Madrugada del sábado al domingo

Un imponente despliegue policial mantiene a raya los botellones de Barcelona

  • Agentes uniformados y de paisano han vigilado de cerca que las fiestas callejeras no se desmadraran esta madrugada

  • En Sarrià, foco problemático del fin de semana, hubo dos de las cinco detenciones producidas a lo largo de toda la noche

Botellón en Barcelona la madrugada del domingo 3 de octubre. / FOTO Y VIDEO: MANU MITRU

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Valentina Raffio
Valentina Raffio

Periodista.

Especialista en ciencia, salud y medio ambiente.

Escribe desde Barcelona.

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Barcelona ha vivido su enésima noche de botellones, la cual se ha saldado con cinco detenidos en los botellones de toda la ciudad (dos en Sarrià y tres en Ciutat Vella). Las fiestas callejeras de jóvenes (y no tan jóvenes) han vuelto a brotar en varios puntos de la ciudad. Pero en la madrugada del sábado al domingo 3 de octubre, a diferencia de lo que ocurría hace tan solo una semana durante las fiestas de la Mercé, los botellones parecen regresar a su dinámica habitual. Con mucho alcohol, mucha gente y sin grandes incidentes vandálicos. En esta ocasión, el importante despliegue policial de Mossos d’Esquadra y Guàrdia Urbana ha conseguido evitar que estas aglomeraciones se convirtieran de nuevo en un foco de disturbios y violencia

En la Barceloneta, por ejemplo, los furgones policiales rondaban la playa de una punta a otra desde primera hora de la noche. Mientras varias patrullas vigilaban los puntos calientes de la zona, otras apagaban los fuegos que iban surgiendo sobre el terreno. En el paseo marítimo, sin embargo, este sábado apenas había gente. Los pocos que llegaban a la arena esperando encontrarse con el ambiente festivo de las últimas semanas se decepcionaban al ver que, en realidad, no había apenas nadie y rápidamente preguntaban a los demás "dónde está el botellón de hoy". Se iniciaba entonces la búsqueda de la ansiada juerga.

Cientos de personas se reúnen en una fiesta callejera en pleno Born, este sábado.

/ Manu Mitru

A dos pasos de ahí, en el Passeig del Born, cientos de personas inundaban la calle y los bares de la zona. En su mayoría, treintañeros con ganas de "desconectar de la pandemia" y turistas atraídos por el reclamo de los botellones de Barcelona. "Vi fotografías de los botellones de aquí y pensé que no me podía perder esta fiesta", explica Jean Pierre, un joven turista francés recién llegado de Montpellier. A su vera, la muchedumbre de personas reunidas hace (casi) olvidar que la pandemia sigue existiendo. En los botellones de Barcelona, de hecho, la sorpresa sería que alguien llevara mascarilla. Pero no es el caso.

Peregrinaje de botellones

Muchos de los jóvenes que este sábado se personaron en la Barceloneta en busca de celebración emprendieron un verdadero peregrinaje en busca del botellón definitivo de este sábado. Ni siquiera una breve pero intensa lluvia de medianoche consiguió desanimar a los fiesteros que viajaron desde la playa hasta el barrio alto de Sarrià en busca de juerga. Este sábado, apenas un día después de que la fiesta del barrio se saldara con numerosos altercados y detenciones, la convocatoria del botellón era en la plaza frente a la Iglesia de Sant Vicenç.

Al llegar, muchos de los asistentes se sorprendían al ver el imponente despliegue policial en la zona. Varias patrullas policiales controlaban el acceso al recinto, sobre todo para evitar que los jóvenes entraran con botellas de cristal que, eventualmente, pudieran convertirse en arma arrojadiza. Una vez dentro, agentes de paisano controlaban la situación desde el terreno. Mientras, decenas de uniformados rodeaban el perímetro de la plaza y varios furgones policiales hacían notar su presencia. A lo largo de la noche, según ha podido observar este diario, el dispositivo policial consiguió realizar varias detenciones en la zona. 

Cientos de jóvenes, en su mayoría adolescentes, se reunieron este sábado en el botellón de las fiestas de Sarrià.

/ Manu Mitru

"Las imágenes de los altercados no representan las fiestas de Sarrià. Estas son unas fiestas de barrio, de toda la vida. El problema es que este año hay gente que ha venido expresamente a buscar pelea",  explicaban Elisabet Solà y Laia Guillén, de la comisión organizadora de las fiestas de Sarrià. En declaraciones a este diario, las jóvenes argumentaron que, si bien la presencia policial ha evitado altercados dentro del recinto, la inseguridad seguía infestando las calles aledañas. "La gente del barrio ya no se siente segura al volver a casa porque no sabes a quién te puedes encontrar en el callejón y qué te pueden hacer. Necesitamos más refuerzo policial para que esta situación no se vuelva a repetir ni en este ni en ningún otro barrio", comentaban. 

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A diferencia de otros botellones barceloneses, el de Sarrià destacaba por estar protagonizado en su mayoría por adolescentes de poco más de quince años. Muchos de los asistentes, de hecho, accedieron a hablar con este diario solo bajo la promesa de no desvelar su identidad: "mis padres no saben que estoy aquí y, después de lo que pasó ayer, si se enteran me matan". "Llevamos casi dos años encerrados en casa sin poder estar con nuestros amigos. Y somos jóvenes, necesitamos salir y divertirnos", explicaban Judith y María, de 16 años. Su fiesta, sin embargo, duró poco, pues los policías disolvieron el botellón poco después de las dos y media de la madrugada. En apenas media hora, la gran mayoría de asistentes se había esfumado. 

Plásticos y latas de cerveza vacías infestan el suelo de la Plaça del Àngel, frente al Macba, durante el botellón de este sábado.

/ Manu Mitru

Una vez disueltas las aglomeraciones de Sarrià, la Plaça del Àngels, delante del MACBA, se consolidó como el último gran botellón de Barcelona. Sobre las cuatro de la madrugada, centenares de personas de todas las edades seguían aglomeradas en esta céntrica plaza. En este espacio, sin embargo, apenas se apreciaba la presencia policial. Pero tampoco se respiraba la sensación de inseguridad que, en otras ocasiones, inundaba estas fiestas callejeras. Ya tocando a las cinco de la mañana, la aglomeración del MACBA se fue disolviendo de forma natural dejando a su paso un reguero de basura, papeleras desbordadas y un punzante olor a orina. Unas imágenes que, tristemente, ya vienen siendo habituales en los botellones 'de toda la vida'. 

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