18 sep 2020

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una vecina llamada... Lucrecia, cantante

Lucrecia: "La primera vez que vi el paseo de Sant Joan me arrebató"

CARME ESCALES
BARCELONA

Inconfundible. Los llamativos colores de sus trenzas no pasan desapercibidos a nadie, tampoco el caminar esbelto y el acento cubano que se lo acerca todo. La simpatía y afabilidad de Lucrecia, además, hace que cualquiera, niños y mayores, no solo la saluden cuando se la cruzan por la calle. «Me preguntan, me cuentan cosas... Un día, bajé a tirar la basura, ya era de noche, y me encontré a una señora que, mientras yo abría el contenedor, me empezó a hablar: tú llegaste aquí tal año, sola, tuviste un hijo... Acabamos sentadas en el peldaño del portal, en plena calle, charlando, como si nos conociéramos de siempre. No sé ni cómo se llama esa señora», explica Lucrecia.

A ella eso le entusiasma. De su Cuba natal se trajo no solo el acento. Con ella llegó también una manera de relacionarse con el mundo, una vida de color muy próxima a la gente, y muchas ganas de vestir a sus días de colores. Los mismos que su hijo Jan, que tiene 9 años, utiliza en los dibujos, uno de los cuales se convirtió en el fondo de la web oficial de la cantante, que pronto iniciará la gira de promoción de su último disco La casita de Lucrecia.

Pero, ¿cómo es la casa de verdad de esta artista? Los muebles rojos, cortinas y sábabas de colores, los peluches de los Lunnis y mucha luz definen la personalidad de su hogar. «En él empecé a escribir los 26 cuentos de mi último disco, en el que mi marido y mi hijo, el productor Óscar Gómez -productor de todos los discos de Miliki-, su hija Sara y Elsa Baeza -nos prestó su vivienda en Madrid- han intervenido también. El libro saldrá a la venta para Sant Jordi», explica Lucrecia.

Un barrio de escuelas

El mundo infantil ha inspirado a la cantante. Según ella, «lo que da vida al barrio en el que vive -El Camp d'en Grassot y Gràcia Nova-, son las escuelas. Hay muchas y, en las horas punta, es una fiesta infantil la entrada y la salida de los colegios», afirma. Lucrecia reconoce que su vida gira en gran medida alrededor de la de su hijo. «Como me dijo un día mi amiga Mónica Green, cuando tienes un hijo, todo pasa a girar alrededor de él», recuerda. Y sus rutinas diarias lo demuestran. «Madrugo para llevar a Janito al colegio. Cada día lo despierto con música. Le pongo de todo», dice. «Durante la mañana, hago todo porque la vida es hasta las 15.00 horas. Luego, tengo que ir a recogerlo», explica. «Con él, hemos ido tanto a jugar a los columpios del paseo de Sant Joan...», recuerda la creadora de historias infantiles. Creadora y consumidora. «Un día, mirando Tom & Jerry dije: podría hacer un pollo relleno como el que aparece en la serie de estos dibujos. Y lo hice. Primero probé con un pollo y luego con un cochinillo», declara. «Me encanta cocinar. Cocino de todo. Bueno, solamente estoy bloqueada con los canelones, pero mi marido los hace bien. Yo cocino muy bien el arroz blanco con frijoles negros, la carne con papas y el picadillo a la habanera...», explica. Otros sabores importados que resultan de su agrado los degusta en el restaurante de comida siria Ugarit. El de la plaza de Joanic lo tiene al lado de casa. «Me gusta mucho el falafel y el humus», señala.

El bolo que le falta

No hay rincón ni comercio del barrio en el que la cantante no haya puesto los pies. «Como clienta, me diversifico tranquilamente», asegura. Y para esta vecina, todos sus vendedores tienen nombre. «Yolanda, la farmacéutica, Alicia la del videoclub...», y así continúa enumerando nombres mientras damos un paseo por sus recorridos más habituales, entre la Travessera de Gràcia, Pi i Margall y el paseo de Sant Joan, la calle que enamoró a Lucrecia. «El primer barrio al que me trajeron a visitar cuando vine a Barcelona fue Gràcia. Y, cuando vi el paseo de Sant Joan por primera vez, me arrebató. Me pareció una avenida preciosa», dice.

«Llegué a la finca de la calle de Hipòlit Lázaro sola y en la escalera todos los inquilinos éramos solteros. Con el tiempo, tuve a mi hijo y también me he casado. Menos una vecina, que falleció, el resto de vecinos somos casi todos los mismos», explica Lucrecia. «En este barrio tengo tantos recuerdos...», suspira. Solamente le pesa una cosa de sus años en Gràcia: «He participado en muchísimos actos benéficos de manera totalmente altruista. Y lo volvería hacer. Pero nunca, en ninguna de las fiestas de Gràcia, tan populares, me han contratado para actuar», se lamenta la cantante, que tanta vida y alegría sigue poniendo, día a día, en su barrio.