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BARRACA Y TANGANA

Por dentro

Es siempre ese un extraño y lúcido momento de paz, en el estadio, un buen momento. Pensar lo que fuimos y lo que somos

Enrique Ballester

Aduriz marca el 1-0 que derrotó al Barça en San Mamés con una impresionante volea.

Aduriz marca el 1-0 que derrotó al Barça en San Mamés con una impresionante volea. / EFE / JAVIER ZORRILLA

Un día tienes inquietudes y porvenir y otro estás viendo tenis de mesa en la televisión un sábado por la mañana. Me levanté del sofá para jugar con mi hijo Teo, con crujir de huesos y esfuerzo titánico, y al principio no me parecía muy conveniente que jugara con una pistola, que se flipara tanto apuntando con una pistola de vaquero norteamericano, que solo tiene tres años el enano, pero luego descubrí que así podía yo simular haber sido disparado y pasarme el rato inmóvil y tumbado en el suelo, pensando en mis cosas, pensando en esta columna, así que entonces ya me pareció mejor la pistola y admití que estaba equivocado. La vida es una lección de humildad tras otra: treintañeros orgullosos por correr un 10K hasta que llega Aduriz una noche de verano, llega Aduriz con casi cuarenta años y marca de chilena un golazo, llega Aduriz y los hunde de golpe en el fango.

Esta temporada he cambiado de ubicación en el estadio. Siempre que veo un partido desde una grada distinta, imagino cómo se vivieron y vieron desde ahí mis goles preferidos, los importantes, los que con más cariño recuerdo. Ese repaso mental es algo que recomiendo, es algo que te lleva directo al instante de la emoción, que sigue siendo la esencia de este juego. Cómo se marcaron, cómo se celebraron, cómo sufrieron y cómo rieron y lloraron los de alrededor, cómo lo viví entonces y cómo lo viviría ahora, todo eso pienso. Recreo cada detalle desde la memoria y en silencio: aquel gol, aquel homenaje, aquella cicatriz o aquel agónico descuento. Ahora mismo creo que lo mejor del fútbol nos pasa por dentro porque nadie te puede robar lo que te pasa por dentro. Es siempre ese un extraño y lúcido momento de paz, en el estadio, un buen momento. Pensar lo que fuimos y lo que somos. Un momento de esos de mascar y asumir el paso del tiempo.

Bombero, futbolista... nada

Pistola aparte, mi hijo me comentó que de mayor quería ser bombero. Yo le expliqué que era muy difícil eso de ser bombero, que no todo el mundo podía ser bombero, que había que esforzarse mucho para ser bombero. Cambió entonces de profesión y eligió ser futbolista. Le volví a explicar que era muy difícil eso de ser futbolista, que no todo el mundo podía ser futbolista, que había que esforzarse mucho para ser futbolista. Repasamos y descartamos sus oficios favoritos repitiendo ventajas e inconvenientes. Sobre todo y por mi parte los inconvenientes. Al final se hartó tanto de mis quejas que dijo que de mayor no quería ser nada. Nada. Le comenté entonces que eso es lo más difícil, que nada es más difícil que no ser nada, que hay que esforzarse muchísimo para conseguir no ser nada, y que en el improbable caso de conseguirlo seguro que alguien y de alguna manera le iba a impedir no ser nada.

Teo procesó la información, intuyo que sin entenderla, y se tumbó a mi lado. Estuvo callado un dulce rato, pensando en sus cosas, mientras yo pensaba en las mías, en esta columna. Fue ese un extraño y lúcido momento de paz, en casa, un buen momento. Pensar lo que fuimos y lo que somos. Un momento de esos de mascar y asumir el paso del tiempo.