Largo camino por recorrer

Chequeo a los refugios climáticos de Barcelona: lagunas en calendario, horarios e instalaciones

“Esto es un desierto”: vecinos del entorno de Barcelona piden más refugios públicos contra el calor

Por qué Badalona tiene un solo refugio climático contra el calor para sus 223.000 habitantes

Un hombre echando una siesta y leyendo la prensa en una biblioteca de Barcelona, en plena ola de calor este julio

Un hombre echando una siesta y leyendo la prensa en una biblioteca de Barcelona, en plena ola de calor este julio / Jordi Otix

Meritxell M. Pauné

Meritxell M. Pauné

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La población de Barcelona ya no se va de vacaciones cada mes de agosto y el calor aprieta fuerte este 2023 con temperaturas disparadas. No son fenómenos exclusivos de la capital catalana, al contrario: la mayoría de grandes ciudades lidia con el ‘efecto isla de calor’ del asfalto a través de espacios climatizados a disposición de los vecinos, especialmente dirigidos a quiénes no pueden costearse aire acondicionado en casa.

Barcelona fue pionera en 2019 al lanzar los primeros “refugios climáticos”, un concepto que agrupa espacios frescos de índole muy diversa y muy mayoritariamente de titularidad municipal. Se trata de la expansión de una práctica que no tenía nombre pero que ya venía produciéndose: miles de vecinos cada verano matan el tiempo en bibliotecas, centros comerciales y museos para disfrutar más de su temperatura que de su contenido.

Sin embargo, al consolidarse la etiqueta “refugio climático” el pasado mandato y definirla con más exactitud, han aflorado las lagunas de la red disponible. Actualmente el consistorio los describe como “espacios interiores o exteriores” con entrada gratuita, “buena accesibilidad, sillas o bancos, agua gratuita y seguros”. Si están climatizados, el aire debe mantenerse a unos 27º en verano –y 19º en invierno, porque la mayoría también constan como refugios contra el frío–, mientras que los exteriores deben tener sombra abundante y fuentes de agua.

Una mujer refugiada a la sombra en una plaza de Barcelona, en plena ola de calor este julio

Una mujer refugiada a la sombra en una plaza de Barcelona, en plena ola de calor este julio / Jordi Otix

La red crece sin consolidarse

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El primer lastre es que la Administración Pública aún tiende a concentrar en agosto las libranzas de su personal. Además hay días y horarios en los que apenas hay oferta, como los domingos, y las instalaciones no siempre acompañan porque no fueron diseñadas para este fin. En este artículo repasamos tres obstáculos estructurales que minan la efectividad de este incipiente escudo contra el calor.

Cerrados en agosto

El mes del bochorno estival por antonomasia es agosto, cuando menos equipamientos municipales están operativos. La página oficial de la red de refugios no ofrece un buscador por fecha para ver qué está hoy abierto, ni siquiera un PDF con todos los calendarios. Invita abiertamente al vecino a “consultar el horario de apertura previamente” de cada equipamiento al que desee ir.

Dos usuarios de una biblioteca de Barcelona, en plena ola de calor este julio

Dos usuarios de una biblioteca de Barcelona, en plena ola de calor este julio / Jordi Otix

El repaso de EL PERIÓDICO a la red constata el descenso súbito de posibilidades al empezar agosto. Las bibliotecas son el caso más evidente y el más relevante, al ser el refugio más consolidado en los hábitos de jubilados, familias con niños pequeños y otros colectivos vulnerables al calor. De las 38 adheridas, solo 12 abren todo el mes y otras tres se les suman la segunda quincena. El panorama entre los centros cívicos no es muy distinto: permanecen ‘de guardia’ 8 de los 52 espacios. Los ‘casals’ para mayores varían mucho, desde abrir solo por las tardes hasta echar el cerrojo hasta septiembre.

Frescor por horas y domingos al sol

Ocho ‘refugios’ que debutan este año son patios de guarderías municipales. Alargan la lista pero no son equivalentes en prestaciones: solo se pueden usar los sábados por la mañana. Y en agosto solo seguirán activos cinco con diferentes horarios: tres matinales (10:30-13h) y dos vespertinos (17:30-20h).

En la red hay también patios de escuelas que ya abrieron el verano pasado. Todos a media jornada: hay que amoldarse a salir a jugar solo por la mañana, por ejemplo en Can Fabra en agosto, o por la tarde, como en Les Aigües. Cabe decir que muchos centros cívicos y ‘casals’ de guardia en agosto también limitan el horario a 4 o 5 horas al día.

Mención aparte merecen los domingos, un día de la semana en el que apenas hay oferta. De las 12 bibliotecas de guardia, solo tres funcionan los 7 días de la semana. Siete abren al menos unas horas cada sábado, mientras que dos cierran por completo los fines de semana.

Un hombre mayor abanicándose a la sombra en una plaza de Barcelona, en plena ola de calor este julio

Un hombre mayor abanicándose a la sombra en una plaza de Barcelona, en plena ola de calor este julio / Jordi Otix

Vestíbulos incómodos o aburridos

También engordan la red una veintena de gimnasios municipales concesionados. No enteros –que nadie se ilusione con un chapuzón gratis–, solamente el vestíbulo. Una visita a uno de ellos elegido al azar, el CEM Sagrada Familia, evidencia que no acaba de cuajar el formato. En el recibidor de este polideportivo, por ejemplo, hay dos sofás de cara a la pared, usualmente usados por socios que esperan para entrar a un cursillo o aguardan que salga un acompañante. No hay agua gratis, aunque en la máquina de vending puede conseguirse una botella por 0,60 céntimos. Para más inri estará en obras hasta el 27 de agosto y la entrada se efectuará por el parking. El personal no pone pega alguna al uso libre de la recepción, pero admite que no la utiliza nadie que no sea del club.

Y es que muchos ‘refugios’ pueden generar incomodidad o vergüenza, o simplemente no hay nada que hacer en ellos mientras se toma el fresco. Por ejemplo la planta baja de la sede del distrito de Ciutat Vella o el Centre d’Urgències i Emergències Socials de Barcelona, donde acuden personas en situación límite. Por contra, lugares que sí atraen de forma natural a los vecinos por entretenidos y disimulados, como los centros comerciales, no constan en la red porque son privados.