Evolución y azar

La expansión de las mutaciones del coronavirus: 6 claves para entender la carrera de las variantes

Un cartel luminoso avisa a los vecinos de Bolton, en Reino Unido, que en la zona circula una nueva variante del coronavirus.

Un cartel luminoso avisa a los vecinos de Bolton, en Reino Unido, que en la zona circula una nueva variante del coronavirus. / OLI SCARFF / AFP

Menos del 1% de los casos detectados en los últimos seis meses se corresponden al linaje original del coronavirus que brotó hace poco más de un año en Wuhan. La pandemia está ahora en manos de las mutaciones emergentes. 

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Valentina Raffio
Valentina Raffio

Periodista.

Especialista en ciencia, salud y medio ambiente.

Escribe desde Barcelona

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La variante original del coronavirus que hace poco más de un año brotó en la ciudad china de Wuhan está al borde de la extinción. La panorámica global del virus muestra que el linaje primogénito prácticamente ha desaparecido del mapa. Menos del 1% de los casos globales detectados en los últimos seis meses se corresponden al ‘coronavirus original’. El virus ha ido abriéndose paso de la mano de las variantes emergentes; unas 'versiones' del coronavirus que por culpa (o gracias) a las mutaciones que incorporan han logrado expandirse más y mejor por el mundo. La pandemia ya es una carrera de variantes.

En España, por ejemplo, el linaje original del coronavirus apenas penetró. Según ilustra la plataforma 'Covidtag', dedicada al seguimiento de las variantes del coronavirus en España, la primera ola de la pandemia se articuló a través de diferentes variantes (como la A.2 identificada en España y la B.1 de origen italiano). La segunda, en cambio, fue protagonizada por la variante europea (B.1.177), que se expandió por el continente a partir de la apertura de fronteras del verano del 2020. A partir de enero del 2021, Pero a partir de enero del 2021, la variante británica (B.1.1.7) desplaza a su predecesora y marca el pico de la tercera ola. En estos momentos, además, todo apunta a que el linaje inglés sigue siendo el predominante en todo el territorio.

El surgimiento de variantes también se traduce en una carrera entre linajes para ver quién se hace con más terreno. "Todo depende de factores biológicos y sociales", resume Roger Paredes investigador principal del Grupo de Genómica Microbiana de IrsiCaixa. El caso de la variante británica en España es un ejemplo. Aunque el linaje ha desplazado al anterior, esto no se ha traducido en un aumento exponencial de casos. ¿Por qué? "Porque cuando esta variante irrumpió se aplicaron medidas de contención mucho más estrictas", resume el científico citando un estudio liderado por Clara Prats.

Ahora que las variantes emergentes acaparan titulares, el investigador Marc Noguera, uno de los responsables del proyecto 'Covidtag', apela a la prudencia. Primero, porque se necesita mucha investigación para saber el impacto de una variante. Y segundo, porque es complicado separar el virus de su contexto. "Todavía es pronto para saber si la variante india es responsable de la segunda ola en el país. Cuando hacemos este tipo de balances es tan importante hablar del virus como de las medidas de prevención que se hayan tomado (o dejado de tomar)", comenta el científico, también de IrsiCaixa.

Interpelados por este diario, ambos científicos arrojan seis claves para entender la expansión de variantes, linajes y mutaciones del coronavirus SARS-CoV-2. 

¿Es normal que el coronavirus mute?

Sí. La aparición de mutaciones y variantes forma parte del proceso natural de evolución del virus. Igual que ocurría en los manuscritos medievales, cada vez que un virus salta de un lugar a otro se produce una copia del mismo. Si en uno de estos saltos se cuela un error, la errata también se acaba transmitiendo copia tras copia. Cuantas más duplicados haya, más probabilidades de que se cometan erratas. Y cuantas más erratas, más riesgo de que el mensaje cambie respecto al original. En su año y media de vida, el coronavirus SARS-CoV-2 ha dado al menos al menos 160 millones de saltos (tantos como contagios diagnosticados hasta la fecha) así que, como cabría esperar, se ha transformado por el camino.

Las mutaciones son un fenómeno que se produce al azar que surge espontáneamente durante el proceso de replicación. Pero el hecho de que se produzca una mutación no implica que esta se mantenga. Solo prosperan los cambios que confieren al virus cierta ventaja competitiva respecto a sus homólogos.

Un médico indio toma la temperatura a un niño en Ahmedabad, el pasado 15 de junio.


/ AMIT DAVE (REUTERS)

¿Cuánto ha mutado el coronavirus hasta ahora?

La buena noticia es que el coronavirus ha mutado poco. "Menos de lo que mutan otros virus como el de la gripe o el VIH", ilustra Noguera. "Se estima que, de media, desde que empezó la pandemia se han generado unas dos mutaciones al mes", añade el investigador. En esta línea, recalca, hay variantes que incorporan 20 mutaciones, pero de estas tan solo hay dos que resultan preocupantes y 18 más que pasan desapercibidas.

