Inauguración histórica

¿Qué opinan los vecinos de la Sagrada Família?: "Puede que la estrella sea un revulsivo, todo ayuda"

  • Después de casi dos años de pandemia -con todo lo malo que ello implica- la ciudad de Barcelona vuelve a brillar un poquito más gracias a la estrella que corona la torre de Maria de la Sagrada Família. Al encendido inaugural, se acercaron cientos de barceloneses en una jornada muy especial.

Selfi ante la nueva estrella de la Sagrada Família, después del encendido inaugural.

Selfi ante la nueva estrella de la Sagrada Família, después del encendido inaugural. / ELISENDA PONS

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Luis Benavides
Luis Benavides

Periodista

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Una estrella artificial ilumina desde este miércoles la ciudad y muchas personas acudieron al encendido oficial, sabedoras del momento histórico que estaban a punto de ver con sus propios ojos. «Lo podría haber seguido cómodamente desde casa pero no es lo mismo», explica Neus Céspedes, una jubilada de 74 años, con una sonrisa que traspasa la mascarilla.

Ella es vecina del Clot pero sus paseos suelen rodear la obra faraónica proyectada por Antoni Gaudí. Esta vez le acompañan sus dos hijos, pero echa de menos a otra persona. “Me encantaría poder ver el encendido con mi marido, que también era un enamorado de la Sagrada Família, seguía siempre sus progresos. Nos dejó hace tres años”, rememora una vecina orgullosa de su ciudad y sus encantos. “Me gusta el ambiente que se respira por aquí aunque a veces no se puede caminar y es un poco agobiante”, puntualiza Céspedes.

Entre las personas que esperan pacientemente el encendido, que finalmente se retrasó apenas 10 minutos, también se encuentra Paquita Herrera, de 76 años, vecina del barrio y orgullosa de vivir junto al principal reclamo turístico de su ciudad. “Estoy enamorada de la obra de Gaudí y he venido expresamente para ver la estrella iluminada con mi hijo y mi nuera. La torre ha quedado preciosa. Lástima que no creo que pueda ver terminada la Sagrada Família”, lamenta esta pensionista.

Se podría pensar que esta obra se empezó a construir sin pensar realmente en su final, como un proyecto vivo, en movimiento constante. Algunos, como Patrick Sorensen, también presente durante la inauguración de la estrella, entienden así la historia interminable de la Sagrada Familia. “La intención original de Gaudí no me interesa tanto como la evolución de esta obra. Me parece que las partes nuevas encajan perfectamente”, afirma este estadounidense interesado en el arte afincado en la capital catalana desde hace cuatro años. 

La Sagrada Família sigue creciendo, sobre todo a lo alto, y el ‘skyline’ de la ciudad de Barcelona ya ha cambiado, aunque sea ligeramente con esta brillante estructura de 12 puntas. Algunos esperan que sirva como reclamo. Es el caso de los establecimientos comerciales de la zona, muy tocados por la crisis de la pandemia. “Puede que la estrella sea un revulsivo, porque todo ayuda, no sé. Tengo que pensar así, ser optimista, no me queda otra”, sostiene Joaquín Gimeno, director del restaurante Els Porxos, situado en el 140 de la calle de Mallorca, pegado al templo. Mientras dice esto el comedor está vacío y una parte de sus trabajadores, en erte. “Antes trabajábamos mucho con turistas asiáticos –continúa Gimeno-, también con gente mayor que venían en grupos del Imserso. No hemos vuelto a la normalidad pero parece que empieza a moverse la economía”.

En el lado oscuro

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Gimeno lleva al frente del restaurante desde hace dos décadas y ahora mismo lo que menos le quita el sueño es una hipotética expropiación para construir una monumental escalinata. "Si eso sucede no creo que yo lo vea”, confía el restaurador, escéptico cuando se dice que esa era la voluntad del genio del modernismo y totalmente pragmático: “¿Para qué otra escalinata si ya tiene dos?”. 

Tampoco está muy preocupado, a pesar de la afectación, Manuel B., vecino del 414. “Todo seguirá igual en estas manzanas porque ningún gobierno municipal tiene las pelotas de expropiar a mil familias para crear algo sin aprovechamiento urbanístico como es una avenida”, asegura. Compró el piso hace 20 años y asegura que si ahora lo intentara vender perdería mucho dinero. “Muchos somos vecinos de toda la vida pero también hay algún piso turístico porque supongo que no vale la pena vender ahora mismo”, apostilla este arquitecto, al que la estrella le da más o menos lo mismo. El templo, así en general, también. Y es que la estrella no brilla con la misma intensidad para todos.