24 feb 2020

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Con mucho gusto

Bocadillos de exquisitez

Granja Elena ofrece algunos de los mejores y más novedosos bocatas

Miquel Sen

Carmen Bosch, en la cocina de Granja Elena, con sus variados bocadillos.

Carmen Bosch, en la cocina de Granja Elena, con sus variados bocadillos. / Jorge Gil

Un bocata es una cosa muy seria. Tanto que genera concursos espectaculares sobre cuál es el mejor, intentando acabar con ciertos mazacotes que quieren pasar por tales. Alguno de ellos parece estar proyectado para que tengamos que consultar rápidamente a Marie Kondo porque, al primer mordisco, sus infinitos pisos se estremecen en un desorden que hace temer lo peor, es decir, la necesidad inmediata de buscar una tintorería que nos libre de las huellas de lo caído sobre nuestras ropas.

En otros casos el pan encierra una colección de ingredientes grasientos que recuerdan la célebre cita de Groucho Marx, definitoria de los artilugios de una de las cadenas más conocidas: "Nos dan más por nuestro cochino dinero". Por último, quedan los de masa tan apretada, con una miga que asegura difícil paso en boca. Entre estos, y lamento molestar a los aficionados, tengo el de calamares en mi visor. 

En Granja Elena (paseo de la Zona Franca, 228) se lo han montado de bocata exquisito. A lo largo de los muchos años que llevan repartiendo estas bendiciones que duran hasta las 10 de la mañana, ha conseguido aunar la cocina de Borja Sierra y la práctica bocadillera de Carmen Bosch, una dama a la que los hambrientos de primera hora le debemos todo. Al margen de las barritas de embutidos con pedigrí, o con una suma de foie, brie y cebolla caramelizada, hay más, pues llevan la delicadeza a integrar sobre el pan de coca la alta cocina de barrio, frase que me he inventado para definir a Granja Elena.

Carrillera con guijuelo

Al extremo de presentarnos una carrillera de ternera, en su salsa justa con queso cheddar. Es un bocado finísimo, delicado, adjetivo que podemos aplicar a la coca de aceite con frankfurt, pastrani y queso brie, más proteica que calórica. A estas alturas, ya habremos descubierto que la carrillera iba acompañada de un Guijuelo magnífico, antesala de mi preferido, mágica unión de la carne de cochinillo asado, apoyada en un queso scamorza ahumado, todo ello aderezado de una confitura de aceitunas kalamata. Tras él, solo nos queda despertarnos en el paraíso, donde hasta el pobre es feliz. Lo dijo Confucio, y eso que no probó los bocatas de Carmen. 

Clímax 2016, un cava sin aditivos a 24€

La concepción de cómo deben ser los vinos que tienen en esta bodega de Avinyonet del Penedès es peculiar. En el caso de este cava, del que solo se elaboran 3.500 botellas numeradas, los enólogos han elegido viñas con nombre propio plantadas hace 38 y 20 años. Todas con rendimientos bajos. La primera fermentación la realizan sin añadirle levaduras, cada variedad por separado. Tras el ensamblaje, generan la segunda fermentación en botella dejándolas en reposo un mínimo de 30 meses. No utilizan licor de expedición, manteniendo los criterios exigidos por la Certificación Ecológica. El resultado es un brut que escapa a las definiciones más clásicas. Tiene aromas muy de secano que muestran su origen en El Garraf.