LA FIESTA MAYOR DE BARCELONA

El Fort Pienc se transforma en una pequeña Habana en las fiestas de la Mercè

La Mercè de día sigue adelante casi en una realidad paralela, con una muy bien acogida programación cultural familiar repartida por toda la ciudad

El parque de la Estació del Nord, uno de los escenarios nuevos de esta edición, acoge música cubana, danza y un taller de gorras que es una fantasía

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Helena López
Helena López

Redactora

Especialista en movimientos sociales y vecinales

Escribe desde Barcelona

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Que todas las Barcelonas no caben en una sola fotografía o crónica es un lugar común -válido para la Mercè y para todos los días del año- al que es casi imposible no recurrir tras las escenas vividas la madrugada del sábado a los pies del MNAC. Imágenes que, reproducidas en los ‘smartphones’ de algunos de los asistentes al fiestón familiar en el parque de la Estació del Nord solo unas horas después en la misma ciudad, se antojaban casi una realidad paralela. Lo que se ha vivido este radiante sábado en el parque tras la algo sórdida estación de autobuses de la ciudad ha sido una bonita mezcla de música, danza y juegos protagonizada por personas de todas las edades; y este "todas las edades", aquí, no es una forma de hablar. Alegría casi, casi, prepandémica, facilitada por la prácticamente olvidada sensación de libertad que daba el hecho de que, aunque, como en todos los actos oficiales de la Mercè, era imprescindible el registro previo, la entrada al recinto permitía al visitante moverse libremente entre los distintos y variados espacios del agradable espacio. Un espacio donde se ha podido desde bailar en un taller de salsa -¡sí, escuchar música de forma colectiva y bailar, de pie!- hasta producir burbujas de jabón pedaleando una bicicleta.

Los contagiosos ritmos cubanos –en honor a La Habana, la que tenía que ser la ciudad invitada en la Mercè en el fatídico 2020- y un rabioso sol que bien podría ser caribeño han marcado la mañana del sábado en este parque del Fort Pienc, que se estrenaba como escenario del Mercè Arts al Carrer (MAC) en esta edición y que, vista la buena acogida, seguro repetirá (o debería).

Decenas de familias con niños y sin ellos agradecían la sombra en el escenario de la Espiral, uno de los mejor valorados del parque por ser casi un refugio climático gracias a sus tilos, donde se han programado espectáculos de danza contemporánea. También tenía un aire cosmopolita e inspirador, a escasos metros, el escenario situado literalmente debajo del puente de la calle de Sardenya (también con extra de sombra, muy de agradecer en pleno mediodía), donde, durante el día se proyectaron sugerentes videos con los que el asistente casi podía viajar a la La Habana sin levantarse de las pequeñas banquetas blancas de plástica repartidas por el espacio, y en el turno de noche –las entradas van por franjas horarias, mañana, tarde y noche- ha acogido un espectáculo de danza del mismo origen que era una de las grandes apuestas de esta edición del MAC.

Taller de gorras con material reciclado en el parque de la Estació del Nord, este sábado.

/ Jordi Otix

También invitaba a viajar a Cuba con la imaginación (esa forma de viajar tan característica en los tiempos pandémicos) al visitante una instalación de realidad virtual situada justo al lado del escenario del puente y muy cerca del de la Espiral, mientras al otro lado del parque, junto a la estación de autobuses, una larga cola esperaba para entrar al taller de gorras que, en esta ocasión, te teletransportaba a una peli de Tim Burton.

Reciclaje internacional

Una mujer vestida con un sombrero de cowboy hecho por ella misma, como todos los elementos de este mágico rincón, con envases de tetrabrick reciclados y un hombre con una espectacular gorra realizada del mismo modo invitaba a los pequeños, pese a no hablar catalán ni castellano, a hacerse su propia visera con la misma técnica. Viseras muy prácticas para protegerse del sol que caía este sábado, pero no hechas solo para salir del paso, sino dignas de pasarela. Cosidas con máquina de coser por la sonriente tallerista. Los chicos no salían del taller con el espectacular sombrero de la tallerista, ni con la gorra casi digna de ‘casquet volador’ de Doraemon de su pareja, pero las viseras ‘hand made’ de los chavales serán sin duda el lunes la envidia de muchos colegios.

Ambiente en el parque de la Estació del Nord, este sábado.

/ Jordi Otix

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Al lado del taller de gorras y también con cola, aunque menos, ya que el pública fluía por él más rápido, un atractivo montaje formado por una especie de enormes setas de colores en las que meter la cabeza y dejar bolar la imaginación hacia los mundos creados por su autora -quien daba la bienvenido a los visitantes- en su interior. Setas de colores por fuera, que por dentro esconden pura fantasía, casi más valorada por los padres que por las criaturas, quienes se divertían también trepando por la característica escultura de mosaico azul que se levanta en el centro del parque. 

El sano ambiente de fiesta mayor en la Estació del Nord descrito en esta crónica es casi idéntico al que se vivía en el mismo momento en la Ciutadella, uno de los escenarios clásicos de la Mercè. El de la Estació del Nord es uno de los nueve espacios de cinco distritos que acogen esta Mercè el MAC, programando más de 400 funciones de 115 compañías. La otra cara de una fiesta marcada por los macrobotellones nocturnos descontrolados.

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