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LA NUEVA COYUNTURA

La economía, en estado de alerta

Las perspectivas mundiales, europeas y españolas han empeorado tras el verano

Los analistas no ven riesgo recesión a corto plazo en España

ROSA MARÍA SÁNCHEZ

Terminal de contenedores del Puerto de Algeciras (Cádiz).

Terminal de contenedores del Puerto de Algeciras (Cádiz). / A. Carrasco Ragel (EFE)

Las perspectivas sobre la economía española han empeorado a la vuelta del verano.

Antes del verano, el Banco de España elevó hasta el 2,4% su previsión de crecimiento de la economía española para el 2019. El BBVA hablaba de “sorpresas” y también elevó su previsión, hasta el 2,3%; lo mismo hizo el Instituto de Estudios Económicos (IEE), mientras que el Gobierno se disponía a corregir al alza su estimación oficial, del 2,2%.

Ahora el Gobierno parece no atreverse a acometer la revisión prevista. Y la ministra de Economía en funciones, Nadia Calviño, aventura un "otoño muy complicado", sobre todo, por el riesgo de un 'brexit' desordenado a partir del 31 de octubre.

Las palabras 'crisis' y 'recesión' se han instalado definitivamente en las informes sobre el futuro de la economía de EEUU y en algunos relativos a la zona euro (no, en los relativos a España). Alemania –según los pronósticos— se está adentrando en una recesión técnica (dos trimestres consecutivos con crecimientos negativos); Italia chapotea en el estancamiento y desde el Reino Unido acecha la amenaza del 'brexit'. El presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, asume que, aunque el riesgo de recesión en la zona euro “es bajo”, pero "va en aumento".

Cascada de revisiones a la baja

En España, el riesgo de recesión a corto o medio plazo (dos años) no aparece en el radar de los analistas, pero diez de los 19 que participan en el panel de Funcas han rebajado sus pronósticos de crecimiento para el 2019, que ahora se sitúa en una media el 2,2% (una décima menos) mientras que se mantiene en el 1,9% la del año próximo.

Este mismo lunes, la OCDE ha revisado en tres y en cuatro décimas sus perspectivas de mayo sobre la economía mundial para el 2019 y el 2020. La organización de países desarrollados prevé ahora que la economía mundial crecerá en el  2019 el 2,9%, la tasa más baja en 10 años, si bien, para el 2020 se sigue confiando en un leve repunte, que ahora sitúa en el 3%.

Las nubes parecen devenir en nubarrones y la preocupación se ha instalado en los agentes económicos. Gobierno, empresarios, sindicatos, inversores y todo tipo de analistas han activado sus alertas para estar vigilantes. La incertidumbre política tampoco ayuda, con un Gobierno interino desde febrero y la convocatoria de unas nuevas elecciones generales el 10 de noviembre.

Desaceleración con riesgos a la baja

Entre la mayor parte de los agentes económicos en España existe una amplia coincidencia en definir el momento actual como “desaceleración” con importantes “riegos a la baja” provenientes del sector exterior. En el debate político, sin embargo, se abre paso ciertoo catastrofismo. El PP recuerda cómo el Gobierno socialista de Zapatero negó la anterior crisis hasta que se topó con ella de bruces, sugiriendo así la posibilidad de que la historia empieza a repetirse.

“No hay que ser catastrofistas”, apunta Almudena Semur, secretaria general del Instituto de Estudios Económicos (IEE), un centro de pensamiento vinculado a la patronal CEOE. “Es verdad que estamos empezando a ver indicadores preocupantes”, alerta. El consumo se desacelera y la tasa de ahorro empieza a recuperarse (en respuesta a la mayor incertidumbre de las familias). “Hay que estar atentos”. Pero la economía española “está mejor preparada que en el pasado”.

Los indicadores más recientes, hacen estimar a la Autoridad Fiscal Independiente (Airef) y al BBVA un crecimiento trimestral del 0,5% en el tercer trimestre del año, compatible con una tasa anual del 2,3% a final de año. 

Guerras comercial, tecnológica y de divisas

El empeoramiento de las expectativas a la vuelta del verano obedece, básicamente, al recrudecimiento de las guerras comercial, tecnológica y de divisas entre Estados Unidos y China. Sus efectos se han colado en la economía europea por la puerta de las exportaciones y de la industria alemana (cuyo debilitamiento contamina al resto los socios europeos) en un contexto de amenaza creciente de ‘brexit’ duro.

“El entorno global se ha deteriorado”, certifica Roberto Scholtes, director de Estrategia de UBS en España. El banco suizo mantiene su previsión de crecimiento de la economía española para este año en el 2,2% pero ha recortado tres décimas la del 2020, hasta el 1,8%.

“La causa fundamental de los cambios, casi única, es la escalada comercial, que se traduce en una menor confianza empresarial. Eso está afectado mucho a la inversión, y como España está muy implicada en el engranaje de la industria europea, acabará sufriendo las consecuencias”. La caída mundial de las ventas de automóviles, además, agrava las dificultades de la industria en general, y de la española, en particular.

Fase bajista del ciclo

Existe coincidencia entre Gobierno, organismos nacionales e internacionales y analistas en que la economía mundial, en general, y la española, en particular, se haya en la fase de “desaceleración” del ciclo económico.

A la recesión de cinco años en la economía española, le siguió una fase de crecimiento que tocó techo en el 2015 (3,8%). Desde entonces, la economía española se encuentra en un proceso de lenta desaceleración. Sin embargo, la economía española continúa creciendo por encima su potencial (que algunos analistas sitúan entre el 1,5% y el 2%) y de la zona euro. Además despunta como una de las economías que más oxígeno puede encontrar en la política monetaria del BCE, por su elevado nivel de endeudamiento. 

Errores de política económica

“No estamos ante una recesión global”, diagnostica Raymond Torres, director de Coyuntura de Funcas. “No estamos en una situación similar a la del 2008 ó el 2009. No hay un desajuste financiero global como en aquel momento”, tranquiliza. Pero al definir su estado de ánimo, Torres no se decanta ni por el optimismo ni por el pesimismo; “lo que domina es la preocupación”.

Existen riesgos y estos -apunta Torres- tienen que ve con “posibles errores de política económica”. Si los políticos persisten en la guerra comercial o en un ‘brexit’ duro, o si no se adoptan las decisiones adecuadas, la fase de desaceleración puede acabar descarrilando en forma de crisis.