Documental

Enfermas de cáncer empujadas hacia la muerte en la ratonera de Gaza

Iman al Najar, una de las mujeres que no había obtenido el permiso para salir de la Franja, entrevistada en la playa de Gaza en junio de 2019.

Iman al Najar, una de las mujeres que no había obtenido el permiso para salir de la Franja, entrevistada en la playa de Gaza en junio de 2019. / 'Condenadas en Gaza'

  • Las periodistas Ana Alba y Beatriz Lecumberri documentan un drama silencioso en 'Condenadas en Gaza': el de las palestinas a las que Israel no permite salir de la Franja para recibir tratamiento contra el cáncer de mama

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Kim Amor
Kim Amor

Periodista

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Gaza vuele a los titulares. Una vez más, destrucción y muerte. Una guerra desigual que se repite. Potentes bombas de la aviación y artillería israelí, de un lado, y cohetes lanzados por las milicias de Hamás, el movimiento islamista que controla con mano de hierro el territorio, del otro. La peor parte, en vidas humanas de civiles, se la llevan siempre los dos millones de palestinos que sobreviven hacinados en un territorio de 365 kilómetros cuadrados y que desde hace 14 años sufren un bloqueo por tierra mar y aire por parte de Israel. Desde entonces, nada ni nadie sale o entra en Gaza sin la autorización expresa del Estado hebreo. 

“Gaza es una ratonera”, afirma la periodista Beatriz Lecumberri, que la conoce bien. Estuvo siete años en Jerusalén trabajando de 'freelance'. La reportera navarra presentó este viernes en Barcelona el documental 'Condenadas en Gaza', un trabajo laborioso, impactante y conmovedor que codirigió con la fallecida reportera catalana Ana Alba.

Juntas y por su cuenta –el documental se financió a través de un 'crowdfunding' y con el apoyo de la Vicepresidencia del Gobierno de Cantabria- destinaron más de dos años de trabajo y 40 minutos de metraje a poner el foco en una de las consecuencias más feroces del bloqueo: los enfermos palestinos a los que las autoridades israelís impiden o ponen trabas para recibir tratamiento fuera de la Franja. Las periodistas se centran en un puñado de mujeres que padecen o padecieron, sobrevivieron o murieron al cáncer, principalmente de pecho. 

Ana Alba, en un momento de la grabación.

/ Beatriz Lecumberri

Así como el documental rinde homenaje a estas mujeres valientes, su estreno fue un tributo a Ana Alba. Corresponsal durante 10 años de EL PERIÓDICO DE CATALUNYA en Jerusalén, curtida en otras batallas, Ana murió hace un año tras luchar ella misma contra un cáncer. Estaba ya enferma cuando puso en marcha el proyecto con Beatriz. “Ana y yo trabajamos mucho juntas. Éramos súpersoñadoras, las reinas del cuento de la lechera”, recuerda Beatriz.

En primera persona

Un buen tándem, y muy comprometido: recorrieron innumerables veces el corredor de dos kilómetros que separa Gaza de Israel en el puesto fronterizo de Erez, se patearon calles y pasillos de hospitales, y filmaron el territorio con un dron para mostrar desde el aire ese pedazo de tierra cercado por verjas, muros de hormigón y torres de vigilancia. Ana combinó el rodaje con visitas frecuentes a Barcelona para someterse a quimioterapia. Nada fue fácil, pero había que contarlo.

"Los gazatís pagan el precio del bloqueo israelí y de las divisiones palestinas", afirma Beatriz Lecumberri

No es un documental de contenido político, aunque, como dice Beatriz, “todo lo que se escribe sobre Gaza va a ser interpretado como algo político”. De lo que habla es “de derechos humanos y de la vida de la gente, con nombres y apellidos”. Por eso son las propias protagonistas las que narran sus historias, sin una voz en 'off' que marque los relatos. Y lo hacen de una manera directa y con gran entereza y dignidad. “Nuestro interés siempre fue que se escucharan las voces de ellas y que nosotras tan solo fuéramos las transmisoras”, dice Beatriz.  

Nivín Habub, en su casa de Gaza. Murió el pasado octubre, tras recibir pocos permisos para tratarse en un hospital de Jerusalén Este.

