Análisis

Gaza: una cárcel en el Mediterráneo

Un hombre porta el cuerpo de un niño herido tras uno de los bombardeos sobre Gaza.

Un hombre porta el cuerpo de un niño herido tras uno de los bombardeos sobre Gaza. / Reuters

  • La franja se ha convertido en un lugar prácticamente invivible tras décadas de ocupación y años de bloqueo internacional y de Gobierno de Hamás.

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Joan Cañete Bayle
Joan Cañete Bayle

Subdirector de EL PERIÓDICO. Periodista y escritor. Entre otros trabajos, ha sido corresponsal en Jerusalén y Washington DC. Autor de las novelas Expediente Bagdad (junto a Eugenio García Gascón) y Parte de la Felicidad que Traes.

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Junio de 1967. De forma incontestable, Israel gana la guerra de los Seis Días, el penúltimo intento de los países árabes (el último sería en 1973, en la guerra del Yom Kippur) de derrotar el Estado hebreo fundado en 1948. En apenas 19 años, ese Estado formado por emigrantes y refugiados judíos de decenas de nacionalidades logró culminar el sueño sionista de controlar por entero el territorio de la Palestina del Mandato Británico, Eretz Israel. Entre 1882 (año de creación de Rishon L’Zion, la primera colonia de ideología sionista) hasta el 7 de junio de 1967, cuando los soldados israelíes entraron en la Ciudad Vieja de Jerusalén, la historia del proyecto sionista es la de un éxito lineal e incontestable. En 1967, toda la tierra de Gaza al Golán y del Mediterráneo al Jordán pasó a manos israelíes. También la población palestina que allí vivía.

El mito sionista «una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra» es falso. En Palestina había, y hay, muchos palestinos, millones de ellos hoy, centenares de miles en 1948. El conflicto palestino-israelí –considerado por muchos como atávico– se puede reducir a una pregunta: ¿Cómo ha gestionado el proyecto sionista, que propugna que la tierra de Eretz Israel pertenece solo a los judíos, el hecho de que en ella vivían y viven millones de personas que no son judíos y que se han resistido durante años a la expansión territorial? La respuesta ha variado a lo largo del tiempo. En 1948 se optó por dar la ciudadanía pero no plenos derechos a los palestinos que se quedaron en el recién nacido Israel y no huyeron para convertirse en refugiados. Pero en 1967 la anexión no era una opción porque entonces los palestinos hubieran sido la mayoría demográfica. Dio inicio entonces un complejo sistema de ocupación militar, la más larga de la historia, en Jerusalén Este, el Golán, Cisjordania y la franja de Gaza.

Modelo penitenciario

Gaza, el estrecho territorio fronterizo con Egipto, cayó a los infiernos. El historiador israelí Ilan Pappe define como «cárcel a cielo abierto» la forma de Israel de gestionar a los palestinos. El principio rector es el castigo colectivo como forma de control de la población local, a la cual se desposee de los derechos humanos y las libertades políticas y civiles. Dependiendo del comportamiento colectivo, se establecen dos versiones: si la actitud es buena se premia a la población con lo que no dejan de ser algunos de sus derechos básicos (movimiento, trabajo, suministro de servicios…); si el comportamiento es malo, se la castiga de forma colectiva privándola de estos beneficios y endureciendo el régimen. Al primer modelo Pappé lo llama «cárcel a cielo abierto»; al segundo, «cárcel de máxima seguridad». 

Gaza, epicentro de la resistencia palestina con fuerte influencia islamista , es la cárcel de máxima seguridad. A ojos del ocupante, siempre ha habido motivos para castigar colectivamente a su población: entre 1967 y 1994, por su resistencia a la ocupación militar directa, primera Intifada incluida; entre 1994 y el 2000, por la pugna entre Hamas y Al Fatah en la nueva Autoridad Nacional Palestina; entre el 2000 y el 2006, por la Segunda Intifada; a partir del 2006, por la victoria de Hamas en las últimas elecciones celebradas; en 2008, 2012, 2014 y 2021, en las llamadas guerras entre Hamas e Israel. Siempre por la resistencia contra la ocupación, ya sea armada (atentados terroristas incluidos) como pacífica.

Bombardeo periódico

Después de 15 años de bloqueo internacional y más de 50 de ocupación en sus diferentes facetas, hoy Gaza es un lugar invivible que, periódicamente, es bombardeado por una de las maquinarias bélicas más poderosas del mundo. Desde el agua potable hasta el suministro eléctrico; desde la educación a la sanidad (indispensable el documental Condenadas en Gaza, de Ana Alba y Beatriz Lecumberri), desde el desempleo a la vivienda, las estadísticas de la franja muestran un lugar paupérrimo sin presente ni futuro, gobernado por Hamas organización terrorista a ojos de Occidente– en un régimen autoritario, y olvidado por la comunidad internacional, que contribuye al bloqueo decretado tras la victoria islamista en las elecciones de 2006.

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Gaza es literalmente una cárcel: nadie puede salir y entrar sin pasar por el proceso de permisos israelí. Gaza es la expresión máxima de décadas de ocupación y de la indiferencia de la comunidad internacional por la suerte de los palestinos. Gaza es la gran cárcel a orillas del Mediterráneo.