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TURISMO

Las huelgas amenazan con un nuevo verano de caos en el aeropuerto de Barcelona

La infraestructura catalana fue la que acumuló más retrasos en todo el continente en mayo

Josep M. Berengueras

Zona de facturación del aeropuerto de Barcelona-El Prat.

Zona de facturación del aeropuerto de Barcelona-El Prat. / DANNY CAMINAL

El aeropuerto de Barcelona-El Prat afronta su tercer verano consecutivo de dificultades. Si hace dos años los sufridos viajeros tuvieron que hacer frente al caos operativo de Vueling y el verano pasado, a un conflicto laboral con el personal de seguridad que acabó con la Guardia Civil tomando las riendas de los controles, este verano el problema puede estar en el aire y, como consecuencia, de nuevo en las terminales.

Muchos de los ciudadanos que hayan tenido que volar en los últimos meses habrán vivido ya una antesala de lo que, desde el sector, se da por hecho que a pasar en las próximas semanas: retrasos cancelaciones por doquier. Los motivos, como suele pasar, son varios, y cada parte culpa a la otra. Pero lo que es seguro es que el aeropuerto de Barcelona-El Prat se situó en mayo como el peor en puntualidad entre las grandes instalaciones europeas, según Flighstats (solo el 56,1% de los vuelos partieron sin retrasos).

"La situación del aeropuerto de Barcelona y su importante crecimiento en los últimos años hacen que sea una instalación especialmente proclive a ciertos problemas en épocas concretas. Pero en general, cuando hay problemas en Barcelona los hay en media Europa, solo que aquí afectan más", explican fuentes del sector a este diario.

Unión de las aeorlíneas

El 2018 está siendo un mal año para las empresas del sector en cuanto a retrasos, y la patronal de las aerolíneas, Airlines for Europe (A4E), ha llamado a la atención: "Las huelgas de controladores de tráfico aéreo están destruyendo el tráfico aéreo y la economía de Europa”. Según este lobi, del que forman parte grandes firmas como Air France-KLM, Easyjet, Finnair, IAG, Lufthansa, Norwegian o Ryanair, entre otras, el "alarmante aumento en las huelgas de control de tráfico aéreo (ATC) en Europa ha causado estragos en las aerolíneas, sus pasajeros y los negocios". "En lo que va del año las aerolíneas miembros de A4E se han visto obligadas a cancelar aproximadamente 5.000 vuelos como resultado de las huelgas (…). A su vez, millones de viajeros se han visto afectados por retrasos en los vuelos causados ​​por desviaciones del espacio aéreo y el efecto dominó que esto provoca en las operaciones de las aerolíneas", destacó el lobi.

Solo en mayo, según datos proporcionados por Ryanair, más de 117.000 vuelos sufrieron retrasos en Europa, el 61% (más de 71.000 vuelos) a causa de la falta de personal y las huelgas en los servicios de control aéreo. De estos, más de 56.000 vuelos sufrieron retrasos de más de 15 minutos, cuadruplicando los 14.000 vuelos que sufrieron retrasos de esta magnitud en mayo del 2017.

Viajes más largos

Las causas del global de retrasos son variadas, pero principalmente se resumen en dos: meteorología adversa y problemas en la gestión del tráfico aéreo. En este último campo, las huelgas de los controladores de Marsella (Francia) tienen mucho que ver. "La situación en Marsella no se ha solucionado, y el verano puede ser aún peor", advierte otra fuente. Y puede serlo precisamente porque El Prat es uno de los aeropuertos más perjudicados por esa huelga: desde Mrasella se gestiona el tráfico no solo de la zona sur de Francia, sino de gran parte del Mediterráneo.

Ello implica que la gran mayoría de vuelos que salen de Barcelona con destino Europa tengan que cruzar ese espacio. Si hay huelga, no se puede cruzar: o hay que cancelar vuelos o desviarlos (si se va al norte de Europa, hay que desviarse hacia Galicia y después enlazar con el espacio de Irlanda; si se va por ejemplo a Roma, los aviones deben bajar hasta la zona de Alger y subir por Córcega). Ello suma muchos minutos de vuelo, llegar tarde y acumular retrasos para el siguiente vuelo, además de horas extra de la tripulación. Y el consiguiente cabreo de los consumidores, reclamaciones y el pago de compensaciones.

En El Prat, además, se da la circunstancia que es base de grandes compañías como Vueling, Ryanair, Easyjet NorwegianLa primera es la más afectada: "Las continuas huelgas de los controladores de tráfico aéreo de Marsella tienen una desproporcionada repercusión en las aerolíneas que operan desde Barcelona ya que ellos controlan los vuelos sobre la mayor parte del espacio aéreo del Mediterráneo. En el caso de Vueling, esto afecta al 50% de sus vuelos", afirmó Willie Walsh, consejero delegado de IAG.

Más amenazas de huelga

Pero el problema en Marsella no es el único del aeropuerto de Barcelona. Los controladores aéreos del centro de Gavà han amenazado con ir a la huelga este verano si no se llega a un acuerdo con Enaire para incrementar el personal. "Estamos trabajando siete de cada ocho días, cuando en Europa se trabaja cuatro de cada ocho. Falta personal, y la plantilla se ha envejecido de tal manera que si la media en Europa es de 35 años, aquí la media es de 50. Estamos trabajando con la seguridad de la gente, no se puede permitir", explica a este diario Raúl Tobaruela, portavoz del sindicado USCA. De momento, las negociaciones con Fomento "van en la buena dirección", lo que ha hecho que USCA, de momento, no haya fijado días concretos de huelga.

Pero más allá de las huelgas, otras fuentes del sector avisan de que no solo la gestión del tráfico aéreo puede complicar el verano: "Las aerolíneas han crecido mucho en poco tiempo, y el ajuste de los costes implica el personal justo. Hay plantillas que no van a dejar pasar una este verano, y ello puede sumarse a los problemas en el tráfico aéreo, lo que puede derivar en un verano complicado para Barcelona", avisan. Los tripulantes de cabina de Ryanair, por ejemplo, preparan también varios días de huelga este verano en toda Europa.

Un abuelo al frente de un F-1

Los controladores del centro de Gavà denuncian la falta de inversión en forma de nuevas contrataciones. "En Europa a partir de los 55 años no se deja trabajar a los controladores. En Gavà hay compañeros de 65 años cansados, estresados. Es una salvajada", denuncia Raúl Tobaruela, portavoz del sindicado USCA. "Es como ver a un abuelo al frente de un F-1. Puede conducirlo, pero los resultados no son los mismos", agrega.

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