Iniciativa de transformación social a través de la memoria

Las mujeres de Verdum reivindican su historia

Piden dedicar espacios hoy sin nombre a vecinas que marcaron la vida del barrio, de la educadora Luisa Alba a la comadrona y 'dona del 36' Trinidad Gallego

Colocarán una placa para recordar los desaparecidos lavaderos de las Viviendas del Gobernador, desde los que mujeres anómimas sostuvieron a la comunidad

Puy, Mari Carmen y Yoyi en las Viviendas del Gobernador.

Puy, Mari Carmen y Yoyi en las Viviendas del Gobernador. / RICARD CUGAT

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Trinidad Gallego era la nieta de la portera de un edificio en el adinerado barrio de Salamanca. Nacida en el Madrid de 1913 y de profesión comadrona, ejerció como enfermera del bando republicano durante la guerra civil. Comunista militante, tras la victoria franquista pasó por un sinfín de cárceles españolas hasta que en 1949, con 36 años, empezó de cero en Barcelona. Al poco tiempo en la ciudad se puso a trabajar como ayudante del practicante -lo más parecido a un médico que atendía a los vecinos de Verdum en aquel entonces- de las recién levantadas Viviendas del Gobernador. "Ayudó a muchísimas mujeres que vivían en condiciones muy precarias", señala Aurora Álvarez. Miembro activo de la asociación de vecinos, Yoyi, como medio Nou Barris conoce a Aurora, es una de las impulsoras del proyecto de recuperación -y reivindicación- de la memoria del barrio. 

Una de las fundadoras de la asociación Dones del 36, Gallego, fallecida en noviembre del 2011, es una de la larga lista de mujeres vinculadas al pequeño Verdum que sus herederas, entre ellas Yoyi, Puy Santander o Mari Carmen Murcia -también miembros activos de la asociación de vecinos- quieren reivindicar. Mujeres, algunas, protagonistas de vidas de novela, como Trinidad Gallego, y otras, la gran mayoría, completamente anónimas, pero cuyo trabajo y cuidados sostuvo al barrio. Mujeres como las que se reunían en los lavaderos comunitarios de las mismas Viviendas del Gobernador, que fueron eliminados con la reforma de los bloques, pero perviven en la memoria las mujeres de Verdum, al menos de las mayores, que hoy los recuerdan. "Durante décadas fueron el epicentro de la vida comunitaria. Los pisos, construidos de cualquier manera para acoger a los barraquistas por el Congreso Eucarístico, eran muy pequeños. El lavadero era el espacio en el que las mujeres socializaban, un bien inmaterial del barrio. Forma parte de nuestro patrimonio, de nuestra historia", relata Mari Carmen. 

Trinidad Gallego, en una imagen del 2006. / JOAN CORTADELLAS

"Las Viviendas del Gobernador son muy significativas de lo que es el barrio y de lo que fue. Cómo se construyeron los bloques, a principios de los 50, a toda prisa y con materiales de pésima calidad, puro barraquismo vertical [cuentan que las paredes era tan finas que las empezaron a llamar 'las casas de papel']. Cómo llegaron sus vecinos y cómo vivieron... -cuentan las vecinas-; pese a lo precario de las casas, en aquel momento había una cohesión que se ha perdido". "La convivencia nos preocupa por encima de todo y creemos que trabajar la memoria es también una forma de trabajar la cohesión", explica Yoyi, quien cuestiona mucho la manera en la que se diseñó el espacio público entre los bloques durante su peleada reforma, a principios de los años 90 del siglo pasado. "No facilita la vida comunitaria. Es necesario repensar el espacio público para hacerlo más habitable. Que invite a pasar, a sentarse, a jugar…", apunta.

