Movilidad

El día sin coches en la ciudad de los coches

Barcelona, a punto de alcanzar el tráfico precovid y con la mayoría de peajes eliminados, se suma al grito mundial contra la circulación motorizada con tímidos cortes de calles

Un tramo de la calle Bailén cortada al tráfico para organizar una de las actividades propuestas en el día sin coches en Barcelona / Ferran Nadeu

4
Se lee en minutos
Carlos Márquez Daniel
Carlos Márquez Daniel

Periodista

Especialista en Movilidad, infraestructuras, política municipal, educación, medio ambiente, área metropolitana

Escribe desde Barcelona

ver +

La crónica del año 2000 decía así: "La imagen era idílica y bucólica, con niños jugando en la calle, gente en bicicleta y actividades demostrativas de que es más sano caminar que coger el coche". Han pasado 21 años y esta festividad del día sin automóviles se mantiene intacta, con eventos de todo tipo vinculados a la movilidad sostenible, con caídas simbólicas del tráfico, o ni eso, con los convencidos convenciéndose un poco más, con cortes simbólicos de calles (muchos menos que en años anteriores), con el grueso de la población viviendo fuera del perímetro del foro de debate. Y con la ciudad muy cerca de los valores de tráfico anteriores a la pandemia. Inevitable recordar el cielo azul y los pajarillos de las semanas de crudo confinamiento. Hoy era el día sin coches en la ciudad de los coches.

Tráfico en la Meridiana, a primera hora del día sin coches

/ Ferran Nadeu

El día sin coches, irónicamente, tiene su origen en la crisis del petróleo de principios de los años 70. Algunos países europeos, para tratar de ahorrar combustible, optaron por restringir la circulación del tráfico motorizado algunos domingos. Pero las estrecheces pasaron y volvió el libertinaje automovilístico. Hasta que en los años 80, ahora sí, organizaciones ecologistas empezaron a instaurar este día para reflexionar sobre el daño que causan los vehículos al medio ambiente. No se hablaba de la crisis climática, pero sí del agujero de la capa de ozono. Ya en los 90 se decidió consagrar el 22 de septiembre a la causa. Y así ha sido desde entonces, con muchas ciudades de occidente cortando calles y organizando actos vinculados a la sostenibilidad. Eso es lo que ha sucedido este miércoles en la capital catalana, una vez más, con eventos en todos los distritos con participación, sobre todo, de escuelas y entidades.

Datos raros

Hay un dato que juega a favor de la onomástica: la cifra de coches censados en Barcelona es la más baja de las últimas décadas. El número de automóviles tocó techo en 2005, en plena efervescencia económica (basada en un crecimiento que reventaría pocos años después) con un total de 617.291 unidades. En 2020, último disponible, eran 479.215, un 26% menos. Pero son datos con sorpresa, porque según donde se consulte de la misma web municipal de estadística, existe un baile de 100.000 coches menos a partir de 2016. "Un cambio en el método de cálculo", precisan fuentes municipales. Modificación, sin embargo, que solo se ha aplicado al último lustro y que puede llevar o a conclusiones equivocadas o a sospechas seguramente infundadas. En cualquier caso, datos algo sesgados.

"Con la pandemia se abrió una ventana para reducir el tráfico, pero ahora ya está casi cerrada"

Pero sean más o menos los coches 'residentes' en la ciudad, el caso es que la circulación se acerca peligrosamente a los valores anteriores al covid. Estamos solo un 7% por debajo de febrero de 2020, mientras que el transporte público todavía debe escalar un 25% para recuperar el pasaje perdido por culpa de la pandemia. Guille López, portavoz de Eixample Respira, contempla la postal con pesimismo. Es de los que creen que el día sin coches es una pantomima, una jornada "que no sirve de nada y que traiciona a su propio nombre". Porque se ha celebrado en plena escalada de la movilidad privada y apenas se ha notado diferencia en las calles, y porque tiene muy fresca la imagen de la Barcelona de los primeros meses de convivencia con coronavirus. "Se abrió una ventana de oportunidad que ahora ya está prácticamente cerrada. Todos quedamos prendados de aquella ciudad silenciosa, sin coches, pero volvemos a estar igual que antes".

Versión municipal

Noticias relacionadas

No lo ven tan crudo en el consistorio, que enmarcan este día en una política municipal de movilidad sostenible que ya forma parte del ADN del gobierno local. "El compromiso con la sostenibilidad -reza un portavoz- y la reducción de la contaminación se han convertido ya en una política estructural del ayuntamiento que no se circunscribe a la celebración de un día concreto del año, sino que ya forma parte de las políticas de la ciudad". Esta voz pone como ejemplos la pacificación de calles, las supermanzanas o el proyecto 'Obrim carrers' (cierre de calles en fin de semana) que, por cierto, vuelve a dejar fuera Via Laietana o Aragó, que sí estaban incluidos en el origen del plan, justo antes de la pandemia.

Eixample Respira agradece el esfuerzo, pero lo considera completamente insuficiente. En cantidad y en calidad. "Las medidas aprobadas avanzan muy despacio, y siempre a remolque". López reclama más celeridad y más iniciativa, lo que en términos políticos se resumiría en el concepto de valentía. Recuerda, además, que la liberación de los peajes tendrá, si no tiene ya, una incidencia "muy negativa" en Barcelona, puesto que ahora hay más incentivos para venir a la gran ciudad en vehículo privado. La zona de bajas emisiones, por ejemplo, denuncia este activista, no se ha demostrado por ahora eficaz en la reducción de coches. A todo ello hay que sumar el nuevo baremo que la OMS quiere establecer en materia de niveles de contaminación. Han recalculado a la baja para que una metrópolis sea aceptable, y la capital catalana se queda a años luz, por encima, del límite máximo. En el día sin coches y en los días con coches.