Zona euro

El BCE contempla elevar las previsiones de crecimiento pese a la quinta ola

  • Guindos afirma que los indicadores adelantados del tercer y cuarto trimestre son positivos a pesar de la variante delta

  • El vicepresidente de la autoridad monetaria insiste en que salarios y pensiones no se revisen con la inflación

El vicepresidente del BCE, Luis de Guindos.

El vicepresidente del BCE, Luis de Guindos. / AFP PHOTO / JOHN THYS (Archivo)

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Pablo Allendesalazar
Pablo Allendesalazar

Periodista

Especialista en banca, finanzas, política monetaria y mercados de capitales

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La quinta ola de la pandemia provocada por la variante delta del coronavirus está teniendo un impacto en la economía de la zona euro menor del que podría temerse, hasta el punto de que el Banco Central Europeo (BCE) podría elevar el 9 de septiembre sus previsiones de crecimiento para la unión monetaria respecto a las que publicó a principios de junio (4,6% este año, un 4,7% el próximo y un 2,1% en 2023). "Todos los indicadores adelantados del tercer y el cuarto trimestre son positivos", ha justificado este miércoles su vicepresidente, Luis de Guindos.

En unas jornadas organizadas por el 'Diario de Navarra' en las que ha participado presencialmente, el exministro de Economía ha destacado en particular que los últimos datos de actividad de los sectores de servicios y manufacturas "siguen siendo fuertes" pese a haber registrado una "desaceleración marginal" respecto al mes anterior. "Dentro de unos días, presentaremos las proyecciones. Lo que ha ocurrido en el pasado cada vez que hemos ido actualizándolas es que ha sido siempre para mejor y puede que esto vuelva a ocurrir en las próximas semanas", ha mantenido.

Guindos se ha mostrado esperanzado en que el nivel de PIB del cierre del 2019 se pueda alcanzar a finales de este año, aunque ha admitido que también podría producirse a principios del próximo. Se trata también de una muestra del mayor optimismo del BCE respecto a la recuperación. En junio, su presidenta, Christine Lagarde, consideró "probable" que sucediera en el primer trimestre de 2022, que ya era un trimestre antes de lo que la autoridad monetaria había calculado en sus proyecciones de marzo (las actualiza trimestralmente).

No a la indexación

El número dos de la institución, en cambio, ha mantenido su mensaje de que la inflación de la eurozona subirá desde el actual 2,2% interanual a niveles de en torno al 3% a final de año por factores coyunturales ligados a los precios de la energía y al efecto comparativo con respecto a la recesión del año pasado, para registrar una "desaceleración importante" el año que viene. En esta línea, ha vuelto a reclamar que no se revisen componentes como los salarios y las pensiones conforme a esta inflación transitoriamente elevada, porque "sino ese incremento temporal se haría más estructural y haría la labor de la política económica más difícil".

Para defenderlo, ha advertido que el empleo todavía no se ha recuperado plenamente y lo hará con retraso respecto al PIB. El número de ocupados de la zona euro, ha señalado, sigue estando un 2% por debajo del que había al cierre de 2019, pero se trata de una "señal distorsionada" debido a los ertes. "Es mejor mirar la evolución de las horas trabajadas, donde hay una caída de más del 6%. Se está recuperando, cada vez hay menos trabajadores en erte y más creación de empleo. Pero existe capacidad de horas trabajadas que todavía no se ha recuperado. Espero que el nivel previo a la pandemia se recupere con un poquito de retraso respecto a la recuperación del nivel de renta", ha advertido.

Retirada suave de estímulos

Respecto a los planes de la Reserva Federal de comenzar a reducir la compra de deuda a finales de año o principios del próximo, que en los últimos días han provocado caídas en las bolsas, Guindos ha resaltado que la recuperación de la economía estadounidense está adelantada respecto a la de la zona euro, con el nivel de PIB previo a la pandemia ya alcanzado, una inflación por encima del 5% y una "muy expansiva" política fiscal por parte de la Administración Biden. "La FED tiene que ver esas circunstancias específicas. Nuestra situación es distinta", ha argumentado, dejando entrever que el BCE tardará más en retirar sus estímulos.

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Con todo, ha dejado la puerta abierta a que el banco central de la eurozona reduzca la compra de deuda, aunque de forma suave y progresiva, cuando finalice en marzo el el programa de compras de emergencia pandémica (PEPP), dotando con 1,85 billones de euros. "Se puede extender, pero es temporal. Si, a pesar de que continúa habiendo incertidumbres como consecuencia de la variante delta, se va produciendo una normalización económica, en paralelo tiene que haber una normalización de los estímulos fiscales y monetarios. No los puedes mantenerlos más allá de lo estrictamente necesario porque se produce 'zombieficación' de la economía, con empresas que subsisten por las ayudas", ha argumentado.

En cualquier caso, ha dejado claro que no se hará de forma abrupta: "Todavía no se ha discutido absolutamente nada sobre las distintas alternativas. Mi opinión personal es que hay que intentar evitar los efectos acantilado, es mucho mejor un aterrizaje suave que una caída brusca, y hay que hacerlo acompasado con la evolución económica. Esa es mi visión personal, pero creo que también será compartida por muchos miembros del consejo de gobierno".