Algunos estudios apuntan a que si ahora mismo cogiéramos dos muestras de coronavirus de dos partes del mundo el genoma de los virus tan solo diferiría de 10 letras (de las más de 30.000 que caracterizan el patógeno). Hasta ahora se han catalogado más de 12.000 mutaciones en el genoma del SARS-CoV-2

¿Cómo se detectan mutaciones y variantes?

Cada país tiene desplegado su sistema de vigilancia genómica del SARS-CoV-2. Según explica Noguera, la manera más fiable para saber qué linajes están circulando son las pruebas de secuenciación genética. Pero dado que estas herramientas son muy costosas y lentas, solo se analiza una parte representativa de las muestras recogidas y a partir de ahí se intentan extrapolar los resultados al resto de la población. 

En España, por ejemplo, se han secuenciado casi 23.000 casos. Catalunya destaca como la comunidad autónoma que más pruebas de este tipo ha realizado. "A partir de la detección de la variante británica se ha hecho un esfuerzo para secuenciar más. Mientras el verano pasado se estudiaban unas 200 muestras a la semana, ahora estamos en las 1.000 semanales", explica el científico. 

Pacientes con coronavirus ingresados en el Hospital Municipial Gilberto Novaes, en Manaos, la capital de Amazonas.

/ EP

¿Por qué preocupan tanto las variantes emergentes?

El surgimiento de mutaciones, variantes y cepas de coronavirus preocupa porque cambia las cartas sobre la mesa. Y esto podría poner en jaque las actuales herramientas de las que disponemos para intentar frenar la pandemia. "Ya hemos visto variantes que se transmiten mejor y que son capaces de esquivar la respuesta del sistema inmunitario. Y otras que debilitan el efecto de vacunas y tratamientos disponibles", comenta Paredes.

"El peligro de las variantes emergentes también nos obliga a plantear la lucha global contra la pandemia", esgrime el científico. Pues de nada sirve que toda Europa esté vacunada si en el otro extremo del mundo el virus muta y cambia todas las cartas sobre la mesa.   

¿Todas las variantes preocupan por igual?

No. Los sistemas salud pública clasifican las variantes emergentes en tres grandes categorías. El primer nivel son las variantes de interés. Aquí entran prácticamente todas aquellas que se detectan. En esta fase se observa si hay un efecto en la transmisión, diagnóstico o tratamiento de la enfermedad y qué tan extendida está.

El segundo nivel son las variantes de preocupación. En este grupo entran todas aquellas que, según apuntan los estudios científicos, el linaje o es más transmisible o tiene un efecto sobre gravedad de la enfermedad, diagnóstico, tratamiento o vacunas. Ahora mismo, España clasifica bajo este parámetro la variante británica, la sudafricana y la brasileña. Recientemente, la Organización Mundial de la Salud ha añadido a esta lista la variante india.

El tercer y último nivel es el de las variantes de gran consecuencia. En este cajón entrarían todas aquellas variantes que escaparan a las actuales medidas de contención. Es decir, que escaparan al diagnóstico, tratamientos, vacunas y que incluso pusieran en jaque los actuales protocolos de prevención. Por suerte, todavía no se ha detectado ningún linaje que encaje en esta categoría.

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/ BEN STANSALL

¿Cómo se escogen los nombres de las variantes?

El surgimiento de más y más variantes de coronavirus ha obligado a bautizar sobre la marcha todos estos linajes emergentes. Tanto con nomenclatura científica como con términos más informales. El brote detectado en Kent, por ejemplo, se conoce tanto como B.1.1.7 como variante británica. ¿Problema? Ninguno de los dos términos es funcional. El primero, porque es difícil de utilizar. Y el segundo, porque no es correcto asignar un linaje a una zona geográfica concreta, pues es imposible saber exactamente dónde se ha originado y, además, añadirle una 'nacionalidad' resulta estigmatizante.

El caos en los nombre de las variantes no es un asunto baladí. La Organización Mundial de la Salud ya ha desplegado a su Comité Internacional de Taxonomía de Virus (ICTV, por sus siglas en inglés) para estudiar alternativas. Según recoge la revista 'National Geographic', sobre la mesa hay dos opciones. Bautizar los linajes igual que se bautizan las tormentas tropicales, creando un banco de nombres que se asignen de manera alfabética. O usar el sistema que utilizan las farmacéuticas para nombrar a sus productos y crear nombres uniendo sílabas aleatorias.

El nombre científico de las variantes responde a un intrincado sistema de clasificación taxonómica. O mejor dicho, a dos manuales: 'Pango' y 'Nexstrain'. El primero se articula como un árbol genealógico que se va ramificando en función de las mutaciones que se detectan. El sistema 'Pango' empieza con letras como A o B y añade un número y un punto para identificar cada una de las variantes detectadas. A partir de los tres puntos, se cambia de letra. El manual 'Nexstrain', en cambio, toma como referencia el año de detección de la variante y añade un número por cada linaje que se detecte en más de un 20% de los casos globales. Según este sistema, pues, la pandemia ha ido de la variante 19A a la 21A. Ambos sistemas tienen sus pros y sus contras. Mientras el primero arroja nomenclaturas muy complicadas, el segundo pierde gran parte del detalle de las mutaciones.