/ 'Condenadas en Gaza'

Lograr este tipo de testimonios no es tarea fácil, y menos en una sociedad tan cerrada, patriarcal y conservadora como la gazatí, donde esta enfermedad se ha convertido en un estigma, sobre todo si quien la padece es una mujer. “Las cuestiones que afectan a las mujeres no son prioritarias para los que toman las decisiones en Palestina”, dice ante la cámara Firyal Zabet, directora del centro de Salud de Mujeres Al Bureij de Gaza.

Permisos que siguen denegándose

El hilo conductor del documental y principal protagonista es Nivín Habub, que en el momento del rodaje tenía 42 años, y a quien se le diagnosticó un cáncer de mama que al no ser tratado adecuadamente se extendió a los huesos y al cerebro. Pidió incontables permisos a Israel y solo logró salir en contadas ocasiones al hospital Augusta Victoria de Jerusalén Este. “Vivimos sufriendo y llegamos incluso a morirnos esperando”, dice en un momento del documental. Murió en octubre del año pasado.

“Vivimos sufriendo y llegamos incluso a morirnos esperando”, afirma en el documental Nivín Habub, que murió en octubre del año pasado

La tasa de supervivencia del cáncer de mama en Gaza roza el 65% pasados cinco años, según la Organización Mundial de la Salud, aunque algunas oenegés reducen el porcentaje a un 50%. En España es de alrededor del 90%. No poder salir de la Franja puede equivaler a una sentencia de muerte, explica Zabet.

La noticia que puso a Beatriz y a Ana sobre la pista de este drama tuvo lugar en el 2018, cuando el Tribunal Supremo de Israel falló a favor de una oenegé israelí que defendía la causa de siete mujeres enfermas de cáncer a las que las autoridades hebreas habían prohibido salir de Gaza por sus supuestos vínculos con Hamás. A pesar de la sentencia, los permisos siguen denegándose. 

La tasa de supervivencia del cáncer de mama en Gaza roza el 65% pasados cinco años, mientras que en España asciende al 90%

El caso de las hermanas Imán y Nisrín, de 34 y 38 años respectivamente, afectadas ambas por un cáncer de pecho, es paradigmático. La primera nunca había recibido un permiso. La segunda, varios, aunque eso implicara pasar por los rígidos registros del puesto fronterizo de Erez. “Sospechan que puedo llevar algo en el pecho, aunque les digo que es una prótesis de silicona”, explica a las periodistas. Es tanto el celo israelí que incluso prohíbe la entrada en Gaza de los aparatos necesarios para el tratamiento de radioterapia.

Discriminadas por la propia familia

Las enfermas gazatís no solo sufren la falta de permisos sino que además son discriminadas y rechazadas por parte de la población, incluso por sus propios familiares, que las consideran deformes e improductivas. A la periodista Hayar Harb, que logró permiso para recibir tratamiento en Jordania tras escribir una carta abierta en Facebook al presidente palestino, Mahmud Abás, la abandonó su marido. “Acabé escribiéndome a mí misma mensajes de fuerza. Escribía frases para animarme”.

Un grupo de gazarís, en una sesión en la que una especialista muestra cómo detectar un posible cáncer de mama.

/ 'Condenadas en Gaza'

Otro problema añadido y que recoge el documental es el impacto negativo que causa sobre la población de la Franja la escisión de la dirigencia palestina. Es el Gobierno de Al Fatah, en Cisjordania, quien paga los médicos de hospitales públicos y suministra parte de los medicamentos a Gaza, controlada por Hamás, considerada una organización terrorista por EEUU, la UE e Israel. Cuando la tensión entre ambas facciones sube de tono, los suministros han llegado a retrasarse. 

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“El pueblo de Gaza paga el precio del bloqueo israelí y el precio de las divisiones palestinas. Ana y yo siempre quisimos señalar claramente esta responsabilidad compartida que se traduce en el drama de estas mujeres”, señala Beatriz.  

Nivín Habub se resistía a morir así y reivindicaba el derecho a vivir y recibir tratamiento como cualquier otra persona. “Las circunstancias que me rodean me empujan hacia la muerte. Y a nadie le importa. Si un paciente muere, que Dios lo reciba en su gloria, ni a los israelís ni a los dirigentes palestinos les importa”.