Cambios en la tributación

¿Por qué un impuesto mínimo global para multinacionales?

La propuesta de nueva tributación para los beneficios de las grandes compañías a nivel internacional podría contar con un pacto político en verano

La secretaria del Tesoro de EE UU, Janet Yellen.

La secretaria del Tesoro de EE UU, Janet Yellen. / Jonathan Ernst / REUTERS

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Para afrontar las necesidades provocadas por la crisis del covid-19 los países requieren recursos. La necesidad de que las multinacionales, especialmente las más tecnológicas y digitalizadas, tributen más se ha convertido en una necesidad. Hace un par de años, el Fondo Monetario Internacional (FMI) estimó que cada ejercicio se escapaban de las arcas públicas de los gobiernos entre 500.000 y 600.000 millones de dólares. Solo las 50 mayores firmas de EEUU tenían aparcados en territorios de baja o nula tributación unos dos billones de dólares.

Por eso la propuesta de la secretaria del Tesoro de EEUU, Janet Yellen, de imponer un tributo mínimo global para las compañías que operan fuera de sus fronteras ha sido acogida con satisfacción por el FMI o grandes países de la Unió Europea (UE), como Alemania, Francia o España, a través de la vicepresidenta segunda y ministra de Economía, Nadia Calviño ha aplaudido la iniciativa para frenar la carrera de rebajas fiscales y ha emplazado a alcanzar un acuerdo en este sentido este verano en el seno de la OCDE, que agrupa a los países más desarrollados. Se dibuja un gran acuerdo político para todo ello, lo que supone un primer y gran paso hacia su implementación, según los expertos. Por primera veces, 139 países de todo el planeta están dispuestos a negociar nuevas reglas fiscales para una economía más globalizada y digitalizada

¿Por qué un impuesto mínimo global?

Las multinacionales operan buscando la optimización fiscal, es decir, tributar lo menos posible siguiendo la legalidad internacional. La propuesta lanzada por la secretaria del Tesoro, Janet Yellen, de un impuesto mínimo global para las multinacionales supone un viraje en la política de EEUU, del 'America First' de Donald Trump a la vuelta al multilateralismo. Aunque no sea una idea nueva, pues ya se negociaba en el seno de la OCDE y la Unión Europea (UE), "sin EEUU esto no prosperaría" y su regreso al camino del diálogo para un objetivo común es uno de los elementos destacables, según Ignacio Box, fiscalista y socio de Deloitte Legal. En la misma línea, Carlos Victoria, investigador de EsadeEcPol, destaca la necesidad de que se encuentren "soluciones globales a problemas globales" para atajar el problema de la competencia fiscal que afecta a la recaudación de muchos países desarrollados.

La cada vez mayor globalización y digitalización de la economía requiere nuevos instrumentos fiscales, explica Valentí Pich, presidente del Consejo General de Economistas. De hecho es un factor y una voluntad "política". Lo importante es que "se impone la idea de llegar a un consenso político en verano", añade Box.

Cada vez más, los ingresos de fuentes intangibles como patentes de medicamentos y software han migrado a estas jurisdicciones, lo que permite a las empresas evitar pagar impuestos más altos en sus países de origen tradicionales. Con un impuesto mínimo global ampliamente acordado, la administración Biden espera reducir dicha erosión de la base impositiva sin poner a las empresas estadounidenses en desventaja financiera, lo que les permite competir en innovación, infraestructura y otros atributos.

¿Dónde se llevan a cabo las conversaciones tributarias internacionales?

La OCDE es la que está coordinando las negociaciones fiscales entre 139 países. El objetivo es establecer reglas para gravar los servicios digitales transfronterizos y frenar la erosión de la base imponible, con un impuesto mínimo empresarial (impuesto de sociedades) global como parte de este último. Los países de la OCDE y del G-20 apuntan a alcanzar un consenso en ambos frentes a mediados de año, pero las conversaciones sobre un mínimo corporativo global son técnicamente más simples y políticamente menos polémicas. El problema será entrar en los detalles técnicos, para lo que "se requerirán años", afirma Box. Por eso muchos países han puesto en marcha sus propias iniciativas para el periodo en el que no haya aún nuna armonziación, mediante gravámenes como la denominada 'tasa Google' en España y otros países europeos.

¿Por qué ahora cobra fuerza la idea?

La crisis del covid ha mermado las arcas públicas y se requieren más recursos. Un ejemplo es el presidente Joe Biden, que ha lanzado en EEUU un plan de infraestructuras por unos dos billones de dólares y para ello ha anunciado aumentos de impuestos como el de sociedades, cuyo tipo eleva del 21% del que lo bajó Trump al 28%. También en Europa está necesitada de fondos y de ahí el aplauso que ha suscitado no solo por parte de España sino de Francia , que ve en la propuesta de Yellen, una "oportunidad histórica". La idea despierta menos entusiasmo en Irlanda, con una fiscalidad muy baja para las multinacionales y que ganó una batalla a la justicia europea contra Bruselas, que le había exigido que reclamara a Apple 13.000 millones de euros por tributos que entendían que debería haber pagado. Y algo parecido sucede con Holanda, con una fiscvalidad vetnajosa o el exsocio comunitario, Reino Unido, que "va a la suya", afirma Pich. Salvador Guillermo, secretario general adjunto y responsable de Economía de Foment del Treball, destaca no obstante la importancia de que se abra el debate sobre el freno a las deslocalizaciones fiscales o que, al menos estas "no vayan más allá de lo razonable".

¿Cómo funcionaría el impuesto?

Si los países acuerdan un mínimo global, los gobiernos aún podrían establecer la tasa impositiva a las empresas que quisieran. Pero luego los países de origen de las compañías podrían "recargar" sus impuestos a la tasa mínima acordada, lo que eliminaría la ventaja fiscal de trasladar las ganancias a un paraíso fiscal. La administración Biden ha dicho que quiere denegar las exenciones de los impuestos pagados a los países que no están de acuerdo con una tasa mínima. La OCDE dijo el mes pasado que los gobiernos ya acordaron ampliamente sobre el diseño básico del impuesto mínimo, aunque la tasa aún no se ha acordado. Los expertos en impuestos internacionales dicen que ese es el tema más espinoso. Otros elementos aún por negociar incluyen si las industrias como los fondos de inversión y los fideicomisos de inversión inmobiliaria deben estar cubiertas, cuándo aplicar la nueva tasa y asegurarse de que sea compatible con las reformas fiscales estadounidenses.

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¿Cuál sería el tipo a aplicar?

EEUU propone un mínimo global del 21%. Pero ese tema no está cerrado. Esta idea está muy por encima del impuesto mínimo del 12,5% que se había discutido previamente en las conversaciones de la OCDE, un nivel que coincide con la tasa de impuestos de Irlanda, el país con la tributación empresarial más ventajosa de Europa. La economía irlandesa ha experimentado un auge en los últimos años debido a la afluencia de miles de millones de dólares en inversiones de multinacionales extranjeras, por lo que Dublín, que se ha resistido a los intentos de la Unión Europea de armonizar sus normas fiscales durante más de una década, es poco probable que acepte de entrada una tasa mínima más alta. El representante de Deloitte subraya que la complicación estará en los detalles. "Lo que se grava en un país tiene que salir de otro" y eso es lo que lo pone más difícil, explica.