Rutas de madrugada (4)

Barcelona, 5am: Miseria y compañía

Parejas o tríos sentados en los bancos de la Gran Via. El susurro y el cuchicheo. ¿De qué se puede hablar a las 5am?

Una viajera espera el Aerobús en la plaza de Espanya.

Una viajera espera el Aerobús en la plaza de Espanya. / JORDI COTRINA

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Bernat Gasulla
Bernat Gasulla

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Barcelona, 5 am. Circular a esa hora por la calle de Pujades hacia el paseo de Lluís Companys es pasear entre los despojos de varias fiestas: la de la Barceloneta y el Port Olímpic a babor y la del triángulo golfo de Poblenou a estribor. Grupitos de retirada hacia la estación de metro de Bogatell, corros con cierto aire kumbayá esperando el amanecer sentados en un inhóspito cruce…

Al dejar atrás el parque de la Ciutadella y enfilar Lluís Companys se añade una variable a la constante fiestera. La miseria. Enfrente de los parterres del paseo donde poco después habrá gente de bien haciendo ejercicio con su entrenador personal y escondidos en tiendas de campaña, una decena de sintecho buscan cobijo en sus tiendas de campaña. Muy cerquita, el palacio de la Audiencia de Barcelona, por donde últimamente han desfilado líderes o protagonistas secundarios del ‘procés’. Parece también que los sintecho buscan la protección de la justicia, que, como sabemos, es ciega. Un coche de los Mossos dormita en uno de los accesos al palacio.

Barcelona a las 5 de la mañana. Ruta Gran Via. / EL PERIÓDICO

Miseria también en la plaza de Tetuán. Algún gimnasta perdido a los pies de la estatua central y gente sin hogar en los bancos, muy tapados a pesar de las noches tórridas de este verano en Barcelona.

Y, ahora, la Gran Via. Quien vaya en bici y tenga prisa por llegar a su destino, un consejo: que no vaya por la Gran Via. Así como Aragó permite disfrutar de su legendaria ‘onda verde’ en algún largo tramo, la arteria que rinde honor a las Corts Catalanes es una especie de vía crucis con frecuentes paradas y crujir de dientes.

Pero no hablaremos de tráfico. A esta hora la Gran Via solo gana vida una vez cruzado el paseo de Gràcia. A medida que avanza, empieza a verse de nuevo el típico desfile de vidas cruzadas que es Barcelona a esas horas. Una pareja de jóvenes turistas entra en su cobijo. Helloooooo”, gritan. Una mezcla de educado saludo y de advertencia a quien pueda estar agazapado en la sombra.

Los supermercados de 24 horas actúan como faros para los náufragos etílicos. Una luz blanca y fría sale de su interior y alcanza hasta el centro de la calzada. ¿Han cerrado la discoteca? Tranquilos, aquí tenemos el súper para seguir con lo que sea.

La oscuridad de la capital, incluso en una vía importante como esta, es quebrada a veces por los ya citados en otros episodios supermercados de 24 horas. Flamantes luminarias que a esas horas actúan como faros para los náufragos etílicos. Una luz blanca y fría sale de su interior y alcanza hasta el centro de la calzada. ¿Han cerrado la discoteca? Tranquilos, aquí tenemos el súper para seguir con lo que sea.

Y los bancos. Parejas o tríos sentados en los bancos de la Gran Via. Hay de todo, pero parece haberse esfumado la concentración postfiesta. Abunda sobre todo la conversación pausada casi clandestina. El susurro y el cuchicheo. ¿De qué se puede hablar pausadamente a las 5am? Grandes verdades o grandes mentiras. O, simplemente, la necesidad de compañía.

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Y llegamos a la plaza de Espanya. Vuelve la luz y vuelve el trajín y el nervio de la ciudad. Trabajadores, transporte público, turistas descarriados. Justo en la mitad de una de las salidas de la rotonda que permite continuar hacia L’Hospitalet, un nutrido grupo cargado con maletas espera el Aerobús. ‘The party is over’.

Se van de Barcelona, a las 5 am.