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Reacción a las nuevas ordenanzas fiscales

Las terrazas anuncian precios más caros si Colau sube las tasas

El próximo pleno somete a debate un aumento del tributo por la ocupación de la vía pública

En algunas zonas de la ciudad, el impuesto multiplica por más de cuatro el importe actual

Natàlia Farré

Terrazas en el tramo central de las Ramblas de Barcelona.

Terrazas en el tramo central de las Ramblas de Barcelona. / MARTÍ FRADERA

Los restauradores con terraza y el ayuntamiento son un binomio mal avenido. Largo fue el parto de la normativa sobre el tema aprobada en el 2018, que no se hizo sin antes vivir una fuerte tensión entre ambos. El actual anuncio de una subida de las tasas contemplada en las nuevas ordenanzas fiscales ha vuelto a enfrentar posiciones. El consistorio argumenta que ocupar el espacio público tiene un precio y que este, en Barcelona, es bajo comparado con otros municipios, amén de que la tasa lleva años congelada. El gremio de restauradores tilda la medida de "elitista". "¿Quién se puede permitir pagar 4 euros por el café de media mañana? La restauración de barrio perderá el cliente de toda la vida", se pregunta su director, Roger Pallarols. Y los profesionales del sector afirman no estar en contra de pagar por ocupar la vía, todo lo contrario, pero se sienten especialmente castigados por el ayuntamiento  que, aseguran, no les ayuda en nada. "Solo nos pone palos en las ruedas". Palabra de Mireia Torralba, del histórico Amaya.

"¿Quién se puede permitir pagar 4 euros  por el café de media mañana? Vamos a  perder al cliente de barrio"

"Para este consistorio si eres empresario, eres un monstruo; si eres empresario restaurador, eres un monstruo muy malo; si eres empresario restaurador con terraza, eres lo peor; y si eres empresario restaurador con terraza en la Rambla, eres el mismo demonio", se queja Torralba. Motivos tiene, la parte baja de la Rambla debería multiplicar por 4,76 lo que paga en la actualidad, si las nuevas ordenanzas son aprobadas provisionalmente en el pleno del viernes y validadas en diciembre. "¿Nos hemos vuelto locos? ¿Cómo pueden planteárselo con la crisis actual y la reforma del paseo que nunca llega pero cuando llegue nos hará sufrir por las obras?", se lamenta antes de enumerar los problemas que vive esa zona, mucho más solitaria que la parte superior del bulevar y con una "sensación de inseguridad importante". Reclama más policía para erradicar el miedo que aleja por las noches al público y sentencia: "Si quieren que toda la Rambla pague lo mismo, como mínimo deberían ponernos los mismos servicios en la parte de abajo". Con las nuevas tasas, emplazamientos como el del Amaya o los de la plaza Reial se asimilan al tributo que paga paseo de Gràcia o la parte de la Rambla más próxima a plaza de Catalunya, el más alto. 

En la avenida de Mistral ya han pasado por el calvario de la renovación con la supermanzana de Sant Antoni: "Pagar sí, ¿pero cuatro veces más después de 10 meses de obras?", cuestiona Cristina Rosich, segunda generación de la pastelería y heladería Bonastre. En su caso, la tasa se multiplica por 3,13, lo que supone mucho dinero para un negocio con 12 mesas en invierno y 24 en verano, y para un establecimiento que no vive del turismo, sino del barrio. "Me afecta y mucho". ¿Inasumible? "De alguna manera repercutirá en el cliente". Opción que contemplan todos. No así la alternativa de rebajar la calidad de la materia, descartada al unísono también por todos.

Recortes de personal

"Si se vuelve insostenible, tendré que despedir a alguien", lamenta Dani Gil, propietario de Rekons, uno de los locales más populares de Sant Antoni. "Recibimos por todos lados, cuando no es una cosa es otra, el ayuntamiento siempre encuentra una excusa para multarnos, son de un afán recaudatorio imparable", explica después de explicar que fue amonestado por una estufa que rebasaba pocos centímetros el perímetro. Las críticas contra las multas también arrecian en el paseo de Joan de Borbó. Albert Enrich, uno de los propietarios de La Mar Salada, deplora las sanciones recibidas en la zona ya sea por tener cubiteras en las terrazas o por respetar el aforo y el espacio pero no el tipo de mesa, aunque entiende la tasa: "Ocupar la vía pública implica un precio pero este no debería impedir la actividad, tendría que ser coherente y sostenible". 

"Ocupar la calle implica un precio, pero este no debería impedir la actividad, tendría que ser coherente»

En la plaza Iberia de Sants, en Can Violí, Pep Bielsa es más que comprensible con el tributo: "La ocupación del espacio público en Barcelona era muy barata, yo soy de los que piensan que la calle es para los vecinos y de los que ven demasiados prohibido jugar a la pelota", apunta, pero no por ello está contento: "Entre las cargas fiscales y la seguridad social vamos muy apretados, pero criticar la tasa me parece demasiado fácil, lo que debería hacer la administración es regular los traspasos y los alquileres", concluye.