Radiografía

Las ruinas de la alta burguesía catalana: así han perdido su fortuna e influencia

Foto de ’familia’ de la burguesía industrial.

Foto de ’familia’ de la burguesía industrial. / El Periódico

  • La globalización, la explosión de la burbuja inmobiliaria, la ‘distancia’ en la era de internet y el ‘procés’ son algunas causas del declive de la clase que mandó en el XIX y parte del XX

  • Cristian Segura, un miembro del 'club', desgrana los interiores de la elite en 'Gent d'ordre' (Galaxia Gutenberg)

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Núria Navarro
Núria Navarro

Periodista

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Ver en la tribuna del Barça a la progenie de la alta burguesía industrial quejarse de la presidencia del club es, según Roger Vinton, el autor de 'La gran teranyina. Els secrets del poder a Catalunya' (Periscopi), una metáfora del ocaso de su influencia. "En 1900 dictaban por dónde pasaba el ferrocarril", compara quien ha hecho una disección de las fortunas que marcaron el destino de Catalunya en los siglos XIX y buena parte del XX. Otro síntoma de la pérdida de peso –y esta viene de 'dentro'– la ofrece Cristian Segura, perteneciente a una estirpe de industriales del perfume que acaba de publicar 'Gent d’ordre' (Galaxia Gutenberg), un paseo por los interiores de 'su' mundo sellado: "Décadas atrás, la ampliación del Prat se habría hecho. ¿Qué oposición tiene la de Barajas aparte de un tuit de Errejón?".

Ellos siguen ahí

Sin embargo, pese a que en la cima del 'establishment' barcelonés haya apellidos chinos, georgianos y hasta pakistanís, y que el chorro del gran capital venga de fondos de inversión como Rockblock, Vanguard o Capital Research, ellos siguen ahí. "Muchos se arruinaron y desaparecieron de los lugares de influencia, pero continúan estando arriba –señala Andreu Farràs, autor de 'Els Güell: la historia d’una de les famílies més influents a Catalunya els últims dos segles' (LaButxaca, 2020)–. Eso sí, compartiendo mesas y tribunas con 'recién llegados' como [el ya fallecido] Josep Lluís Núñez, un 'self made man' al que rindieron pleitesía cuando ascendió al olimpo del Camp Nou y al que luego, por sus malos pasos con la hacienda, trataron como a un apestado".

¿Hay forma de distinguirlos a simple vista? "Cuando tienes delante a una fortuna de generaciones lo percibes", afirma Vinton. Y Segura, que ha compartido los códigos del Upper Diagonal, da algunas pistas (heterodoxas): 1/ "En todos hay una cierta inconsciencia, como si no fueran mortales"; 2/ llevan un jersey de cachemir zaparrastroso y un perro sin pedigrí con la mayor elegancia –"son muchas generaciones bien alimentadas y conviviendo en entornos selectos"–; 3/ "nunca hacen explícito su poder", y 4/ la transparencia de los cristales de las gafas –"he tratado a tres presidentes de la Caixa y no podía dejar de mirarlos"– no tiene rival.

"En ellos hay una cierta inconsciencia, como si no fueran mortales", afirma Cristian Segura

Y siguiendo en el plano ocurrente, traza una taxonomía de la 'gent d’ordre' (la generación que vivió en la pax burguesa del franquismo). Están el 'pal de paller' ("el que hace obra social"), el 'pijoloco' ("el más amoral y desinhibido de todos") y el 'pijoprogre' ("el que quiere limpiar su sentimiento de culpa de clase haciéndose muy de izquierdas"). La primera categoría, la del 'pal de paller', está casi desierta después de que Banc Sabadell, CaixaBank y sus participadas trasladaran sus sedes sociales y fiscales fuera de las fronteras de Catalunya ("si acaso, queda el conde de Godó"). De 'pijoloco', dice, un ejemplo de manual es el de Josep Cusí, el amigo íntimo de Juan Carlos I, al que "le pidieron que fuera instructor de tiro al plato de Franco y no tuvo inconveniente". Otros –más entrañables–, enumera, son Mercedes Milá, Carlos Martorell o Ricardo Bofill Jr. Y enfrente –y "más atormentado"– el modelo de 'pijoprogre' "está bien representado por Jaume Asens", el presidente de Unidas Podemos y 'comuns' en el Congreso de los Diputados.

Josep Cusí, con Juan Carlos I, en una regata.