Las casas de papel

También en el año 2011, pocos meses antes que Trinidad Gallego, fallecía Luisa Alba, quien en los duros años 80 -la heroína golpeó duró en estos barrios- tuvo un papel clave como educadora de calle. Una de las almas de la Fundació Pare Manel, a la que las mujeres de Verdum también reivindican. "Pedimos al distrito que la pequeña plaza que hay justo delante de la fundación, en las Viviendas del Gobernador, un espacio ahora sin nombre, lleve el de Luisa Alba", señala Puy justo antes de pasar por el lugar: "Aquí; esta plaza". Llamarlo plaza es bastante generoso. Es un espacio de cemento poco amable (ponerle nombre quiere ser un primer paso para darle vida). "Este está claro, porque es muy ella, por la fundación, pero tenemos más nombres de más mujeres para el resto de espacios sin nombre", prosiguen mientres recorren el barrio.

Una de ellas es -"sin duda", enfatizan- Teresa Salvador, fallecida en el 2014. "Gracias a la lucha de mujeres como Teresa Salvador tiraron las barracas verticales que había y construyeron pisos en condiciones", recuerda Yoyi. La religiosa participó también activamente en las movilizaciones para pedir el cubrimiento de la Ronda de Dalt "e introdujo el básquet en el colegio", subraya Mari Carmen, quien pone también sobre la mesa los nombres de Juana Lobo, Mercè Sunyol y Maria Antònia Canals, todas ellas maestras.

Los desaparecidos lavaderos / ARXIU HISTÒRIC DE ROQUETES NOU BARRIS

Juana Lobo y Mercè Sunyol trabajaron en la escuela de adultos Freire, desde la que tejieron una gran complicidad con sus alumnos, los vecinos. Mercè Sunyol creó junto a Rafa Juncadella la Xarxa d'Intercanvi de Coneixements de Nou Barris; Maria Antònia Canals fue la primera directora -alma y motor- de la escuela Ton i Guida, cuyo nombre, la traducción al catalán de Hansel y Gretel, refleja el espíritu del centro, cuyo objetivo era acercar la educación a todos los niños de la zona. Siguiendo los planteamientos pedagógicos de las escuelas Montessori, el equipo liderado por Maria Antònia Canals renovó la aciaga pedagogía que hasta el momento habían recibido los niños de Verdum y Roquetes.

"¡Ya era hora!"

Los nombres de todas esas mujeres sonarán el próximo miércoles 25 de septiembre en el paseo titulado 'Verdum, històries de dones', organizada por la asociación de vecinos y el Arxiu Històric de Roquetes Nou Barris, durante el que inaugurarán la placa que ellos mismos han elaborado en recuerdo de los desaparecidos lavadores. La colocarán en el lugar en el que estaban, junto al actual local de la asociación de vecinos. Para preparar la ruta guiada, Mari Carmen organizó una tertulia a la que invitó a vecinas que vívían en los bloques cuando aún funcionaban los lavaderos. "Una mujer de 92 años me dijo que ya era hora que hiciéremos algo así. Fue muy emocionante. Una tarde estupenda. La placa es un homenaje a ellas, las que lavaban allí. Allí tenían sus convenciones. Se hablaba de todo. En los bloques no había agua corriente. Aquel era un espacio en el que se respiraba solidaridad,  ese tipo de vida en la calle que queremos recuperar", señala la mujer, quien añade orgullosa que lograron contactar con la última mujer encargada de cerrar los lavaderos. La que guardaba las llaves.

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El objetivo ahora de Mari Carmen es encontrar a la niña que aparece mirando a cámara en una de las pocas fotos que se conservan del lugar. La que se reproduce en la placa (y acompaña a este texto). "Son mujeres cada vez mayores -alerta-; si no recuperamos ahora su historia, sus testimonios, se perderán". 

Como no ocultan que miran al pasado para mejorar el presente y, qué caray, el futuro, la ruta no terminará allí. Quieren -y piden- también que las administraciones den vida al enorme local ahora tapiado al lado del de la asociación de vecinos, que el ayuntamiento ha comprado a la Generalitat (a petición del vecindario organizado). "Queremos que sea un espacio de salud comunitaria. Hace mucha falta. El CAP de referencia está en 'la Prospe', muy lejos, y en el barrio hay mucho embarazo juvenil. Sería importante disponer de un espacio para trabajarlo", concluye Yoyi.