del territorio de la UE ya está en riesgo alto de sequía, pero, a nivel mundial y, especialmente, los países del Cuerno de África viven, según UNICEF, una de las peores emergencias inducidas por el clima de los últimos 40 años: 20 millones de personas, sobre todo niños, necesitan ayuda urgente de agua y alimentos.

Todo ello permite anticipar que estamos ante uno de los mayores éxodos de población, con familias enteras, como consecuencia de la falta de comida. En palabras de Larry Fink: "El mayor problema no es el precio del petróleo, sino la falta de comida".

Medir la huella textil

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La UE calcula que la industria textil es responsable del 10% de las emisiones mundiales de C02. Y genera 92 millones de toneladas de residuos al año, solo por detrás del plástico que, en un 90% acaban en vertederos ilegales o se incineran. Estos datos han ido desarrollando, en las grandes empresas textiles y en las administraciones, la necesidad de ponerle freno porque, además, la industria textil impacta mucho sobre la deforestación y la contaminación de aguas.

Todos los compromisos en esta dirección empiezan por ser capaces de medir y certificar de forma homogénea la huella textil, en cada una de sus fases productivas, haciendo un mapa de trazabilidad. Pues bien, una ‘start- up’ española, T_Neutral, impulsada, con más talento y convicción que dinero, por dos jóvenes emprendedoras, ha desarrollado y está presentando estos días una plataforma tecnológica que permite medir, para reducir y compensar la huella textil y su impacto sobre el medio ambiente. Cosas por las que sentirse orgullosos.