22 feb 2020

Ir a contenido

JÓVENES QUE ROMPEN ESTEREOTIPOS

"Solo queremos encontrar una salida para Didi, para nuestro amigo"

Tres chicas de la acampada de Universitat se vuelcan con un joven sin hogar que conocieron en la plaza

Clara, Martina y Xènia buscan ayuda para sacar de la exclusión a Didi, de su misma edad, pero sin nada

Helena López

Martina, Xènia, Manu y Clara, en plaza de la Universitat.

Martina, Xènia, Manu y Clara, en plaza de la Universitat. / MANU MITRU

La evidente química entre Clara, Xènia, Martina y Didi es la propia entre cuatro jóvenes que acaban de cumplir 20 años y tienen hambre de vida. "Somos amigos", se presentan. Cómo se miran y sonríen no deja lugar a dudas. Lo son. Se conocieron en la acampada de la plaza de la Universitat. "El caso de Didi no era ninguna excepción. Entraba en la dinámica de la acampada. Cuando una tienda quedaba libre porque alguien decidía marcharse, se cedía a jóvenes que duermen en la calle y que se acercaron a nosotros", reivindica Martina, estudiante de Derecho de 20 años a quien lo que más le preocupaba cuando la policía desalojó la protesta era qué iba a pasar con su amigo. Los universos de Clara, Xènia y Martina y el de Didi no pueden ser más distintos, pero estas se niegan a naturalizar la injusticia. "Luchar por una ciudad en la que no haya chavales durmiendo en la calle era también un objetivo de la acampada, que iba mucho más allá de la sentencia", prosigue la joven mientras Didi la mira con sus ojazos que bien podría pasar por el protagonista de la última de Netflix.

Didi nació en Rumanía hace 22 años. Llegó a Catalunya hace cinco con su familia y se instalaron en Tarragona. Hace dos que vive solo en Barcelona. En la calle. Sin documentación. Sin móvil. Sin nada. "Le dimos un teléfono que teníamos nosotras que ya no usábamos, pero lo perdió. ¡Claro que lo perdió! ¿Cómo no va a perderlo? Él no está acostumbrado a tener nada. Duerme cada noche en un sitio distinto", señala Clara con una lucidez y una empatía aplastantes. Un bofetón al adulcentrismo. "No podemos interpretar su realidad con nuestros esquemas. Él es muy responsable, nos lo ha demostrado, pero cómo alguien pretende que vaya solo a una reunión a una hora concreta en la otra punta de la ciudad si no tiene ni reloj?", reflexiona esta chica de 20 años estudiante de Administración y Dirección de Empresas dinamitando prejuicios.

Retrato de Didi, joven de 22 años de origen rumano que vive en la calle. / MANU MITRU

Xènia también tiene 20 años y ha estudiado Integración Social. "Didi necesita atención médica. Cuando llegó a la acampada salía por las noches de la tienda y hablaba solo. Desde que se unió a nosotras y se sintió apoyado y arropado está mucho mejor, pero necesita ayuda profesional. Médica. Necesitamos saber qué tiene exactamente y que le ayuden", insiste la joven.

Buscando esa ayuda -esa y toda la que puedan encontrar- llevan desde el 20 de noviembre, cuando la policía desmanteló la acampada. Han ido a Càritas -entidad para la que solo tienen buenas palabras y en la que han conseguido ya hora para una reunión con una profesional-, a los Mossos d’Esquadra y al consulado de Rumanía. "Comer y cenar, puede hacerlo con nosotros, por eso no hay problema, pero queremos una solución de fondo. Que pueda orientar su vida. No puede ser que todo el mundo se lave las manos", explican estas tres amigas sentadas en la terraza de un bar del Raval. Didi las escucha y sonríe mientras se le enfría el café con leche. No está acostumbrado a vivir este tipo de situaciones. Los cuatro visten con chaqueta de chándal. Físicamente a Didi solo le diferencia de sus amigas alguna marca en la cara, huella visible de la dureza de la vida en la calle.

"No somos hermanitas de la caridad"

"Nuestras madres están a tope ayudándonos en intentar buscar salidas para Didi -señala Clara-; la mía nos acompañó a los Mossos, pero todas nos preguntan cómo está y se interesan". Xènia apunta que al principio la suya si se mostró reticente, pero que al irle conociendo cambió su visión. La joven insiste también en que su intención no es ser las hermanitas de la caridad de nadie. "Didi es nuestro amigo y le queremos ayudar, pero todo, todo lo que hacemos lo hablamos antes con él y él toma sus decisiones. Ahora todavía sí le acompañamos a todos lados porque él no tiene una disciplina ni móvil ni reloj ni sabe dónde dormir, pero lo que queremos es que pueda entrar en algún sitio en el que le ayuden y que él pueda ser autónomo", concluyen antes de fundirse en un abrazo. 

Más allá del caso concreto

Según el informe '¿Quién duerme en la calle en Barcelona?', elaborado por el ayuntamiento este año por primera vez, las 2.452 personas que durante el 2018 durmieron en algún momento en la calle supone un incremento acumulado de un 72% en una década. De un 45,3% si se toman solo las cifras de un día concreto. El crecimiento más destacado es el de hombres extranjeros de nacionalidad comunitaria, que han pasado de 343 en el 2008 a 933 en el 2018. Entre ellos, el país de origen más común es Rumanía (438). 

Desde el 2016, los chicos entres 18 y 25 que duermen en la calle han pasado de 65 a 153. Y el mismo estudio destaca también que la presencia cada vez más relevante de jóvenes entre la población sin hogar de Barcelona se hace notar aún con más intensidad en los equipamientos residenciales. Mientras en el 2015 en los centros de día se atendió a 248 personas de entre 18 y 25 años, en el 2018 fueron 869 (y no fueron más porque no había más plazas).