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Con mucho gusto

El magnífico tío horchatero

La bebida de chufa calma la sed y marca carácter en el barrio donde se asienta

Miquel Sen

Teresa Moreno, propietaria de la horchatería El Tío Che, en la Rambla del Poblenou.

Teresa Moreno, propietaria de la horchatería El Tío Che, en la Rambla del Poblenou. / Carlos Montañés

La horchata es una de las más sutiles argucias que se han creado para calmar la sed. Un regate al calor que marca de inmediato el deseo de beber otro vaso. Es el más glorioso placer palatal cuando el calor aprieta y al mismo tiempo el gran incitador a seguir consumiendo un líquido que, al margen del diccionario, solo está hecho con chufas, alias un tubérculo de la planta Cyperus Esculentus. Aunque durante siglos se haya conocido por este nombre a cualquier cosa, incluso al agua de cebada, es bueno recordar que el invento data del siglo XVIII, según una cita del libro 'Alcaldes de Casa y Corte', en el que se lee que el señor Vicente Casanova tiene licencia para vender en casas y portales horchata de chufa. 

Este refresco es cosa valenciana, y catalana desde hace algo más de cien años, cuando los turroneros deciden dar permanencia a su negocio en verano cambiando sólido por líquido. Porque esta bebida seria, de imposible descripción, está ligada a una tradición anclada en una forma de vivir en la calle, aprovechando la sombra de las Ramblas, luchando contra el calor mediante un trago que causa adicción. 

Es decir, un barrio de verdad no lo es sino tiene una horchatería como dios manda, con sus fieles puestos a defenderla de las muchas amenazas de los poderes locales, siempre dispuestos a enmendar una terraza o a liquidar un 'ninot' que forma parte del paisaje de nuestra memoria. Resulta así que los barceloneses, los que no lo son, o lo son por un día, acaban, siendo fieles a una parroquia.

En el Poblenou

En mi caso la pasión, me hace hincha de El Tío Che, la horchatería de Poblenou que ha resistido a todo, bombardeos incluidos, sobreviviendo a los duros años de las sucias playas de Poblenou, a la remodelación del barrio olímpico y al imperio del recién llegado de color gamba. Un milagro que tiene su continuadora en Teresa Moreno, con un pedigrí marcado por un elixir de elaboración propia que deja en aguachirle otras bobadas que se sirven con el mismo nombre. Sentarse en su terraza y pedir una horchata con 'fartons' es una forma de entrar en el paraíso, que ya sabemos que es gloria breve.

Viña Salceda, un buen verdejo a 5,95 euros

Como no hay verano sin verdejo, es cuestión de beberlo bueno gracias a una bodega que celebra su 50 aniversario. Bajo la etiqueta de Viña Salceda nos encontramos ante un blanco muy bien definido por el enólogo César Muñoz: vino intenso y muy aromático. Agradables notas herbáceas en boca con buen equilibrio entre fruta y acidez.

 Es el resultado de un trabajo técnico matizando en todos sus factores, comenzando por la ligera maceración en la prensa y un desfangado medio que acentúa los aromas varietales de los mostos. El aroma a verdejo es algo que siempre queremos reconocer cuando probamos un vino de esta variedad. El contacto con las lías, tras la fermentación a baja temperatura, acentúa la sedosidad y el equilibrio de cada sorbo.