23 oct 2020

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BARCELONEANDO

Abre en Barcelona una tienda de Willy Wonka con caramelos eternos

Hoy se inaugura en las Galeries Maldà la Woncandy Shop. Vende las sodas que hacen volar y las tabletas con tíquets dorados de 'Charlie y la fábrica de chocolate'

Ana Sánchez

Clones de Willy Wonka y de una de las niñas de ’Charlie y la fábrica de chocolate’,  ayer, en la Woncandy Shop, en las Maldà. A la derecha, la empleada de la tienda enseña la soda voladora. 

Clones de Willy Wonka y de una de las niñas de ’Charlie y la fábrica de chocolate’,  ayer, en la Woncandy Shop, en las Maldà. A la derecha, la empleada de la tienda enseña la soda voladora.  / MARTÍ FRADERA

Tardas más en volver en ti que Fernando Simón con barra libre de almendras. «Será mejor que te ates antes de bebértela», te advierten al coger una botella de la estantería de la tienda. Fizzy Lifting Drink, se lee en la etiqueta. ¿Una soda que te hace volar? Si se teclea en Google, aparecerán un niño y un abuelete flotando entre pompas de jabón después de un solo trago. «Hay que saber eructar», te indican con tono de normativa de seguridad. Así es como el abuelete y el niño consiguen volver a pisar tierra firme.

Es uno de los inventos azucarados de Willy Wonka, el de Charlie y la fábrica de chocolate. Ese ser estrambótico con sombrero de copa y más querencia por los chuches que Rajoy. Desde que lo creó el británico Roald Dahl, le han puesto cara Gene Wilder (1971) y Johnny Depp (2005). Este viernes se oteará su sombrero de copa por las Galeries Maldà de Barcelona. 

La soda voladora no es el único experimento peliculero que se ve a la redonda. Hay decenas de tabletas de chocolate con las que ganar tíquets dorados para visitar la fábrica de Wonka. Incluso caramelos eternos, eso garantiza el envoltorio: los «everlasting» Gobstopper. Se supone que puedes relamerlos durante el resto de tu vida, como si fueras un político chupando del bote.

«Everlasting» Gobstopper: caramelos eternos, garantiza el envoltorio. / MARTÍ FRADERA

Woncandy Shop. «Es la primera tienda inspirada en el mundo de Willy Wonka de España», saca pecho su ideólogo, Rubén Sánchez, fundador de Reino de Juguetes. Fue quien empezó a abrir hace tres años locales temáticos en las Maldà (Portaferrissa, 22), ese «triángulo mágico» —así lo llaman ya— en el que uno se puede topar con más criaturas fantásticas que en los armarios de Poltergeist

Una veintena de tiendas temáticas

El de Wonka será el noveno local de ficción que abre Reino de Juguetes. En total,  campan por los pasillos 18 tiendas temáticas. Es decir, que se pueden encontrar varitas, espadas láser, bolsos con oüija y hasta semillas de mandrágora sin tirar de expedientes X.

 ¿Por qué Willy Wonka? Rubén señala el local de enfrente: el Super Friki Market, «supermercado mágico», informa su logo con carrito y capa. Aquí se vendían hasta ahora las chocolatinas con el tíquet dorado, entre botellas del licor de fuego valyrio de Juego de tronos y el espumoso Purpurino con brilli-brilli de La Vecina Rubia. El chocolate de Wonka ha sido durante año y medio el producto best-seller. «Se han vendido miles, miles de tabletas», resopla Rubén. 

Tabletas de Wonka en versión moderna y clásica. / MARTÍ FRADERA

La nueva tienda añadirá más de 150 chocolatinas temáticas (de Stranger things Alf),  además de la decena de versiones que ya hay de la de Wonka (hasta japonesas). Todas las tabletas tienen sorpresa bajo el envoltorio: la de Úrsula, por ejemplo, la villana de La sirenita, incluye el contrato para robarle la voz a Ariel. La de Íñigo Montoya, el espadachín vengativo de La princesa prometida, enseña cómo dar su estoque de cine.  

Todas las tabletas están premiadas

La inauguración es hoy, a las 11 de la mañana. Habrá visita ilustre de un clon de Willy Wonka y de una de las niñas repelentes que visita la fábrica en las películas. Es una tienda pequeñita, inspirada en la que le vende la tableta premiada a Charlie, el niño protagonista. En el mundo real tienes tantas posibilidades de encontrar un tíquet dorado como un cocodrilo en el Pisuerga. «Aquí todas las chocolatinas están premiadas», garantiza Rubén. Lo difícil es localizar la fábrica donde presentar el boleto el 1 de octubre a las 10 en punto, según dictan las instrucciones. 

El Willy Wonka de la Woncandy Shop, con uno de los tíquets dorados que esconden sus tabletas. / MARTÍ FRADERA

Aparte de los productos oficiales marca Wonka, se ven golosinas que no desentonarían en la fábrica de ciencia ficción. Más de 200 tipos diferentes, calcula el dueño. Hay caramelos con regusto a dónut y a tarta de quesomuñecos gigantes de galleta para tunear con sirope comestible y juegos con los que engullir sin querer grageas con sabor a leche podrida o calcetines apestosos. 

Por cierto, el caramelo infinito sobrevive apenas tres minutos y medio en la boca de un mortal, aunque hace el paripé peliculero: va cambiando de color y sabor. No se recomienda comprobar cuántas botellas de soda voladora hacen falta para echar a flotar. Hay quien ya lo ha calculado por Youtube: «10,5 millones».

Un bosque de hadas

Así, a simple vista, solo se echan de menos los oompa loompas, esos miniempleados de la fábrica de Wonka de pelo verde y piel tan anaranjada como Trump (según la película original). «De momento», adelanta Rubén. «Vendrán muchas cosas».

Queda por delante otra inauguración para finales de agosto: se traslada de local el Costurero Real, tienda de moda y bisutería artesana de cuento de hadas. Precisamente es lo que están montando en el nuevo espacio: un bosque de hadas, con árbol gigante incluido, adelanta María Ángeles Guisado, Alassie en el mundillo. 

Hoy terminarán de reabrirse todas las tiendas temáticas que cerró el coronavirus. La pandemia se ha llevado tres por delante. El resto se ha ido adaptando a los tiempos poscovid. Eso significa que, en caso de rebrote, aquí tienes garantizado que la Fuerza te acompañe. Ya se venden mascarillas hasta con el logo del imperio galáctico de Star wars