HISTORIAS MÍNIMAS

Leer con patente

Un marcapáginas que triunfó en ferias de inventores resurge gracias al márketing

La Oficina Española de Patentes y Marcas (Ministerio de Industria), registró 3.647 nuevas patentes en 2010. Barcelona, destacada, pasó de 641 (2008) a 404 (2010). «Menos del 5% logran salir al mercado», dice el inventor Fernando Sánchez

Fernando Sánchez muestra con orgullo su marcapáginas en un libro.

Fernando Sánchez muestra con orgullo su marcapáginas en un libro. / JONATHAN GREVSEN

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EVA MELÚS

Fernando Sánchez, un psicólogo y escritor de 43 años, ideó en 1997 un punto de libro que recibió la atención del Club de Inventores Españoles y de la Oficina Española de Patentes y Marcas. Durante la feria internacional de inventores Attic del 2008, el presidente de la British Inventors Society, Kane Kramer, se detuvo ante el ingenio de Sánchez, una sencilla pero efectiva tira de plástico flexible reutilizable que se pega a la cubierta interior del libro y permanece en su lugar separando las páginas ya leídas.«Es fabuloso. Se va a vender muchísimo»,dijo Kramer. No le sorprendió menos que el inventor fuera tetrapléjico.

Kramer sabía bien que no es suficiente una buena idea para lograr el éxito comercial. Al fin y al cabo, él había inventado el IXI en 1979, un aparatito del que Apple había vendido 163 millones de unidades desde el 2001 con el nombre de iPod sin pagarle derechos de autor. Kramer no había podido pagar la renovación de la patente en 1988 y dos décadas después negociaba alguna compensación con Apple.

El invento de Sánchez verá la luz de cara a Sant Jordi bautizado comowisebookmark, pero al igual que a Kramer, hasta el momento solo le había ocasionado gastos. Primero intentó vendérselo a las empresas como soporte de mensajes publicitarios, pero después de enviar libros con marcapáginas por Europa y de asistir a ferias de todo tipo no veía un horizonte claro. Los restos de cada aventura naufragaron en unas cajas de zapatos: puntos con imágenes de vírgenes para Semana Santa, rosas para Sant Jordi y logotipos diversos. El invento era ingenioso y despertaba expectativas donde iba, pero su creador no sabía qué hacer para venderlo.

Sánchez casi había perdido el interés por la patente, pero por casualidad, alguno de sus marcapáginas llegó hasta Klaas Jan Van Timmeren, un exalto ejecutivo holandés que había participado en lanzamientos como el Magnum de Frigo y que a los 38 años ya dirigía la sede de Danone en Eslovaquia. Quemado por los viajes y el estrés, ahora se dedica a la asesoría y a proyectos personales.«El producto quizás no tenía la presentación ideal, pero sí algo especial. Pensé que era como la leche, que funcionaba, y que podríamos transformarlo en un prebiótico como el Actimel»,explica.

En el primer cara a cara con el inventor, a Van Timmeren le sorprendieron dos cosas. La segunda, que hablara en un tono tan neutro sobre su patente. Estaba cansado. La primera, su silla de ruedas. Un accidente de tráfico le sentó en ella a los 16 años. Sufre una tetraplejia por lesión medular y tiene un 98% de discapacidad.«Tengo poca movilidad en las manos, pero escribo con el ordenador y he hecho cosas que ahora creo que ya no sería capaz de repetir», señala el inventor.

Ante la nueva situación, seguir estudiando fue un reto.«Acabé la carrera de psicología en cuatro años en lugar de cinco, con media de notable. La gente pensaba que yo era un coco, pero es que necesitaba terminar. Se me hacía muy duro»,explica. En la Barcelona preolímpica, ironiza, era más difícil superar barreras arquitectónicas que licenciarse con honores. Después, trabajó como psicólogo en consulta y de psicopedagogo en un instituto. En ratos libres, escribió una novela tituladaEl cómplice necesarioy un libro de relatos,Muerte en seis escenas.

Y leyendo Sánchez fraguó la idea de su punto de libro.«Ya los romanos usaban una ramita de olivo para marcar las páginas de los códices. Era algo que no se había resuelto en dos siglos».Él siempre se caracterizó por tener una vena inventora.«Fui el típico niño que destripaba juguetes y abría cosas para ver cómo funcionaban. De no estudiar psicología, habría probado una ingeniería», rememora.

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Sánchez estudió muy bien la técnica. Van Timmeren dirigió una cuidadísima transformación gráfica para atrapar a lectores que buscan productos más exclusivos y delicados que la clásica cartulina, y fijó la red de ventas en librerías y algunas superficies comerciales específicas.

Elwisebookmarkse distribuirá en paquetes de tres unidades (un estudio que han utilizado revela que los lectores manejan varios libros simultaneamente) con trece ilustraciones temáticas a elegir (las habituales en las estanterías de una librería) a un precio de 4,50 euros. Más sofisticada, la patente busca su oportunidad.