/ Diario de Mallorca

Razones de la debacle

El caído en desgracia Fèlix Millet dijo que Catalunya estaba en manos de 400 familias, pero hay consenso en que se le fue la mano. En todo caso –y pese a que es difícil contarlos porque se casan entre ellos–, hoy resisten unas 20. El principio del fin podría situarse en el desarrollismo (1959-1975), el embrión del Estado del bienestar. "Algunos miembros de las clases medias –proporcionalmente no muchos– pudieron acceder a las elites sociales gracias a su éxito empresarial", explica Andreu Farràs.

‘Resisten’ unas 20 familias, en parte por el salto a la industria del dinero y al sector digital

Mientras el ascensor social subía a gente que engrosaba las filas del funcionariado o tenía empresas con contratos con la Administración pública, la globalización iba cerrando fábricas en Detroit y en Sabadell. Muchos herederos vendieron patrimonio industrial para invertir en inmuebles cuyas rentas les aseguraran seguir en su nube de algodón, aunque mantener las distancias resultó más incómodo. Los nuevos agentes de poder económico y político empezaron a invadir sus zonas de exclusividad ("He visto a Pilar Rahola escribir sus artículos en la sala de dominó del Polo", confiesa Segura, a modo de ejemplo).

El mundo se volvía líquido. Internet democratizó la información, aceleró la internacionalización y complicó el mantenimiento de cuotas monopolísticas. Los actores del nuevo tablero interactuaban con la opinión pública. Surgieron perfiles como los de Jaume Roures (Mediapro), que empezó de linotipista y hoy tiene un patrimonio de 230 millones de euros, o José Elías (Audax Renovables), que salió del extrarradio de Badalona y, comercializando energía, ya va por los mil millones de euros.

De la 'fosilización' se salvaron algunos como Carlos Tusquets Trías de Bes o los García-Nieto, que vieron el futuro en la industria del dinero, o –mejor aún– los que saltaron a la economía digital, como Oscar Pierre, fundador de la plataforma Glovo. En todo caso, la influencia política se había volatilizado. "Los Valls-Taberner, que empezaron con el textil y están emparentados con otros apellidos, solo tienen poder para colocar a algún piloto de Fórmula 1", argumenta Segura. Para empañar aún más los fines de semana en la Cerdanya, en 2008 estalló la burbuja inmobiliaria, y en 2012 se acentuó la crisis de la Eurozona.

Viaje al soberanismo

'Paz, estabilidad y orden' habían sido el sustrato del oasis catalán. Reinaba la 'hermandad' entre las familias. Los Fisas (PP), Trías (CiU) y Maragall (PSC) no se hacían daño. Hasta que la (nueva) política se convirtió en un agente disruptivo. Antoni Vila Casas, magnate farmacéutico, mecenas y expresidente de la patronal Farmaindustria, declaró sin paños calientes: "Soy independentista porque España no nos trata bien, ni nos tratará bien nunca". La zona alta de Barcelona –excepto en el triángulo de Tres Torres, Ganduxer y Reina Victoria– pasó de votar a CiU a respaldar a JxCAT. Una notoria rareza. Según Segura, por "adscripción a la tribu" –Artur Mas dibujaba una Dinamarca del sur–, por la crisis en arca propia y por un punto de "frivolidad". "Como es gente que no tiene una idea elaborada de lo que es el debate público –prosigue Segura–, no entendieron, o han entendido tarde, que no se trataba de un juego".

"Incluso las familias más españolistas en el fondo están hasta las narices de España", según Roger Vinton

Andreu Farràs duda que el sentimiento sea mayoritario –"si lo hubiera sido, el 'procés' habría tenido un desarrollo diferente"–; pero Roger Vinton considera que "incluso las familias más españolistas en el fondo están hasta las narices de España" (las agencias de rating desconfían del 'made in Spain' y alejarse parece una forma de proteger el corral).

Mundo flotante

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Ya nada es lo que fue. Uno de los apellidos más 'top' de las 20 familias que quedan en pie –prefiere el anonimato para no enturbiar la próxima reunión del clan– reconoce que la situación le provoca "una mezcla de curiosidad, risa y pena". La compara con una tira de Quino en la que se ve a un prohombre en su despacho, con los retratos del abuelo, el padre y una gráfica que cae en picado, hablando por teléfono. "¡No sabe con quién está hablando!", dice.

Pero, pese a la globalización, las crisis, el 'procés' y hasta la pandemia, en el mundo flotante del Golf El Prat, el Tenis Barcelona o el Club Churchill nadie parece sentir que es mortal.